domingo, 24 de julio de 2016

The Illusionists: El arte de lo increíble





The Illusionists 1903 / Del 13 al 17 y del 20 al 24 de julio, 2016 / 
Quince funciones / 2:20 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

Gustavo Emilio Rosales
Lo inexplicable, el riesgo, el misterio, la fascinación y el virtuosismo al máximo nivel fueron los componentes de la llamada Época de oro de la magia, que tuvo lugar a principio del siglo XX en Estados Unidos y Europa, cuando programas escénicos basados en actos diversos de prestidigitación colmaron los teatros, mostrándose como el entretenimiento ideal para acompañar una era de avances científicos y tecnológicos que prometía conducir a la humanidad hacia un desarrollo tan alto que, paradójicamente, habría de estimarse como sobrehumano.
Actualmente, el colectivo internacional conocido como The Illusionists rinde homenaje a los expertos que dieron lustre a ese periodo de esplendor, y lo hace apoyado en recursos escenotécnicos propios de un concierto de música pop: The Illusionists 1903. 
Es, en efecto, difícil precisar si el espectáculo que está justo comenzando ante nuestros ojos tendrá músicos en vivo, animales feroces o algún despliegue asombroso de realidad virtual. La exuberante partitura sonora, las luces múltiples de intenso colorido y las personas que salen a dar la bienvenida —ataviados con indumentaria de época— son elementos que trazan un clima de expectativa. Se ha instalado, rápidamente, la atmósfera perfecta para que acontezca la magia, que es el estado en que la mente pone en reposo a sus certezas. 
Un breve video, que contiene imágenes de lo que pudieron haber sido los teatros de magia en el pasado glorioso de este arte, brinda con precisión el objetivo principal que convoca a los mejores prestidigitadores del mundo a conformar The Illusionists 1903. Acto seguido, una nube lumínica pone el foco de atención en Charlie Frye, un mago con amplia trayectoria, quien en esta rutina inicial, sin más ayuda que la de su propio cuerpo, teje un ballet de aros brillantes alrededor suyo. Los círculos de plateado metal deambulan en torno a él como si tuvieran vida propia, apenas impulsados, en el momento preciso, por un hombro, un muslo o el dorso de la mano. Así, con una intervención deslumbrante, Frye, sin hacerlo explícito, nos revela que la magia también está hecha de danza.
Lo que sigue es una galería de clásicos de la prestidigitación, realizados en entornos escenográficos que representan el estilo de antaño mediante objetos y decorados cuyo diseño acusa la pátina del tiempo. La mesa donde un tahúr realiza juegos de cartas con tres mazos de póquer remite, por ejemplo, a un salón clandestino anterior a inventos como el transistor, donde los miembros de algún grupo mafioso entrenan las múltiples maneras de timar a jugadores honrados, ubicando con ventaja las cartas ganadoras en la secuencia de la futura partida. Frye, quien también protagoniza esta escena, demuestra que el mago es un maestro de la sensibilidad (imagina poder detectar, con el solo roce de los dedos, entre decenas de cartas que se mueven vertiginosamente entre tus manos, justo las piezas que necesitas para ganar una partida). Dicha escena marca el tono y el ritmo de The Illusionists 1903 como el de un espectáculo teatral de gran envergadura, que en todo momento es fiel a la coherencia dramática de la llamada magia clásica: fantasía lograda con finura, inteligencia y virtuosismo corporal. Los expertos en leer mentes, Thommy Ten y Amélie Van Tass dan también prueba de ello al ofrecer logros inverosímiles, como lo es el hecho de que ella logre adivinar hasta las características mínimas de objetos que se encuentran en los bolsillos del público; mientras que él, mezclado entre los espectadores, va narrando las legendarias proezas de la clarividente, al tiempo que estimula a la gente a desafiar los poderes paranormales de la hermosa mujer. En su bien lograda rutina, ambos especialistas demuestran que la magia es también un acto de complicidad entre la percepción de quien ve y la capacidad actoral de quien realiza los encantamientos; canon que es llevado al extremo por el mago cómico y experto maestro de ceremonias Gaetan Bloom, mediante continuas intervenciones en las que hace subir al escenario a voluntarios diversos, bromea con ellos e invariablemente genera atmósferas de impacto, que mueven a risa y fascinación, al hacer que objetos desaparezcan repentinamente o surjan en el lugar menos pensado, revelando con ello un procedimiento fundamental del arte mágico: la habilidad para apoderarse de la atención del espectador, dirigiéndola posteriormente a voluntad. 
En sus correspondientes intervenciones, el resto de The Illusionists desarrolla otros principios que sostienen su dominio. La bailarina Jinger Leigh, por ejemplo, quien hace levitar una esfera de luz, comparte que la magia no podría llegar a ser tal sin la decidida intervención de la belleza. Por su parte, Andrew Basso, escapista italiano que arriesga su vida al revivir la huida del gran tanque de agua, inmortalizado por el genial Harry Houdini; y Ben Blaque, experto en el manejo de armas de tiro, quien realiza disparos de precisión con la ballesta que dejarían mal parado incluso al mítico Guillermo Tell, nos revelan que un carácter firme y valiente es necesario para llevar a cabo trucos que implican un significativo nivel de peligrosidad. Finalmente, Justo Thaus y Mark Kalin —el primero, un sabio manipulador de marionetas; el segundo, un mago que manipula con talento todo tipo de objetos— proyectan la convicción de que el acto mágico no podría suceder sin la instauración de la elegancia como lógica dominante: un orden en que las cosas, por alteradas que parezcan, encuentran siempre el preciso lugar que les corresponde por derecho. ¿Y el tiempo? ¿La suma de minutos en que han ocurrido estos prodigios? Se ha ido ya, velozmente, como por arte de magia.

