domingo, 29 de mayo de 2016

Maluma: El aire arde



En concierto / 29 de mayo, 2016 / Función única / 2:25 hrs. de duración / 
Promotor: Westwood Entertainment, S.A. de C.V.

Gustavo Emilio Rosales
Ha quedado hecho trizas el llamado umbral de audición: la capacidad que el oído humano tiene de escuchar sonidos. Y si las miles de personas que abarrotan el recinto siguen gritando desaforadamente, es probable que se rompa algo más: un record de emotividad en un concierto masivo, por ejemplo.

Maluma tiene apenas algunos segundos de estar entonando las primeras palabras de una canción, pero no se le escucha porque el alud sonoro que literalmente tapiza a este joven colombiano de veintidós años de edad es más poderoso que los timbres de su música, que los pasos de su grupo de danza, que el mensaje de placer latino que se dispone a desarrollar. Se queda quieto, estupefacto ante la multitud de diez mil gargantas que con su fuego entrañable lo poseen; alguien que camine por Reforma quizá piense: “suena como a espíritu adolescente”.

El cataclismo energético encuentra consuelo en el disparo simultáneo de vigorosas torres de humo albo, que surgen del piso del escenario como surtidores activos de ballenas que nadaran bajo nuestros pies, conmocionando con su furia la lógica tradicional del pacto escénico. Habrán transcurrido dos minutos, no más, desde el origen del concierto, y ya los cuerpos de los protagonistas, y sin duda también los de las cientos de personas que decidieron presenciar el concierto de pie, en una zona liberada de butacas frente al escenario, se encuentran empapados en su propio sudor. El aire arde.
Maluma, por intuición más que por experiencia, poco a poco asume su lugar: el control de las acciones. Le respalda un conjunto de seis bailarines, dos de ellos varones, en el que las mujeres parecen haber sido seleccionadas por la exigencia simbólica de representar la impronta humana, pues hay una rubia, una que tiene piel de noche cerrada, una beldad de corte asiático y una morena brava. Este tándem coreográfico es hacedor de puentes entre las construcciones acústicas que elabora un grupo de seis músicos al fondo del escenario, y la delgada figura del hombre frontal de la velada, quien, enfundado en un conjunto blanco, luce en ocasiones algo desamparado; azorado, como si acabara de surgir de alguno de sus múltiples videoclips, que cuentan con millones de visitas en los lugares clave de Internet. 
“Gracias mi gente, por ustedes soy y les prometo que mientras ustedes quieran voy a seguir cantando”, sostiene el oriundo de Medellín, ciudad andina, mientras el público híper estimulado se anticipa a su rutina danzando con la lengua de fuera, agitando los brazos extendidos por delante del torso; enfatizando los movimientos en la zona de la pelvis para cumplir así con el canon del baile internacionalmente conocido como perreo. Cualquier similitud entre el panorama general de este concierto y lo consignado en las notas de los investigadores dedicados a describir las festividades que las bailarinas en estado de éxtasis, conocidas como bacantes, celebraban en la Grecia clásica para honrar a Dioniso, dios del vino, no habría de ser mera coincidencia. 
Explosiones de serpentinas y papel picado multicolor acompañan el fenomenal despliegue de la potencia orgásmica colectiva. Se instaura, sin fisuras, una dimensión impermeable a cualquier postulado feminista. Las chicas acuden, se brindan, se comparten, se multiplican, vienen y se marchan tal como aparecieron —súbitamente y sin problema— en el imaginario recurrente que ha instalado el repertorio de Maluma en el gusto de millones de adolescentes, de acuerdo con las listas que miden la salud del pop latino y sus cientos de estilos divergentes. Tal es el motor de un frenesí que alcanza uno de sus más notorios clímax cuando una joven bella, supuestamente elegida entre el público, sube a escena para ser seducida y posteriormente besada en la boca por el galán de la noche. El momento del beso produce violentos sacudimientos en el organismo de una jovencita que no debe tener aún los quince años de edad; suscita efectos similares en una cantidad incontable de asistentes, no pocos varones incluidos.
Es subyugante constatar que en un mismo ámbito, en el que sofisticadas computadoras e instrumentos electrónicos producen un catálogo sonoro de timbres y matices inauditos, amparados por atmósferas de luces que con su colorido y capacidad de producción dinámica desafían los límites de la percepción humana, el detonador de las pasiones del drama ritual siga siendo, como antaño lo fue en los cuentos de hadas, el siempre misterioso, siempre anhelado, por siempre incomprensible, beso de lengüita. 
La producción de este concierto dosifica lo que podría convertirse en un cataclismo pasional mediante la intervención de un bloque romántico, en el que Maluma y un tecladista ofrecen, cerca del proscenio, una especie de serenata a esa Hidra en reposo en la que el público se ha convertido. La intervención de un corista excepcional llamado Luis (especie de alter ego de la figura principal) y la visita sorpresa del también cantante colombiano Pipe Bueno —quien ha grabado varios temas de éxito al lado de Maluma—, completan el rumbo del concierto hacia un cierre de esplendor en el que se brindan las piezas más esperadas de la noche, como “Temperatura”, “Obsesión” y “Party Animal”, en tanto que la fatiga brilla por su ausencia.
Rodeados por videos que, en mil colores y a través de un diseño impactante, inspirado en el estilo fronterizo conocido como “arte chicano”, presentan motivos mexicanos, como calaveras, mariposas y catrinas, los músicos y bailarines concentran sus energías hacia la interpretación que Maluma —ataviado ya con una camiseta de la Selección Mexicana de futbol y sosteniendo el micrófono con su brazo de poder (el izquierdo, repleto de tatuajes)— hace de “El rey”, de José Alfredo Jiménez, momentos antes de cerrar el recital con una versión intensa del sencillo “Borró cassette”. Aunque lo anterior debe ser relativo, porque una experiencia de tal magnitud no debe terminar de la misma manera para todos; en este orden de ideas, la pregunta interesante sería, acaso, si algunos de los presentes se encuentran decididos a no dejarla concluir dentro de sí. 

