miércoles, 18 de mayo de 2016

Pablo Milanés, Óscar Chávez y Fernando Delgadillo: Dime con quién cantas y te diré quién eres



De poeta a poeta / 18 de mayo, 2016 / Función única / 3:25 hrs. de duración / 
Promotor: ORT México y Cenit Espectáculos.

Gustavo Emilio Rosales
Esta noche hay canto y cuento. Historias atrapadas en la piel de una guitarra, en la experiencia de voces que juegan, como el mítico Adán, a nombrar las cosas por vez primera, pese a que llevan décadas diciendo casi todo lo que se puede mencionar.

Pablo Milanés y Óscar Chávez entonan juntos “Por ti”, sin duda la canción de mayor fama compuesta por el segundo y una de las más célebres piezas del repertorio romántico en idioma español, con la misma tierna sensibilidad de quien pudiera hacerlo al oído de su novia adolescente, en la banca de un parque o en la esquina del zaguán de la casa familiar.

Cuento que es canto. No es la anécdota del tema, por muchos conocida, la que mueve a placer o conmoción; tampoco lo es un estribillo que pudiera pecar de pegajoso, sino la armonía total de la composición que nos entrega, reinventado, el filo de la tragedia cotidiana en “Para vivir” (“y ahora ves, lo que pasó / al fin nació, al pasar de los años, / el tremendo cansancio que provoco ya en ti / y aunque es penoso lo tienes que decir”), de Milanés; o la tumultuosa riqueza de imágenes asombrosas que dan cuerpo a la novela Cien años de soledad, sintetizada en la pieza “Macondo”, de escasos tres minutos y fracción escrita por el compositor peruano Daniel Camino Diez-Canseco y popularizada por la voz grave de Chávez, en una singular versión de cumbia para guitarra lograda por el polifacético e inolvidable músico mexicano Chamín Correa.
Canto que es cuento. Fernando Delgadillo luce enorme al frente del ensamble de músicos que lo acompañan y que presenta como Los Canchanchanes Místicos. Su tamaño corporal resulta equivalente a su charla. Cada tema tiene un preámbulo de un minuto o dos, en el que el cantautor de Naucalpan, creador del encuadre musical llamado Canción informal, traza el prisma de una historia en que la chica deseada promete, él muerde el anzuelo y al final ella lo deja, según la lengua de los viejos fabulistas, con “un palmo de narices”; es decir, frustrado, corto, desairado. Su narración está impregnada de un tono jocoso que tiende a alargar las frases en un dejo de resignación que vincula piezas que significan ya su marca personal, como “Pronóstico del tiempo” y “Entre pairos y derivas”.
En el espacio que le ha sido reservado para actuar, entre la primera intervención de Delgadillo y lo que será el cierre del concierto a cargo de Pablo Milanés, Óscar Chávez no pierde oportunidad de poner el dedo de su inspiración en la llaga de un problema político que, de acuerdo con él, “tiene ya tantos años que parece que esta canción la escribí antes de nacer”, y ofrece así “Se vende mi país”, una pieza que se encuentra hermanada en este contexto con “Siempre me alcanza la danza” y “Hasta siempre” —la primera, dedicada al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional; la segunda, al comandante guerrillero Ernesto Che Guevara—; tríada que representa uno de los géneros musicales que distinguen particularmente el estilo de este cantautor nacido en el corazón de la colonia Portales: la otrora llamada Canción de protesta. En compañía de un trío de excelentes guitarristas, el también nombrado Caifán Mayor (por su participación como actor en la cinta Los Caifanes, de Juan Ibáñez) brinda referentes de su cancionero romántico, como “Perdón” y “¿Sabes?”, al lado de composiciones de índole filosófica, como “Alta traición”, inspirada en un texto del escritor José Emilio Pacheco.
Para abrir su turno, Pablo Milanés también elige musicalizar un poema; se trata de “En paz”, la famosa despedida existencial del aedo de Tepic, Amado Nervo. Parsimonioso, portador de un vozarrón que parece haber resurgido de cenizas, el trovador cubano, en compañía de un ensamble instrumental en el que destacan objetos de percusión afrocaribeños, brinda su talento con generosidad a lo largo de los hitos de una historia musical que ocupa cuarenta y siete discos. Aparecen así temas consagrados, como “Yolanda” y “Cuánto gané, cuánto perdí”, al lado de otros menos conocidos pero que, de acuerdo con lo dicho por el propio cantante, son de su predilección: “Días de gloria” y “Nostalgias”.
La tranquilidad con la que el cantante expresa las sonoridades poéticas que han marcado la biografía sentimental de varias generaciones, le brinda un aire de esfinge: es rotundo, no sólo por su gran tamaño, por el contraste entre el color oscuro de su piel y el fulgor plateado de sus cabellos, sino también por la fuerza expresiva de su canto, que de varios modos es patrimonio cultural de Cuba.
Juntos, al filo de la medianoche, los tres cantores, los tres cuentistas, los tres poetas sellan una alianza con el buen decir en la interpretación conjunta de uno de los más hermosos temas de Pablo Milanés, “El breve espacio en que no estás”, con el soporte de una orquesta de cámara que ha intervenido en los pasajes más románticos del concierto. Han pasado ya varias horas desde que la joven debutante Adriana Santiago abrió la velada cantando un tema de propia inspiración, “Ya no te espero”, y el público que colma el recinto no deja de aplaudir, de ondear las pantallas encendidas de su celular como si fueran linternas de deseo o esperanza que intentaran iluminar una verdad artísticamente postulada ahora y aquí: la poesía sabe.

