viernes, 8 de julio de 2016

Manos por México: Arte y altruismo



Galería del Auditorio Nacional (vestíbulo). Manos por México (intervenciones a la Mano-silla de Pedro Friedeberg) / De abril a julio, 2016 / 
Promotor: Fundación Vicente Ferrara A.C. – Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
A solicitud de la Fundación Vicente Ferrara A.C., más de ciento ochenta artistas de diferentes disciplinas intervinieron a su gusto la obra de Pedro Friedeberg Mano de Akenathon o Mano de Baphomet, más conocida como Mano-silla. Una selección de sesenta de esas piezas se exponen en la Galería del Auditorio Nacional para luego ser subastadas, conjugando así dos actividades de gran importancia: filantropía y promoción cultural.

Uno de los propósitos de la Fundación Vicente Ferrara A.C., a través del programa En nuestras manos es crear en el país varios Centros de Capacitación Integral, donde ciudadanos en pobreza extrema aprendan un oficio y consigan empleos bien remunerados. El primero de esos centros ya funciona con éxito en Monterrey, Nuevo León.

El curador Alejandro Sordo Guzmán considera que en la exposición Manos por México están presentes “todos los periodos estéticos canónicos de la segunda mitad del siglo XX a la fecha”. El espectador puede admirar versiones de la Mano-silla realizadas por Vicente Rojo, Sebastián, Jazzamoart, Emiliano Gironella, Alberto Castro Leñero, Yvonne Domenge, Fernando González Gortázar, Ricardo Covalín, Sandra Pani, Raymundo Sesma, Tania Moss y Moisés Zabludovsky, entre otros.
Antes de montarse en la Galería del Auditorio Nacional, estas piezas y el resto de la colección se presentaron en el Museo Franz Mayer de la Ciudad de México y en la Pinacoteca de Nuevo León (Monterrey).
La invitación a los artistas para participar en esta causa no se limitó al gremio de los escultores sino que incluyó a pintores, arquitectos, diseñadores, fotógrafos, galeristas e incluso la cantante Astrid Hadad. A todos ellos se les envió una réplica de la Silla-mano en fibra de vidrio y polímero, y a partir de ese soporte recrearon la icónica obra de Friedeberg. Los materiales que utilizaron son muy variados: resinas, madera, óleo, lámina, soldadura, palma, pintura automotriz, vidrio, lacas, etcétera.
Recorrer la Galería del Auditorio Nacional es un viaje a través de la imaginación de muchas mentes brillantes. Hay versiones de la Mano-silla en blanco y negro, otras con un detalle en color y algunas cuyos tintes explotan en la retina. Ciertos creadores apenas si modifican la propuesta inicial y otros casi la dinamitan, pero en todos se vislumbra un homenaje al genio de Friedeberg.
En estos objetos artísticos hay toda clase de referencias culturales, políticas y sociales. En ellos se habla de amor, odio, belleza, muerte, violencia y corrupción. La Mano-silla original es un pretexto para jugar con figuras geométricas o para transformarla en excusado, agregarle una chimenea o una mariposa, enmarcarla o sentar ahí a un hombre pensativo.
Pedro Friedeberg dijo en una conferencia de medios: “Para quienes no sepan cómo se originó la Mano-silla y sienten curiosidad, puedo decirles que yo mismo no recuerdo si surgió en un sueño o en el taller de Mathias Goeritz, en 1962, cuando me encargó que hiciera una escultura mientras él se iba de viaje” (Excélsior, 6-06-2014).
A Guadalupe Loaeza le dijo: “Todo empezó en un viaje que hice a Roma en 1961. Allí, en al Museo Capitolino existe una escultura de mármol gigantesca que está en trozos: el pie, la mano, la rodilla, la cabeza, el hombro, el codo. A mí me impresionaron la mano y el pie. Cuando Mathias Goertiz me pidió que hiciera una escultura-mueble, hice la Mano-silla”. (Reforma, 11-06-2001).
En la mencionada conferencia de medios, Friedeberg comentó con el sarcasmo que lo caracteriza: “Al principio, todo mundo encontraba muy fea la Mano-silla, quizás con un poco de razón, tal como sucede con muchas cosas, por ejemplo con el mingitorio de Marcel Duchamp, que hoy es una pieza clásica, pero originalmente fue vista como algo horrible, y seguramente esta Mano-silla alcanzará el gran clasicismo de esa horrible obra de Duchamp” (Excélsior, 6-06-2014).
Según Friedeberg, ha vendido más de mil reproducciones de la Mano-silla, entre ellas un par que están en el Museo del Louvre (ala de Artes Decorativas), y otras dos que fueron adquiridas por las actrices Jeanne Moreau y Brigitte Bardot en los setenta.
En su momento, Andre Breton legitimó la Mano-silla de Friedeberg como una obra surrealista, la misma que ahora sirve para que otros artistas se expresen y ayuden a una causa altruista.

Los sueños de Friedeberg
Pedro Friedeberg nació el 11 de enero de 1936, en Florencia, Italia, pero desde los tres años llegó a México. Estudió varios semestres de la carrera de arquitectura en la Universidad Iberoamericana, sin titularse. Le aburría mucho hacer planos y siguió el consejo de su maestro Mathias Goeritz de dedicarse a las artes plásticas.
En 1959, Remedios Varo vio los dibujos de Friedeberg y lo apoyó para que realizara su primera exposición en la Galería Diana, de la Ciudad de México. Un año después se integró al grupo Los hartos (Goeritz, Cuevas, Jesús Reyes Ferreira), quienes se declaraban “hartos de la pretenciosa imposición de la lógica y de la razón, del funcionalismo, del cálculo decorativo y, desde luego, de toda la pornografía caótica del individualismo…”.
El universo fantástico, onírico y extravagante de Friedberg está plasmado en la pintura, escultura y el diseño. Alejandro Sordo, su curador de cabecera, ha dicho: “Desde mi punto de vista, la obra más importante de Pedro es su pintura, la más trascendente y profunda, con mayor contenido analítico” (Excélsior, 19-05-2016).
Sus obras se encuentran dispersas por el mundo en colecciones privadas y en recintos de gran importancia como el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, Museo de Arte Moderno de Nueva York, Museo de Arte Contemporáneo de Chicago y la Biblioteca del Congreso en Washington D.C.
En 2009, el Museo del Palacio de Bellas Artes montó la exposición Pedro Friedeberg. Arquitecto de confusiones impecables, y en 2012 recibió la Medalla de Bellas Artes. En mayo de 2016 se abrió la muestra La casa irracional. Pedro Friedeberg, arte y diseño, en el Museo Franz Mayer. (F.F.)

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