sábado, 2 de abril de 2016

Madama Butterfly: Entre el amor y la honra

Foto: The Metropolitan Opera

Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York, en pantalla gigante de alta definición. Temporada 2015 - 2016 / 2 de abril, 2016 / Función única / 3:25 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Hace apenas cuatro semanas, en la pantalla gigante del Auditorio Nacional se vio a Kristine Opolais haciendo trizas los sentimientos de Roberto Alagna dentro de la historia de Manon Lescaut, de Puccini. Hoy las cosas son al revés porque la soprano letona interpreta el papel principal de Madama Butterfly, del mismo compositor, y el tenor francoitaliano se mete en los zapatos del insensible Pinkerton. Además de excelentes cantantes, ambos son buenos actores, sobre todo ella.
En Manon Lescaut, Opolais era una convincente mujer fatal que se vendía al mejor postor, y como Cio-Cio San en Madama Butterfly es una creíble dama japonesa que renuncia a todo para casarse con un teniente de la armada estadounidense. En el primer caso, una rubia despampanante que parecía surgida del cine negro estadounidense y, en el segundo, una atractiva mujer de larguísimos cabellos negros para quien el amor y la honra son una misma cosa. El arte del transformismo en su máxima expresión.
Eric C. Simpson, crítico de New York Classical Review, escribió que Kristine Opolais alcanza la excelencia a pesar del tono ligero de su voz, “pero con suficiente cuerpo para llenar el papel. Lo que más destaca en ella es el compromiso absoluto en su trabajo, con una intención precisa en cada línea”. Rubén Amón, de El País, comentó al respecto: “Es una soprano de enorme poder dramático, que rebasa el estereotipo de la geisha de origami para convertirse en una suerte de mártir griega”.
La mancuerna Alagna-Opolais repite en tan poco tiempo no por falta de más barajas en el Met, sino porque el tenor sustituyó casi de último momento a Jonas Kauffman como Des Grieux en Manon Lescaut. Muy cerca de cumplir medio siglo de vida, Roberto Alagna está en la cumbre de su carrera y lo demuestra con un Pinkerton vivaz y potente.
La producción del ya fallecido Anthony Minghella data de 2006 y se caracteriza por la exquisitez en cada uno de los detalles. Los personajes se mueven en medio de una escenografía minimalista compuesta de pequeños paneles movibles, mientras el color del horizonte cambia para enfatizar los sentimientos y pasiones que prevalecen en las escenas. De manera paralela a la acción, hay un espléndido trabajo coreográfico que fue creado por Carolyn Choa, la ahora viuda de Minghella.
La historia inicia a principios del siglo XX, cuando Pinkerton renta un palacete en el puerto de Nagasaki, pues planea casarse con la lugareña Cio-Cio San. El cónsul Sharpless (Dwayne Croft, barítono) le sugiere al marino que piense bien las cosas antes de dejar la soltería porque podría hacerle mucho daño a una mujer tan enamorada. La boda inicia con gran alegría, pero termina mal cuando los asistentes se enteran de que la nueva esposa se ha convertido al cristianismo.
Pinkerton abandona Japón porque su trabajo así lo requiere y tarda tres años en volver. Cio-Cio San lo ha esperado con paciencia y fidelidad, acompañada de Suzuki (Maria Zifchak, mezzosoprano), su comprensiva ama de llaves. Pinkerton regresa con una nueva esposa americana, sin saber que ha engendrado un hijo con Cio-Cio San, quien se quita la vida con una daga.
El niño es representado por un muñeco inspirado en el teatro Banraku del siglo XVII, manipulado por tres titiriteros más o menos camuflados con ropas y pasamontañas de color negro. La presencia del pequeñín causa azoro en el Lincoln Center y en el Auditorio Nacional porque se mueve como si realmente tuviera vida.
En esta ocasión, la infalible orquesta del Met es dirigida por el inglés Karel Mark Chichon, quien aporta sutileza a la genial partitura. Los estupendos cantantes estadounidenses Maria Zifchak y Dwayne Croft repiten en los papeles que desempeñaron en 2009, cuando Madama Butterfly se transmitió en vivo desde Nueva York, aunque en aquella ocasión los roles estelares corrieron a cargo de Patricia Racette y Marcello Giordani.
Con cualquiera de los elencos mencionados, los espíritus de Puccini y Minghella cabalgan de nuevo.

Llorar por dentro
• Durante la tradicional charla previa en el Lunario, el maestro Sergio Vela definió a Madama Butterfly como “una piedra angular del repertorio operístico de todos los tiempos, aunque su debut en La Scala, de Milán, en 1904, no fue nada exitoso”. Puccini hizo algunos cambios y la versión definitiva se presentó meses después en Brescia, con muy buena recepción.
• El maestro Sergio Vela atribuye la popularidad de las óperas de Puccini a “su deslumbrante capacidad melódica y a la empatía con los sentimientos de todo tipo de espectadores”. Acerca del argumento de Madama Butterfly, lo definió como “de extrema sencillez, que puede ser explicado en un dos por tres, pero que se caracteriza por la hondura sicológica del personaje principal”.
• En las entrevistas del intermedio, Kristine Opolais declaró que Cio-Cio San es su papel favorito y que al ejecutarlo está “llorando por dentro”. La presentadora Debra Voigt preguntó cómo fue la transición de Manon Lescaut a Madama Butterfly; Opolais dijo: “Por supuesto que son distintos, pero siguen siendo Puccini, y Madama Butterfly requiere de notas más altas”.
• Para Roberto Alagna, el papel de Des Grieux es más difícil que Pinkerton, pero este último tiene su complejidad “porque en el primer acto hay tres arias muy largas y estoy todo el tiempo en escena, mientras que en el segundo no canto nada y eso tampoco es fácil”.
• Dentro de la partitura de esta ópera hay un breve guiño al Himno Nacional de Estados Unidos, que causó algunas risas entre los espectadores del Met de Nueva York y del Auditorio Nacional. (F.F.)
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