domingo, 14 de agosto de 2016

Miel San Marcos: Una emboscada de amor


Como en el cielo. Una gloria mayor para México / 14 y 15 de agosto, 2016 / 
Dos funciones / 3:45 hrs. de duración / Promotor: Humberto Reyes.

Fernando Figueroa
En este festejo de alabanza y adoración, la mitad del espectáculo se genera en el escenario y la otra parte en las butacas, donde casi diez mil personas muestran un ánimo desbordado. No es común que tanta gente cante, baile y brinque durante más de tres horas y media, con apenas algunos remansos en los que el involucramiento del público es igual de intenso.
El grupo musical que anima la sesión está comandado por los hermanos Josh y Luis Morales hijo, jóvenes guatemaltecos que pertenecen a la iglesia cristiana Tabernáculo de Avivamiento Miel San Marcos. El padre de ambos, Luis Morales, es el líder de la congregación y encargado de dar la bienvenida a los asistentes. Cuenta que su madre se suicidó y él tuvo que ir a un orfanatorio. Al paso de los años, conoció a la que ahora es su esposa, quien lo evangelizó y le dio cuatro vástagos, formando así la familia con la que siempre soñó. Afirma que “Dios es padre de huérfanos”, y él, con su 1.53 metros de estatura, un ejemplo vivo de ello. Predice que México se convertirá en semillero de adoradores que difundirán la palabra del Señor por todos los continentes, y agrega que nuestro país “tal vez se quede corto en deportes —se refiera a la escasez de medallas en los Juegos Olímpicos de Río 2016—, pero está muy alto en alabanza”.
El pastor Menny Escobar advierte que lo de hoy no es un concierto sino “una noche de gloria mayor en la que bajamos los nombres de nuestros ministerios para alabar al que está en el trono por los siglos de los siglos”. Más adelante, cuando la reunión casi termina, Escobar señala: “Que nadie salga de aquí igual que como entró. Esto ha sido una emboscada de amor del cielo hacia ti”. Recuerda su juventud en Cananea, Sonora, involucrado en asuntos de drogas y perdido emocionalmente. Se asume como un hijo pródigo y sugiere: “Arrepiéntete, porque el reino de los cielos está cerca”.
Lo que ha dado en llamarse góspel latino es el combustible que aviva la reunión, con un grupo afianzado en el pop pero que a ratos coquetea con el pop rock y la balada. Josh y Luis cantan la mayoría de los temas, pero hoy tienen a un invitado que le inyecta algo de funk a sus intervenciones; se trata del pastor Marcos Brunet, originario de Río de Janeiro y radicado en Argentina.
Brunet también es un destacado orador que sabe hablarle al oído a todos los que esta noche glorifican a Dios. Pide unidad y afirma que “los niños no saben cuál es la diferencia entre un bautista y un pentecostal, así que, por favor, jamás se la digan”. Habla de los peligros de la tecnología, que tiene “abobados” a muchos seres humanos, alejándolos de lo realmente importante.
El brasileño dice que predicar la palabra de Dios en varios países conlleva el sacrificio de alejarse de la familia. Relata que alguna vez canceló una presentación porque su hijo pequeño le pidió que se quedara con él. Luego agrega: “No hay que olvidar que a Jesús le costó todo predicar su verdad”.
La banda gira en torno a una batería poderosa que amplifica las palabras en honor al Salvador, y cinco metales van y vienen según sean o no requeridos por la guitarra, el bajo y los teclados. El coro, ya se sabe, corre a cargo de los más entusiastas cristianos que hayan ingresado a este recinto. También hay espacio para la actuación de los kids de Miel San Marcos, quienes aportan sus voces frescas y agudas, además de la energía que los hacer ver en movimiento hasta cuando están sentados en el suelo.
Josh y Luis le anuncian al público que en el vestíbulo está a la venta Como en el cielo, material que grabaron en vivo en la Ciudad de México. Por último, dicen que aún hay unos cuantos boletos para la sesión del día siguiente, con la presencia de Marco Barrientos como invitado especial. Y ante la pregunta de quiénes estarán aquí otra vez en veinte horas más, cientos de manos se levantan y la gritería alcanza los máximos decibeles.

Aquí, allá y en todas partes
Los seguidores de Miel San Marcos llegaron al Auditorio Nacional de muchas ciudades de la República Mexicana y del extranjero, aunque los más entusiastas son un puñado que viene de Ciudad Juárez, Chihuahua.
Como en cualquier concierto, los asistentes utilizan sus celulares para tomar fotos y grabar fragmentos del espectáculo, pero también para encender miles de luces como símbolo de sus almas, creando imágenes imborrables. Más tarde, con esos mismos aparatos, comentan sus experiencias en Facebook.
Yolanda dice que “alabar y adorar a Dios es elevar el alma al máximo nivel, es tocar el cielo”. Verónica: “¡Qué forma de alabar a Cristo! Dios los guarde a todos y no dejen de venir nunca a México”. Mane: “Gracias a Dios tuve la fortuna de estar en el Auditorio dando honor y gloria a nuestro Señor”.
Rocío: “Lo vivido por mi esposo y yo fue hermoso. Salimos muy contentos y bendecidos. Ojalá y se vuelva a repetir. Nunca pierdan la humildad, ya que es la mayor virtud que un cristiano debe tener”. Penny: “Dios me dio los medios para poder ir”. Miris: “Gracias a Dios por permitirme estar ahí”. Gyse: “¡Qué grande bendición y luz son para la tribu mexica je je”.
Isayali: “Hoy se cumplen once meses de que murió el menor de mis hijos. Doy gracias a Dios por darme tanta paz y fortaleza. Sólo Él pudo cambiar el luto en gozo. El domingo tuve la bendición de estar en el Auditorio Nacional”. (F.F.)

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