lunes, 11 de julio de 2016

Pericles: El triunfo de la virtud


The adventures of Pericles. Stratford Festival: Lo mejor de Shakespeare. Proyección digital con subtítulos en español
10 y 11 de julio, 2016 / Dos funciones / 2:40 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
La función dominical inicia a las seis de la tarde, y luego de un accidentado viaje por Tiro, Antioquía, Pentápolis, Éfeso y Mitilene, los espectadores salen del Lunario pensando que tal vez han pasado varias semanas desde que ingresaron al recinto, pero apenas han sido ciento sesenta minutos y aún hay algo de luz en la calle. Es la magia del teatro.
Si de hechizo teatral se habla, el más hábil para conseguirlo es William Shakespeare, aunque varios estudiosos de su obra señalan que de los cinco actos originales de Pericles, Prince of Tyre (1608), él no escribió los dos primeros sino George Wilkins. También hay que advertir que este Pericles no es el célebre político ateniense de la antigüedad griega sino un personaje inspirado en Apolonio de Tiro.
Las aventuras de Pericles, príncipe de Tiro, inician cuando se le ocurre ir a Antioquía para pedir la mano de la hija del rey, conocida en la región como una mujer extremadamente bella. Ahí se entera que anteriores pretendientes murieron en el intento porque no supieron descifrar un acertijo (igual que en la ópera Turandot, de Puccini), y sus calaveras reposan en una vitrina macabra.
Pericles insiste en su empeño y acepta el reto. Resuelve el enigma, pero no se atreve a decirlo en voz alta: “incesto”. El monarca advierte que su perversidad ha sido descubierta y ordena matar al aspirante, quien huye de regreso a Tiro.
A continuación viaja a Tarso, donde libra de la hambruna a la población y hace amistad con los gobernantes Cleón y Dionisa. Otra vez de regreso a su patria, naufraga y aparece medio muerto en la costa de Pentápolis, donde lo rescatan unos pescadores; ahí participa en una competencia en la que su habilidad con la espada lo convierte en triunfador y el premio es casarse con Tasia, la hija del rey Simónedes.
Pericles y Tasia, ya embarazada, navegan rumbo a Tiro. En el trayecto, Tasia muere al dar a luz. El cuerpo de Tasia es echado al mar y la niña (Marina) es llevada a Tarso para que ahí sea criada por Cleón y Dionisa.
El ataúd con el cadáver de Tasia llega a Éfeso, donde ella es revivida por un médico al que le gustan los experimentos. Al paso de los años, Dionisa ordena matar a su hijastra Marina, pero ésta huye y es secuestrada por unos piratas que la venden a un burdel de Mitilene. La joven es apoyada por Diana, la diosa de la castidad, y se conserva virgen en medio de circunstancias adversas.
El final feliz reúne a Pericles, Tasia y Marina. Esta trepidante historia es contada con gran talento por un equipo encabezado por el director Scott Wentworth, quien ubica los hechos en un ambiente estilo Charles Dickens —sombreros de copa, abrigos tradicionales, aire victoriano—, según ha comentado el crítico Richard Ouzounian, del periódico The Star, de Toronto.
A Ouzounian no le gusta mucho la música original de Paul Shilton, pero en realidad las canciones son buenas y crean un agradable ambiente de época, además de ser interpretadas por unos excelentes actores que bien podrían ganarse la vida como cantantes. Algunos de ellos desempeñan más de un papel, incluso entre los protagónicos, pero no hay lugar a la confusión porque el planteamiento es muy claro y se cuenta con la ayuda de una voz que explica los acontecimientos cada vez que se requiere.
Evan Buliung es un Pericles que derrocha vigor en la primera parte, luego se convierte en un tipo deprimido que casi tira la toalla ante su mala fortuna y después recobra el entusiasmo. Deborah Hay actúa con naturalidad en los papeles de esposa e hija del personaje central, pero quien se lleva los aplausos más sonoros es Wayne Best, que hace las veces de malvado rey de Antioquía y gracioso soberano de Pentápolis.
El escenario es un rectángulo vacío con piso de fina madera, y gracias a la iluminación y cambios de utilería —cirios, camas, sillas, redes, sogas— la acción se traslada de tierra firme al mar, y viceversa.
Si el texto del Cisne de Avon es un himno a la virtud y la perseverancia, el montaje de Scott Wentworth para el Festival de Stratford es un buen ejemplo de cómo hacer fácil lo complejo.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.