Musas de buena madera
Naucalpan de Juárez, 11 de noviembre de 1965; Ciudad de México, 20 de marzo de 1935; Bayamo, Cuba, 24 de febrero de 1943. Si algo tienen en común las fechas de nacimiento de Fernando Delgadillo, Óscar Chávez y Pablo Milanés es que no son recientes; pertenecen, literalmente, a otros mundos, otros tiempos. Por ello, resulta asombroso que los cancioneros de estos tres artistas sigan conmoviendo a multitudes en la actualidad. Es como si lo que cambiara radicalmente en la cultura fueran datos y figuras, pero no el núcleo espiritual del corazón humano, obsesionado permanentemente con problematizar el miedo, el amor, la soledad, el ser, la muerte.
Un vaso comunicante entre estos creadores es su vocación por experimentar musicalmente. Notable, en este sentido, resulta ser la decidida labor etnomusical de Óscar Chávez, quien se ha ocupado de rescatar piezas olvidadas del acervo cultural mexicano, particularmente las que datan del periodo revolucionario. Por su parte, Pablo Milanés, desde sus inicios como miembro del Grupo de Experimentación Sonora, tutelado por Federico Smith y Leo Brower, ha abrazado la ruta de fusionar elementos acústicos de talante afroamericano con estructuras provenientes del jazz y diversos estilos de la canción contemporánea de España. Las investigaciones de Delgadillo, quizá más discretas, están centradas en el desarrollo de textos que permitan el florecimiento de la musicalidad, sin menoscabo de la anécdota ingeniosa.
La presencia equitativamente distribuida de jóvenes, adultos y abuelos en el concierto De poeta a poeta es señal de un valor escasamente visto en las rutinas actuales de la industria musical: la permanencia. De ahí que no sea exagerado afirmar que la realización de este concierto tiene una impronta ceremonial, en la que los tres protagonistas son portadores de un mensaje que merece permanecer vigente, de era en era. (G.E.R.)

Programa
Adriana Santiago: Ya no te espero. Fernando Delgadillo: Pronóstico del tiempo / Hoy ten miedo de mí / Serenata / Entre pairos y derivas / Tu prisa / Enseña nacional / Momentos pendientes / Llueve / Llamadas anónimas. Fernando Delgadillo y Óscar Chávez: Déjame morir en ti. Óscar Chávez: Nunca jamás / Siempre me alcanza la danza / Alta traición / Huapango viejo / Duele / Quiero queriendo / Se vende mi país / Hasta siempre / Perdón / Macondo / ¿Sabes? Óscar Chávez y Pablo Milanés: Por ti. Pablo Milanés: En paz / Cuánto gané, cuánto perdí / De qué callada manera / Si ella me faltara alguna vez / Amo esta isla / Amor de otoño / El otoño del amor / El amor de mi vida / Nostalgias / Días de gloria / El tiempo, el implacable, el que pasó / Para vivir / Yolanda. Fernando Delgadillo, Óscar Chávez y Pablo Milanés: El breve espacio en que no estás.

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