miércoles, 22 de junio de 2016

Pablo Alborán: El artista que lo tiene todo



Tour Terral / 22 de junio, 2016 / Función única / 2:00 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

Julio Alejandro Quijano 
Canta, compone, es percusionista y rasga la guitarra. Interrumpe los versos más sensuales para poner cara de romántico. Toca el piano y hasta ofrece un poco de cante jondo. ¿Qué más pueden pedir las fans del malagueño Pablo Alborán? ¿Acaso que aparezca Carlos Rivera para un dueto?
En efecto, a la mitad de “Tanto”, los cantantes, que se conocieron hace dos años mientras Rivera estaba en España interpretando a Simba en el musical El Rey León, se juntan para aumentar lo que de por sí ya era una cascada de piropos. 
Para entender tanto éxtasis hace falta verlos. En la parte derecha, Alborán, con una playera de mangas cortas que le permite mostrar la musculatura que ha forjado en el gimnasio, pero sin llegar al narcisismo gracias a su barba y peinado que dan la falsa apariencia de descuido. En la izquierda, Rivera, de saco negro y con un pañuelo blanco en la solapa, pero sin llegar a lo anticuado porque se arremanga el saco. Juntos conforman un ídolo ideal.
Contagiado de tanta seducción, Carlos le habla a Pablo en nombre de México: “Talentos como tú le hacen falta al mundo. Me encanta que mi país te ame como yo te amo”. En ese instante, una pancarta demuestra que no miente ni exagera. Tres jovencitas planearon desde hace un mes este momento. Cuando compraron los boletos, pidieron lugares en el segundo piso, balcón izquierdo, específicamente en la primera fila. Mientras Rivera hace su declaratoria, las mujeres despliegan momentáneamente una manta en la que se lee: “Pablete, gracias por tanto. México te ama”.
Pablete las saluda y les responde: “Gracias familia por creer en mí. Es una gran responsabilidad, estoy impactado”. Ellas tres no son las únicas en mostrar su fervor por escrito. En otro momento, las luces se apagan, Alborán sale un momento y en el escenario se coloca un piano. Luego regresa, se sienta frente al instrumento y con un reflector apuntando a su figura empieza a tocar y cantar “Ecos”. En la zona preferente, un grupo se las ingenia para mostrar hojas de papel impresas con la frase “México te ama”. Es evidente que él las alcanza a leer pero, de todos modos, mientras agitan las hojas le gritan lo mismo, como para reforzar el mensaje.
Así que, ¿qué más pueden pedir? ¿Que sea sensible a las tragedias y solidario con las víctimas del odio? Pues, sí. Antes de “Se puede amar” habla del ataque del 12 de junio en un bar de Orlando, en el que un hombre mató a cincuenta personas. Y después de “Miedo” hace una declaración de optimismo al gritar: “Vamos a aventar pa’ fuera los miedos y los problemas, vamos a hacer lo que mejor sabemos: detener el tiempo”.
¿Algo más para redondear al ídolo? ¿Quizás que en el plano personal sea un buen hijo? Sucede que entre el público están sus papás, a quienes trajo desde España para que testificaran el momento culminante de su gira Terral por México. “La siguiente canción se la quiero dedicar a mis padres que están aquí, no he visto una pareja que se quiera más, que reinvente el amor como ellos día a día”. La dedicatoria provoca suspiros de ternura que luego se convierten otra vez en gritos cuando agrega un guiño de seducción: “Por cierto, yo también estoy buscando a alguien que aguante mis maneras; que levante la mano aquí el que también ande en busca”. Por supuesto, la respuesta llega con miles de manos alzadas.
¿Qué otra cosa haría falta? ¿Que se interese por conocer la música popular mexicana? Antes de irse se da tiempo para “Un viejo amor”, el tema de Alfonso Esparza Oteo que está por cumplir cien años, que ha pasado lo mismo por voces de tríos, boleristas, norteños, rancheros y al que Alborán le da un nuevo matiz: conecta la melancolía mexicana con el cante jondo.
Después de eso, su público ya no puede pedir más. Pero pide, y lo hace regresar para tres canciones más que sirven para concluir la presentación de un artista que lo tiene todo.

La conexión con México
Estira la mano y se toma una selfie. En la foto, detrás de él, se ve la Calzada de los Muertos y al final la Pirámide de la Luna. Pablo Alborán, desde la punta de la Pirámide del Sol, se sienta y medita. Un día después, al recibir el Disco de Oro por el álbum Terral, cuenta su experiencia. “Todo mundo me había hablado. Todo el mundo me dijo que tenía que ir y me encantó porque fue como conectar con un país completo. Fue una experiencia increíble que la verdad me hizo sentir pequeñito. Fue muy simbólico encontrar tanta grandeza”.
Además de Teotihuacán, también visitó San Miguel de Allende. “Brisa de colores”, “Patios inspiradores”, “Calles mágicas” fueron algunas de las imágenes que le generó la ciudad designada como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. “Cada vez que vengo me enamoro más de México porque he tenido tiempo de conocerlo y me parece un país increíble”, dijo en la premiación por sus altas ventas, que se realizó horas antes del concierto.
El viaje, explica, no sólo fue turístico: “Mi próximo disco tendrá algo del espíritu mexicano. No sólo conecté con México, también conmigo”.
La primera vez que Alborán se presentó en nuestro país fue en 2013, en el Lunario, y como ya venía precedido de la fama que dan las redes sociales, ofreció ahí dos conciertos con boletos agotados. En 2015 pisó el escenario del Auditorio Nacional como parte de Terral, un tour que parece no tener fin. (J.A.Q.)

Programa
Terral / Está permitido / La escalera / Pasos de cero / Ecos / Recuérdame / Quimera / Un buen amor / Desencuentro / Palmeras en la nieve / Quién / Miedo / Beso / Perdóname / Te he echado de menos / Se puede amar / ¿Dónde está el amor? / Tanto (con Carlos Rivera) / Éxtasis / Volver a empezar / Solamente tú / Un viejo amor / Por fin / Despídete / Vívela.

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