viernes, 22 de julio de 2016

Expedición Humboldt + El David Aguilar + Sierra León + Felipe El Hombre: Rock de Michoacán, Sinaloa, Nayarit y Chihuahua



Festival Lunario Tierra Adentro. Un mapa sonoro del indie Mx. Primera de cuatro sesiones / 22 de julio, 2016 /
 3:55 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional. 

David Cortés
En su edición 203 correspondiente a mayo de 2015, la revista cultural Tierra adentro mostró un mapa sonoro de las propuestas emergentes del rock mexicano. Esa mirada global conjuntó treinta y cuatro agrupaciones, una por cada uno de los estados del país, la Ciudad de México, más una de Nueva York y otra de California, con la particularidad adicional de que todas ellas se inscriben y mueven en el movimiento subterráneo.
Hoy, esa mirada deja el papel y se traslada al Lunario para ganar vida y dejar constancia de que en México hay una boyante escena de rock que busca cauces adecuados para manifestarse.
Abre Expedición Humboldt —Daniel Amezcua, guitarra, sintetizadores, armónica; Aquiles Merlos, voz, guitarra, bajo; Kristell Rodríguez, bajo, guitarra, voz; Luis Molina, guitarra, coros, trompeta; Santiago Ancona, batería—, quinteto formado en Michoacán en 2013 y que un año después debutó con el EP Musicalario. A ellos les interesa “explorar nuevos mundos” y en su propuesta confluyen ambientes, creación de atmósferas, destellos de sicodelia y un poco de folk. La mezcla no deja de ser extraña en teoría, pero en directo la bordan con delicadeza y eliminan las costuras en el entramado sonoro para darle coherencia. Parapetados en una imagen salvaje-futurista, sus integrantes no ocultan la excitación de estar sobre un foro en la cual pueden exponer su música con todos sus matices y sacarle lustre; sus composiciones generan continuos vaivenes, suben (especialmente cuando las guitarras se desbocan, se apegan un poco al blues y explotan cual fuegos artificiales), se tornan intensas para luego descender paulatinamente y construir pasajes delicados en los que aparece la trompeta, instrumento que aporta un color distintivo y que cuando se encuentra con el teclado genera apacibles páramos sonoros.
El David Aguilar, directo de Sinaloa, trabaja delicadamente las letras de sus canciones. “Les venimos manejando folk, rap, rock, jazz”, dice, y en efecto, su propuesta gana vida al abrevar de esa diversidad de influencias. Acompañado de Alfonso Plon García en el bajo y Jorge Servín en la batería, el trovador lo mismo habla de libélulas, de quienes acuden al psicoanálisis o de lo importante que es intentar hacer cosas nuevas, sin olvidar dirigir una mirada a las relaciones amorosas.
Aguilar ganó la Beca Nacional de Composición “María Grever” en 2010 y cuenta con seis producciones en su haber, el más reciente, de título homónimo, aparecido en 2014. Sus melodías recurren más al jazz, se sumergen en las cadencias de éste, las letras son acariciadas lascivamente por un bajo sensual, ondulante y una batería que jamás explota y tampoco se limita a acompañar, lo que da al líder una alfombra sonora flexible que le permite abarcar mucho territorio, sin olvidar el silbido, una característica constante en sus temas.
Sierra León llega de Nayarit. Formado en 2009, el quinteto —Manuel Castellón, voz, guitarra; Seiji Hino, teclados y voz; Juan Zavala, guitarras; Kenji Hino, batería y percusiones; Mario Bustamante, bajo— grabó Broken Arquetypos en 2013 y un año después El otro lado (lado A) y El otro lado (lado B), el primero con versiones acústicas y el segundo con arreglos electrónicos de melodías aparecidas en su disco debut. Su más reciente producción se llama No somos los mismos.
Si bien ellos se definen como una entidad progresiva y con tendencias electrónicas, en directo presentan un sonido más crudo. El comienzo de su set es disperso, el lugar los impone, pero cuando logran ensamblar las piezas del puzzle, los cinco muestran un rostro muy agresivo en donde por momentos los beats electrónicos se aceleran e impelen al baile. Sin llegar al virtuosismo, muestran una ejecución impecable y su energía se incrementa conforme avanza su set; empujan sin cesar hasta que los presentes están arrinconados, cogidos por las solapas y son fuertemente sacudidos hasta terminar agotados. 
Felipe El Hombre —Mario Murillo, voz, guitarra; Alejandro Flores, guitarra; y Daniel Pliego, batería— se formaron en Nuevo Casas Grandes, Chihuahua, en 2012. Toman su nombre de un juglar que aparece en Cien años de soledad, la novela de Gabriel García Márquez, y debutaron un año más tarde con un EP homónimo; desde entonces han agregado un par de sencillos a su discografía.
Es un power trío que arrumbó el bajo en el garaje; sobreviven de la conversación que tejen entre las guitarras y en donde la batería ejerce de tercero en discordia. Su sonido hurga en esa vieja tradición del blues, el hard rock y la sicodelia que tiene en la energía y el volumen su principal cualidad.
Es un grupo áspero, de punzantes filos, hiriente, sin contemplaciones. Son parcos con las palabras, apenas las usan para presentar algún tema, pero cuando la batería marca los cuatro tiempos, las guitarras avanzan para no mirar atrás: la rítmica es como una sierra giratoria que amenaza cortarnos por la mitad, mientras la líder se convierte en filoso sable que ataca directamente nuestra yugular.
Cuando el cercenamiento es inminente, se dan una pausa, apenas lo justo para que los niveles de adrenalina se estabilicen y luego reemprender el ataque con mayor energía. Cuando Felipe El Hombre habla, su discurso invoca referentes esenciales como Mountain, Budgie, Blue Cheer o ZZ Top. Como ellos, tejen una música en donde hay polvo, sudor, desolación, acidez, viajes sin retorno y un gran terreno por explorar, tan vasto como el abanico musical que conforma la escena del rock mexicano contemporáneo.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.