sábado, 30 de julio de 2016

Aux Matanshi + Vayijel + Pumcayó + Belafonte Sensacional: Rock de Querétaro, Chiapas, Jalisco y Ciudad de México



Festival Lunario Tierra Adentro. Un mapa sonoro del indie Mx. Cuarta y última sesión / 30 de julio, 2016 / 
4:15 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

David Cortés
Luego de cuatro sesiones que abarcaron dos fines de semana consecutivos, llega a su fin el Festival Lunario Tierra Adentro, esfuerzo que inició en la revista del mismo nombre y se hizo realidad sonora en el escenario de Reforma. Las agrupaciones participantes, provenientes de diferentes entidades del país, son una muestra de ese abanico sonoro sugerente, diverso, colorido y entusiasta que se desarrolla en el movimiento subterráneo de este país. 
Hoy, desde Querétaro, abre el sexteto de Aux Matanshi (Jake Schofield, trompeta; Armando Cuevas, guitarra; Raúl Gómez, batería; Jorge Pitol, bajo; Francisco Jiménez, percusiones; y David Martínez Barranco, teclados, balafón, sitar y hang drums) que toma como punto de partida el rock, para luego internarse por los territorios del jazz, la progresión y la música del mundo, ésta encarnada en una diversidad instrumental perlada de exotismo que sin duda brinda un color extra a su trabajo. Presentan composiciones complejas tomadas de dos álbumes (Aux Matanshi y Monzón) y aunque admiten llevar más de un año en hibernación, están lejos de la herrumbre. Arranques vertiginosos, intros sedosas, paradas intempestivas, ritmos latinos que aparecen por allí sin llegar a la caricatura, hablan de una alquimia que redunda en una propuesta muy amarrada y de un alto nivel de composición e interpretación.
Por su parte, el cuarteto Vayijel (Óscar López, voz, guitarra; Hugo López, guitarra; Xun Gómez, batería; David Cuéllar, bajo), oriundos de San Juan Chamula, Chiapas, son el rostro del misterio. Su indumentaria y sus máscaras no buscan ser efectistas, son una conexión con la tierra (el nombre del grupo significa espíritu animal guardián), invocan a la fauna y hurgan en sonidos primigenios que trasladan a sus temas, mismos que se manifiestan en una aleación entre el hard rock y la creación de atmósferas y texturas atravesadas por las nervaduras del folclor de su región.
Cantan en tzotzil, lo cual impide una comunicación más fluida con el público, pero al mismo tiempo tiende una enigmática cortina, un velo que los hace aún más atractivos. El cuarteto nace de un proceso de hibridación sonora que resiste la homogeneización: “Cantamos en nuestra lengua para fortalecer nuestra identidad”, afirman, y eso imprime un sello distintivo a lo plasmado en una producción homónima y que hoy alcanza un brillo significativo.
Pumcayó, de Guadalajara, integrado por Federico Díaz de León (batería, jarana, voz), Raúl Andreu (guitarra), Marcelo Salazar (guitarra, percusión, voz), Paco Rosas (bajo, voz) y Saúl Figueroa (guitarra acústica y voz) y considerado Mejor Artista Mexicano en la séptima edición de los Premios de Música Independiente en España, se adentra por una vena más cercana al folk estadounidense (uno de sus referentes principales es Fleet Foxes) que han entregado hasta el momento en su primera grabación titulada como la banda. 
Son muy finos en sus composiciones y en ellas destacan las armonías vocales, sutiles, susurradas, pero también hay una fuerza que cuando detona lo hace intempestivamente y atrapa de inmediato. En directo se escuchan más robustos, con bajos gruesos, una batería palpitante y dos guitarras eléctricas que dialogan con intensidad, mientras la acústica se regodea en su fragilidad, pero no por ello se intimida. El cierre que hacen con “Salamandra” —original de Chac Mool, pero en un arreglo más turbio e incluso oscuro—, es una liga con el pasado; habla de una continuidad, del reconocimiento de una tradición, un gesto que no se manifiesta seguido en el rock nacional.
El cierre es divertido en extremo y corre a cargo de Belafonte Sensacional (Israel Belafonte Ramírez, guitarra, voz; Julio Maldad, guitarra eléctrica; Israel Pompa-Alcalá, bajo; Cristóbal Martínez, batería; El Ale de la Portales, armónica y sonidos orgánicos; Emmanuel García, trompeta) cuya música es pletórica en humor, el cual se extrapola a su desempeño escénico. Su líder apela a letras inteligentes, pero nada solemnes que hacen un repaso a ciertas expresiones de la cultura popular y las integran como paráfrasis en sus canciones (Selena, Caballo Dorado) que se nutren del punk, el rap, el folk y llevan a cabo una síntesis de Trolebús y de Rockdrigo González, plasmada en Gazapo, su hasta hora única grabación.
Los representantes de la Ciudad de México no conocen de limitaciones, si la alegría lo demanda echan mano de estrambóticos movimientos y hay  momentos en los que uno o dos elementos de su staff suben a cantar o bailar, según sean las necesidades del tema. 
Su elección para poner colofón al Festival Lunario Tierra Adentro fue la más acertada, porque en el eclecticismo de estos seis se resume ese caleidoscopio musical que permeó las cuatro sesiones y en las que se hizo patente la vida de una escena subterránea vital, pero ansiosa de dejar las sombras para compartir inquietudes, temáticas y formas de expresión con un público todavía más numeroso.

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