lunes, 4 de julio de 2016

Hamlet: La generación perdida



Stratford Festival presenta. Lo mejor de Shakespeare. Proyección digital con subtítulos en español / 5 de junio y 4 de julio, 2016 / 
Dos funciones / 3:05 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Durante el intermedio, Jonathan Goad (Hamlet) dice en entrevista grabada que ese papel lo ha hecho crecer no sólo como actor sino también como ser humano “porque te obliga a encarar ciertas preguntas”. Lo mismo debe suceder a un buen número de espectadores, pues el texto más famoso de Shakespeare es una máquina que cuestiona a fondo el comportamiento ante una situación límite: ser o no ser.
Hamlet pasa de la tristeza por la muerte de su padre a la indignación cuando descubre que el nuevo rey asesinó a su propio hermano con tal de detentar el poder. En el programa de mano, el director Antoni Cimolino escribe: “Hamlet es un joven que trata de encontrar justicia en el mundo —un mundo muy similar al nuestro—; al final, se conforma con encontrar venganza y muerte, incluyendo la suya. Los jóvenes son sacrificados en esta obra, son una generación perdida, forzada a reaccionar al pasado, a los pecados y errores de sus padres”.
Cimolino afirma que en su Hamlet “el tiempo va cambiando y estrechándose, y el mundo comienza a parecerse más y más al nuestro”. Ese aspecto vuelve inquietante una historia escrita en el siglo XVI pero que parece nueva y cada vez con más niveles de lectura. El personaje principal no sólo se relaciona con su padre muerto sino también con un entorno que, de pronto, le parece hostil: una madre a la que califica de incestuosa por casarse con Claudio, hermano de su ex marido; una novia (Ofelia) a la que sugiere que se convierta en monja; dos antiguos compañeros (Rosencrantz y Guildenstern) que están más del lado de los reyes, y un amigo incondicional (Horacio), a quien algunos estudiosos de Shakespeare ubican como el amor velado del príncipe Hamlet.
Para quienes han visto en el Lunario a Benedict Cumberbatch y Rory Kinnear en el papel estelar de esta obra —dentro de las proyecciones del National Theatre de Londres—, la presencia de Jonathan Goad como Hamlet en el Festival de Stratford resulta sólida pero no inolvidable. Los que sí brillan sin cesar son Geraint Wyn Davies como un malvado Claudio de gran personalidad, y Tom Rooney interpretando a un Polonio que esconde la maldad detrás de sus gracejadas. Seana McKenna se ve demasiado madura para ser Gertrudis, y Adrienne Gould luce muy bien en la primera parte como Ofelia, pero no cuando pierde la razón y cae en el estereotipo de la loca de atar.
La ambientación es uno de los puntos fuertes del montaje, tal como lo señaló en su momento el crítico Richard Ouzonian, del diario The Star, de Toronto, ciudad canadiense que alberga al Stratford Festival; señala que las figuras monolíticas en el escenario, los claroscuros de la iluminación, la música misteriosa y el sonido ominoso crean “un mundo implacable y frío”.
Quizás el momento cumbre de esta puesta sea la representación teatral que organiza Hamlet para poner en evidencia a Claudio. La compañía que llega al castillo de Elsinor se comporta con un desparpajo contagioso y los actores literalmente acaban con el cuadro.
La gente abandona el Lunario con la certeza de que otra puesta en escena de Hamlet nunca está de más. Es un rito que siempre trae deslumbrantes sorpresas.

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