domingo, 14 de agosto de 2016

La fierecilla domada: El amor a mordidas



Stratford Festival presenta. Lo mejor de Shakespeare. Proyección digital con subtítulos en español / 14 y 15 de agosto, 2016 / 
Dos funciones / 2:50 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
En el programa de mano, el director Chris Abraham dice que “el significado de toda obra es impredecible y depende de lo que el público decida ver”. Para él, La fierecilla domada es una historia de amor en la que se explora el juego de roles e identidades durante el cortejo.
Tal vez en las dos parejas secundarias —Lucrecio y Blanca; Hortensio y la Viuda— pueda hablarse de amor, pero en la historia central se trata de un proceso de destrucción de la psique femenina por parte de un patán que consigue su objetivo. En el inicio, Catalina es una soltera intratable (la fierecilla) y termina como un títere que acata las órdenes de su esposo, Petruchio.
Desde su estreno en 1594, esta obra de Shakespeare ha provocado grandes polémicas por su contenido supuestamente misógino. No hay tal, más bien es una burla a los resabios del pensamiento medieval.
Ángeles de la Concha, catedrática de literatura inglesa en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, de Madrid, ha dicho que la clave para entender el argumento está en el inicio, cuando a un chatarrero borracho le juegan una broma, haciéndole creer que es un noble convaleciente de una enfermedad nerviosa y que necesita diversión para relajarse. Entonces, representan ante él una comedia pensada para que le guste no a un hombre de alcurnia sino al tipo de la calle que es realmente.
En ese contexto, dice De la Concha, resulta lógico que “la obra dentro de la obra” complazca las expectativas machistas del chatarrero, a quien le puede parecer normal, lógico y hasta deseable que Catalina se someta a su marido.
El problema con el montaje de Chris Abraham surge porque él le mete mano al texto y transforma al chatarrero en un crítico de teatro que se ufana de tener un blog. En el original, el chatarrero sale borracho de una taberna y es llevado a un castillo; en la propuesta de Abrahams, el crítico de teatro (también ebrio) es uno de los espectadores en Stratford y es subido al escenario.
Un cambio de esta naturaleza sería apenas anecdótico en cualquier otra obra, pero en este caso puede alterar la interpretación del espectador respecto a lo que sucede con Catalina, convirtiendo la farsa en tragedia. Aunque un crítico alcoholizado y necio resulta muy gracioso, también es capaz de dañar un montaje con muchos aciertos.
Destacan las actuaciones de Deborah Hay y Ben Carlson (Catalina y Petruchio), quienes en la vida real son esposos. En entrevista grabada, comentan que ser pareja les ayudó a sacar adelante un trabajo en el que las cuestiones de género son controversiales.
En La fierecilla domada se cuenta la historia de Catalina y Blanca, hermanas con personalidades opuestas. La primera es huraña, casi silvestre, “más brava que el mar Adriático”; la segunda, muy tierna y dulce. Blanca tiene varios pretendientes, pero su padre ha determinado que ella no puede casarse antes que Catalina.
Los galanes de Blanca —que cambian de personalidad para acceder a ella con ventaja— le dicen a Petruchio que hay muy buena dote para quien se case con la fierecilla, y él acepta el reto. Eso implica recibir toda clase de insultos, golpes y mordidas por parte de Catalina, pero al poco tiempo toma el control en la relación (“un huracán apaga un gran incendio”) y deja boquiabiertos a su suegro y a quienes se disputan a Blanca.
El escenario es una tarima vacía en la que de pronto aparecen sillas y mesas para albergar a personajes con ropa propia de la nobleza y sus sirvientes en Padua, en el siglo XVI. Hay músicos que alegran a los cortesanos con mandolinas, tambores, trompetas y laúd. Un montaje atractivo para una comedia de Shakespeare, a quien por lo general no es conveniente enmendarle la plana.

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