El pop urbano
El aún preadolescente Juan Luis Londoño Arias se tatuó en el gemelo de la pierna izquierda las sílabas iniciales de los nombres de sus seres más queridos: Margie, su mamá; Luis, su papá; y su hermana Manuela. De esta forma, lo que para muchos es un vocablo indígena indeterminado y asociado con magias de potencia sexual —Maluma—, resulta ser la síntesis carnal de la identidad más inmediata: aquella que proviene del seno familiar.
Juan Luis iba a ser jugador profesional de futbol. Estaba decidido. Su virtuosismo en el campo de juego lo convertiría en una nueva esperanza para el seleccionado de Colombia, según su entrenador. Pero cierto día uno de sus tíos le dijo, con voz de Hado, “pero si usted tiene más talento para la música, qué va a hacer de jugador”, sembrando con ello un demonio de la tentación que no se vio aplacado hasta que el chico grabó un par de cortes de su inspiración en el estudio de unos amigos y la experiencia le resultó fascinante. De ese momento al año 2012, en que su disco debut Magia superó en su país los records de venta para un artista juvenil, pasaron pocos meses.
Tal pareciera que este joven, haga lo que haga, está predestinado a triunfar. Por eso cuando dijo, después de participar como juez y entrenador del afamado programa de televisión La voz kids, “yo no soy reguetonero, lo mío es pop urbano”, no resultó extraño que comunidades enteras de reguetoneros se declararan admiradores suyos, saturando sus cada vez más numerosas presentaciones en conciertos y programas juveniles a escala latinoamericana, hasta atraer la atención de artistas mucho mayores que él, como Elvis Crespo, Carlos Vives, Maía y Thalía, quienes de inmediato le solicitaron grabaciones a dúo.
Intérprete de sus propias composiciones, usuario de sus propios diseños de vestuario, Maluma es uno de los artistas jóvenes de más vertiginoso ascenso. Su don vocal y simpatía, al tener el toque del Rey Midas, le auguran un éxito sin techo. (G.E.R.)

Programa
Borró cassette / El perdedor / La curiosidad / Desde esa noche / Addicted / Sin contrato / El Tiki / Vuelo hacia el olvido / Tengo un amor / Salgamos / La invitación / Te hubieras ido / Dueño de ti / Temperatura / Obsesión / Juegos prohibidos / Party Animal / Miss Independent / El rey / Carnaval / Borró cassette (bis).

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