viernes, 20 de mayo de 2016

Ana Gabriel: Desnudar el alma


20 de mayo, 2016 / Función única / 2:15 hrs. de duración / 
Promotor: Westwood Entertainment, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Ana Gabriel dice que se muere, que está cerca de arrojar su último suspiro gracias a un amor desgraciado. Y aunque presume su agonía, los estertores que sufre con micrófono en mano, comunica que no tiene planeado pedir perdón para aliviar su dolor, eso jamás; de hecho, advierte que va a regodearse en su suplicio, a saborearlo con calma, al fin y al cabo cuenta con el apoyo de miles que, con el corazón en la garganta, apoyan cada una de sus quejas.
“Soy como quise ser”, entona la cantante con los brazos abiertos y la mirada puesta en el cielo, un tema que opera como su “My Way”, como una fiel declaración de principios que la presenta segura y plena: “amé cuanto pude amar, gocé de todo en abundancia, la vida yo disfruté y nunca me he negado nada”. Congruente, a nivel escénico la intérprete dispone de una generosa plantilla de músicos donde se asoman lo mismo violines y percusiones que sintetizadores y coristas. Esta noche no hay por qué escatimar, por eso el arribo de un tema como “No te hago falta” se acompaña de aglomeraciones de estrellas en las pantallas, la evidencia de que lo que hoy importa es darle la dimensión justa a las emociones que el amar desata.
Inmenso, tanto como “Mar y arena”, el rango de sentimientos abordados requiere de la presencia de un mariachi, porque si bien una guitarra eléctrica sonoriza efectivamente una caricia, nada mejor que un guitarrón para acompañar los rasguños que evoca “Sin problemas”. “Yo que todo te lo di, ahora te niegas a escucharme”, reclama la sinaloense sin abandonar la sonrisa, consciente de que de su parte no hubo errores y que por lo menos se merece una explicación antes de despedirse del desafortunado querer. Pero la tanda de rancheras no se detiene ahí, los paisajes campiranos que los de los sombreros dibujan son coloreados por historias que alcanzan la cumbre una vez que se invita a huir bien lejos, hacia un sitio donde no existan leyes ni justicia, tal como José Alfredo Jiménez propuso alguna vez en “Vámonos”.
Sin embargo, es cuando todos los ejecutantes atienden sus partituras que la ovación se acrecienta. En ese sentido, el relato de un cariño rebelde, de una relación tortuosa que sobrevive “A pesar de todo”, hace que el público se desborde, tanto como cuando la de Guamúchil le declara su afecto a Angélica Rivera, quien desde las primeras filas disfruta del espectáculo. “Te amo y te admiro porque tú eres nuestra Gaviota”, confiesa la cantante entusiasmada.
Más tarde afirma: “a estas alturas ya no existen distancias entre artista y público. Por eso quiero pedirles que rompan el hielo. Los invito a bailar y a cantar porque éste es su show”. Y los presentes atienden la petición, desgarrándose con las rimas de “Es demasiado tarde”.
“Al principio de mi carrera me daba vergüenza dar a conocer mi música porque sentía que, al hacerlo, de alguna forma desnudaba mi alma. Además, no me gustaba mi voz. Pero cuando en los bares me escuchaban cantar, muchos me decían que si raspaba mi garganta les erizaba la piel. Lo extraño era que en las disqueras me decían que yo cantaba muy raro; mi estilo era totalmente diferente a lo que había entonces”.
La Diva de América recuerda sus primeros días en el mundo del canto antes de acercarse al trayecto final del espectáculo; haciendo a capela “Huelo a soledad”, dedicándole a su madre fallecida “Y aquí estoy”, y preguntando envidiosa “Quién como tú” para luego aliviar la rugosidad de sus cuerdas vocales con el perfume del “Pecado original”. “A partir de ahora, me tomaré unos días de vacaciones para luego grabar un disco nuevo, la clase de álbum que ustedes se merecen. Así que no les digo adiós, sino hasta siempre”, remata la también compositora al tiempo que del “Cielito lindo” le llegan las palmas que la invitan a cumplir con su descanso.

El nacimiento de un estilo 
María Guadalupe Araujo Yong abandonó su natal Guamúchil, Sinaloa, en plena adolescencia, para mudarse a Tijuana con su familia. En la franja fronteriza seguiría sus estudios al tiempo que la intensa vida nocturna de la ciudad la abrazaba, situación que aprovechó cantando en múltiples bares, donde poco a poco fue forjando un peculiar estilo vocal que, en determinado momento, los ejecutivos de diversos sellos discográficos no supieron apreciar. 
Fue a mediados de los años ochenta que la artista consiguió participar en el Festival OTI con una composición firmada por ella misma, “A tu lado”. Desde ese momento arrancaría una fructífera relación con dicho certamen, participando en diversas ediciones; en 1987 ganó el primer lugar con “Ay amor” y participó en la edición internacional en Lisboa, Portugal, donde obtuvo el tercer sitio.
Su debut discográfico tuvo lugar en 1985 (Un estilo); sin embargo, la sinaloense se haría del gusto del público con su segundo trabajo, Sagitario, editado un año después, pues de la mano de “Y aquí estoy” escalaría las listas de éxitos para no descender jamás. A la fecha, la cantante ha grabado más de treinta discos y ha compartido talento con personajes del calibre de José Feliciano, Vicente Fernández y Armando Manzanero. (A.G.C.)

Programa
Ay amor / Mar y arena / Destino / Sin tu amor / No voy a pedir perdón / Soy como quise ser / Lo sé / Esta noche / No te hago falta / Cómo olvidar / Ahora / Sin problemas / Mi talismán / No entiendo / Vámonos / A pesar de todo / Mariachi con tambor / El cigarrillo / Es demasiado tarde / Cosas del amor / Evidencias / En la oscuridad / Hasta que te conocí / Huelo a soledad / Y aquí estoy / Quién como tú / Luna / Simplemente amigos / Cielito lindo / Pecado original / Hice bien quererte / Es el amor quien llega. 

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