viernes, 5 de agosto de 2016

Edgar Oceransky: Entre los deseos y la vida



Tour Una mirada / 5 y 6 de agosto, 2016 / Dos funciones /
 3:30 hrs. de duración / Promotor: Oceransky Music Entertainmet S.A. de C.V.

Rodrigo Farías Bárcenas 
Los conciertos de Edgar Oceransky suelen combinar su labor como cantautor con la promoción de quienes hacen música similar a la suya. Es el organizador de un festival de trova en Querétaro que ha reunido hasta treinta mil personas. Uno de sus principales logros es haber construido una red que mantiene a colegas suyos comunicados entre sí, de países como Perú, Bolivia, España, Chile, Cuba, Costa Rica y Nicaragua.

No se aplican en su caso los conceptos de abridor o telonero. Tampoco el de invitado especial. Cuando alguien lo acompaña es porque el escenario también es suyo, como suyo es el compromiso de apoyarse mutuamente en la difusión de sus trabajos. Y esta noche no es la excepción. La convocatoria es para presentar Una mirada, el disco más reciente de los once en su haber.

El compositor capitalino es fiel a una consigna que dice: “La música es libertad”, refiriéndose a que suma al cuidado del contenido literario, la posibilidad de recurrir a cualquier género para conformar la totalidad de una composición. Ya sea bolero, blues, jazz, rock, balada o música norteña. El tino en la elección, la sutileza de los tratamientos y el estilo personal permiten la elaboración de un repertorio coherente. 
La ausencia de fronteras musicales es un ideal que tiene paralelismos en la producción de los espectáculos. El de esta noche comienza como cualquier otro, unos cantan y otros escuchan, pero poco a poco esta barrera desaparece hasta convertirse en un festejo donde la comunicación es horizontal. Oceransky se vincula con la gente, más en el plan de compañero que como un ídolo con sus fans o un empresario con sus clientes.
Las cálidas presencias de Inma Serrano, y luego Bernardo Quesada, inauguran la velada con un perfil intimista, acompañándose sólo con guitarra. Inma, de origen español, comenta que el anfitrión es referencia en su país como padrino de cantautores. Mientras que Bernardo —costarricense, director musical de Oceransky— dejó su testimonio en un video que registra el impacto del mexicano en aquel país: “Es una persona que te puede ayudar mucho a encontrar posibilidades. Ésa es una de las reglas que tenemos como cantautores: si no encadenamos, si no hilamos nuestros esfuerzos para que los propios desemboquen en posibilidades para otros, muchas cosas pierden sentido”. 
Oceransky, por su parte, aborda el escenario respaldado por un grupo que incluye piano, teclados, guitarra acústica y eléctrica, bajo, batería y percusiones. De entrada se percibe su disposición a cumplir con las expectativas del público, pues su intención es retribuir plenamente a quien ha comprado un boleto para verlo.
Tiene múltiples recursos para propiciar que la gente hurgue en el contenido de las canciones: como el camarada que comparte pasajes biográficos con los amigos, el comediante que provoca la risa con monólogos o el letrista que se inspira en Julio Cortázar para escribir “Una mirada”. También escuchamos al cinéfilo que comparte sus gustos porque así revela aspectos de su creatividad, como lo señala antes de “Quiero estar”. Hace chistes a costa de las mujeres, quienes lejos de molestarse se ríen, pues su función es reforzar el enfoque del autor sobre las relaciones amorosas. Es un punto de vista masculino que valora la vida cotidiana.
A esa animada conversación sigue un notable cambio en el clima emocional de la jornada, ahora más orientado hacia la bohemia, con los duetos que hace Oceransky con Inma Serrano, José Cantoral, Alejandro Filio, Bernardo Quesada y otro de los pilares en el grupo, el pianista Leo Sandoval. Es un pasaje poderoso, de ambiente relajado, reflexivo y divertido, con evocaciones que valoran la amistad, el amor filial, la solidaridad y el reconocimiento hacia los maestros: al propio Filio, a Roberto Cantoral y a Marcial Alejandro. Abundan entre los participantes las palmadas en la espalda y los abrazos estrechos. 
Con el punch de un alegre llamado percusivo, como introducción de Bernardo Quesada a “Ave pasajera”, concluye el segmento bohemio para dar paso a la fiesta. El público provoca la sorpresa de los cumpleañeros, Oceransky y Quesada, dedicándoles “Las mañanitas”. Edgar suelta las canciones dejando a la gente que las cante, bien que las saben. Por su parte, el boliviano Rodrigo Sandoval y el mexicano Miguel Inzunza dejan la mesa que ocupan y suben al escenario para compartir “Yo me quedo”.
Edgar Oceransky inició su carrera artística en 1993, cuando tenía dieciocho años. Creció escuchando canto nuevo, música popular mexicana de corte romántico y rock en español —Joaquín Sabina en especial—, asimilando estas experiencias a su obra. Es parte de una generación de cantautores no necesariamente ligados a la protesta. Si algo ha aprendido en los veintitrés años que tiene de trayectoria, es a decidir qué dirección tomar. Antes del concierto, comentó: “Trato de izar mis velas y saber hacia dónde va el viento. Voy negociando entre mis deseos y la vida, porque la vida es más sabia, más grande. Quiero seguir componiendo y promoviendo la música de gente como yo” (Siempre 88.9 FM, 05-08-2016). 

Programa
Días y noches / Cada amanecer / Llévame lejos / A veces quiero contarte / Hay algo que no sabes / Una mirada / Quiero estar / Otro día sin ti / Abrázame / Con Inma Serrano: Yo me quedo con tu amor / Con José Cantoral: Media vida – Te dejé / Con Alejandro Filio: Tan solo – De los enamorados / Con Bernardo Quesada: Vos estás ahí / Con Leo Sandoval: El Faro / Ave pasajera / N otra vida / Juro / Estoy aquí / Un beso grande / Con Rodrigo Sandoval y Miguel Inzunza: Yo me quedo / Volver a perdernos / Con mi compa a la cantina.

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