sábado, 16 de abril de 2016

Roberto Devereux: La proeza de Radvanovsky


Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York, en pantalla gigante de alta definición. Temporada 2015-2016
Función única / 3:05 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Nadie puede negar que la gran estrella de Roberto Devereux es Sondra Radvanovsky (Isabel I), quien ha realizado la proeza de interpretar con éxito —en la actual temporada del Met— a las tres reinas Tudor de Donizetti. Sin embargo, la participación de Elīna Garanča (Sara) también cala muy hondo y por eso no es extraño que el público del Auditorio Nacional externe enorme júbilo cuando la mezzosoprano letona se refiere a México al platicar con la anfitriona Deborah Voigt.

Para quienes no lo saben, es necesario decir que en los intermedios de las transmisiones en vivo, desde el Lincoln Center, suelen entrevistar a los cantantes principales, quienes llegan a la charla un poco agitados porque segundos antes eran personajes de ficción y de pronto son abordados tras bambalinas. Tales contenidos son vistos en más de dos mil recintos de setenta países, adscritos al programa The Metropolitan Opera HD Live. Por eso, Garanča saluda en letón a sus paisanos, luego dice en español “Viva México” y anuncia en inglés que en enero próximo cantará en nuestro país.

En esta nueva producción de Roberto Devereux, David McVicar no se complicó la existencia y el resultado es conmovedor. Simplemente consiguió a los mejores cantantes y actores para los papeles principales —Matthew Polenzani (Conde de Essex) y Mariusz Kwiecień (Nottingham) completan el cuarteto de lujo—, y optó por utilizar escenografía y vestuario de época (Palacio de Westminster, 1601).
Aunque Ana Bolena y María Stuarda, con Radvanovsky como protagonista, no formaron parte de las transmisiones del Met, todo parece indicar que la soprano alcanza la cumbre mayor como Reina Isabel en Roberto Devereux (así lo cree Anthony Tommasini de The New York Times) y, por fortuna, de ese modo puede ser apreciada por cientos de miles de aficionados a la ópera.
Según Tommasini, Radvanovsky “canta con poder abrasador y una coloratura incisiva”, aunque también advierte que en su voz “siempre ha habido bordes irregulares a los que uno tarda en acostumbrarse”. La Reina que muestra McVicar inicia la historia con cierta majestuosidad, aunque una leve cojera y un bastón anticipan que la decrepitud está a la vuelta de la esquina.
El envejecimiento se acelera cuando la soberana intuye que su ex favorito, Devereux, está enamorado de otra mujer. De manera paralela, el Consejo inicia un juicio contra él por supuesta traición a la patria. La Reina podría anular el proceso, pero no lo hace porque quiere venganza, igual que Nottingham cuando se entera que su esposa Sara es la dama por la cual suspira Roberto (y no es mal correspondido).
Tal pareciera que nadie quiere hacer daño a los demás sino que todos son marionetas del destino. Sara se justifica al decir que su matrimonio fue arreglado por la Reina y nunca estuvo enamorada de Nottingham. Roberto sufre porque engaña no sólo a Isabel I sino también a su amigo y, por si fuera poco, sabe que cuando lo ejecuten a él Sara quedará expuesta al escarnio público.
Tommasini destaca el glamour y la voz aterciopelada de Garanča, que contrastan con la personalidad señorial y el sonido metálico de Radvanovsky. El trabajo del barítono Kwiecień lo define como “un sonido viril y lirismo al alza que capturan la decepción que siente respecto a su esposa y amigo”. De Polenzani dice que aprovecha bien las oportunidades de recordarnos que la ópera se llama Roberto Devereux, sobre todo en la larga escena de la Torre de Londres en que anhela el perdón.
En el tercer acto la belleza de Sara no ha sufrido merma alguna, mientras que la Reina aparece ya sin la peluca pelirroja que antes disimulaba un poco su edad. El dramatismo alcanza el punto culminante cuando Isabel I quisiera cambiar su corona por el amor de Roberto y ya confunde el trono con su propia tumba.
Los coristas del Met, caracterizados como miembros de la corte, han atestiguado el drama de una mujer poderosa que ya no quiere gobernar ni seguir viviendo. Roberto es decapitado sin que Sara pueda evitarlo; Nottingham no ha creído en sus lágrimas y ha dejado todo en manos “del vengativo dios de los esposos engañados”.
Las ovaciones en el Met y en el Auditorio Nacional son la muestra del delirio colectivo. Hay fuertes aplausos para todo el elenco y el director concertador Mauricio Benini, pero la estridencia es mayor cuando las palmas y los bravos son para Radvanovsky, quien llora de emoción.

Una monja equilibrista
• Como “una joya del repertorio belcantista” definió el maestro Sergio Vela a la ópera Roberto Devereux, durante la tradición charla previa en el Lunario. También hizo énfasis en el hecho de que Donizetti no creó obras sólo para exaltar la destreza técnica de los cantantes, sino que además “hay un contenido hondamente emocional”.
• El maestro Vela recordó que suele usarse el término bel canto como sinónimo de ópera, aunque en realidad se trata de un estilo de composición e interpretación; una forma de emitir sonidos y frasear, una producción impecable del legato en todo el registro del intérprete, dicción pulcra, ligereza en los agudos y flexibilidad en la ornamentación.
• En una entrevista con el diario inglés The Guardian, Sondra Radvanovsky dio la receta para conservar las cualidades de su voz: “Portarme como una monja”. Es decir, comer sanamente, acostarse temprano y estudiar. También dijo que practicar el bel canto es algo parecido a caminar por la cuerda floja.
• El estreno mundial de Roberto Devereux se produjo en el Teatro San Carlo de Nápoles, en 1837. Gaetano Donizetti (1797-1848) perteneció a la célebre tríada belcantista italiana compuesta por él mismo, Gioachino Rossini y Vicenzo Bellini. Donizetti compuso setentaicinco óperas, entre las que destacan Lucía de Lammermoor, La hija del regimiento, Ana Bolena y Don Pasquale. (F.F.)

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