Hágase la magia
• En las imágenes que apoyan la promoción del espectáculo The Illusionists 1903, vemos que los magos participantes se encuentran rodeados por relámpagos y auras de energía lumínica; uno de ellos, en posición principal, sostiene una esfera en la cual parecen concentrarse los destellos que los rodean. El concepto de este diseño alude a la importancia que tuvo el desarrollo de la ciencia y tecnología de la electricidad —a partir de inventos centrales, como la lámpara eléctrica (1884)— para la puesta en escena de exitosos espectáculos de magia, desde finales del siglo XIX. La domesticación de la luz, espejos y humo, se decía, fueron estructuras principales en las que basaron su triunfo artistas de la prestidigitación como Harry Kellar, David Devant y El Profesor John Henry Pepper.

• The Illusionists es un ensamble de magos de excelencia, de diversas nacionalidades, todos con amplia trayectoria, convocados para articular montajes en los que la prestidigitación adquiere su mayor brillo como espectáculo total, en el sentido en que en él son utilizados con fruición recursos de todas las artes. Sus programas, a la fecha, son tres: el ya mencionado, en el que se rinde homenaje a una época dorada de la especialidad; un segundo, que se apoya en desarrollos tecnológicos de vanguardia y el inicial, que sirvió para conformar el estilo de la compañía dentro de un tono eminentemente teatral. Cada producción cumple giras internacionales a lo largo del año, lo que no implica que cada uno de los protagonistas deje de atender sus propios compromisos artísticos.
•. El 17 de diciembre de 1903, el inventor y fabricante de bicicletas estadunidense  Orville Wright se convirtió en la primera persona en volar sobre una aeronave más pesada que el aire e impulsada por medios propios (un motor a hélices). Esta hazaña despertó una fiebre de esperanza colectiva: ¡por fin, el hombre se encaminaba a hacer realidad los prodigios que antaño estaban reservados a los mitos y las fábulas! En conexión con este ánimo progresista y apoyados en los nuevos medios que la energía eléctrica les proveía, los magos dejaron de actuar en la calle y las ferias de pueblo, para armar espectáculos escénicos que ocupaban por semana los teatros de las grandes capitales del mundo. Varias películas dan cuenta de este fenómeno; entre las recientes se encuentran Los Ilusionistas (Louis Leterrier, 2013), Los ilusionistas 2 (Jon M. Chu, 2016), Magia a la luz de la luna (2014), de Woody Allen; y El ilusionista (2006), de Neil Burger. Vale la pena, por cierto, ver esta última cinta poco tiempo después de haber presenciado el espectáculo teatral. (G.E.R.)

Programa
Manejo prodigioso de aros / Aparición inexplicable de una bella mujer en una caja que se suponía vacía / Tahúr que maneja mazos de cartas con asombrosa habilidad sobre una mesa / Una carta de póquer, previamente elegida, se manifiesta en el lugar menos pensado / Hermosa chica hace levitar a una esfera luminosa / Los clarividentes: mentes que leen mentes / La distracción: clave maestra de la magia / Malabarismo fuera de serie / Escape de la muerte: homenaje al gran Harry Houdini / Levitación / Cortar a una elegante dama, a la vista de todos / Clarividencia más allá de lo imaginable / Cómico de la magia: homenaje a los actores magos / Marioneta realiza trucos mágicos / El Señor de las Ballestas: disparos que quitan el aliento / El Maestro del Equilibrio / El mago volador / Despedida.

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