jueves, 7 de abril de 2016

Les Luthiers: Asesinos del fastidio



¡Chist! Antología / 7, 8 y 9 de abril, 2016 / Tres funciones / 
2:00 hrs. de duración / Promotor: Erreele Producciones, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
“Vuelvo a ti tras larga espera, pera, dulce la pera; de mi mano tómate, tomate, tomate”. Ahí las profundas rimas que Manuel Darío ideó a lo largo de un viaje por el mercado cuando era niño; ahí el germen de un talento que no haría más que crecer con el paso del tiempo. “Esa mujer me hace sufrir, esa mujer es mi dentista”, cantaría años después, sumido en la clase de depresión que todo artista incomprendido experimenta alguna vez.

“No comía ni dormía. Me sentía vacío por dentro… seguramente porque no comía”, comenta al respecto el propio cantautor, con cara compungida y antes de despedirse para ofrecer no mil, sino dos mil gracias a quienes le aplauden. Su historia, llevada a escena cual documental, opera como el primero de los varios actos que Les Luthiers ha preparado para esta noche.
Tras el drama de Darío, llega el turno de “La bella y graciosa moza marchose a lavar la ropa”, una composición firmada por Johann Sebastian Mastropiero que narra las aventuras de una bella duquesa cuyos encantos no disminuyeron con el paso del tiempo, sino que desaparecieron totalmente. La barroca obra es interpretada con pandereta, flauta y un cello cuya caja de resonancia es un bote de basura metálico y antecede la llegada de Los Ecológicos, una dupla de exiliados de cierta comuna hippie que no ha extraviado su ánimo contestatario y aún protesta ante la injusticia. El dueto pasó de denunciar cómo en los años sesenta todas las chicas hacían el amor con cualquiera (excepto con ese par, el autor de “Sólo necesitamos”) a responder cuestionamientos que sorprenderían al más ducho de los sociólogos: “¿Por qué en la ciudad todos estamos alienados? Porque la ciudad se alienado de gente”.
Sin embargo, la ópera también es domada por el grupo argentino de cantantes y cómicos. “La hija de Escipión” lo demuestra con su intrincada construcción armónica —basada en el contrapunkto— y de paso afirma la capacidad vocal de Martín O’Connor, quien lo mismo cacarea, muge, ladra y maúlla que alcanza agudos peliagudos con un vibrato perfecto. La asesina celotipia de Escipión va de maravilla con el “Bolero de los celos”, una tema extraído “del libro Atardecer de un ocaso crepuscular vespertino” que alaba la belleza de Elena, una mujer admirada por un tipo que admite su ignorancia ante la dueña de los ojos azabache: “Vacilé al escribir tu nombre en la arena, pues nunca supe bien si Elena va con H”.
Personajes antagónicos, un vampiro y un monje continúan con el programa. Y ambos se unen para renegar de sus respectivas condiciones. El primero, protagonizado por Marcos Mundstock, se queja; está fastidiado por la moda imperante que idolatra al chupasangre joven y romántico, de manera que elige una cumbia para, tentándose el pecho adolorido, reflexionar que “tu ausencia es como una estaca clavada en mi corazón”. Por su lado, el religioso, encarnado por Carlos Núñez Cortés, argumenta que si de voto de castidad se habla, prefiere anular su derecho al sufragio y jamás hincarse ante Santa Frígida. “Para tener una vida apacible” lo mejor es decir “amén, amen lo menos posible”, señala el casto a fuerzas entre cánticos celestiales.
En otro punto, Jorge Maronna y Carlos López Puccio saben bien que lo que antes se anunciaba como “moralmente inaceptable, ahora se ha vuelto inalcanzable”, al menos para ellos, apodados recientemente como Los Viejos Hazmerreires. Así, aguantando achaques, divagan respecto a su relación con las chicas; “Antes, cientos de ellas nos cedían sus gracias por pasión; ahora, gracias si ellas por compasión nos ceden el asiento”. “Es que el paso del tiempo nos ha momi… modificado”, anuncian ambos, pero aceptan la acumulación de años con aplomo y vigor, abandonando las dulces armonías vocales de antaño para inclinarse por un rap pelafustán y chirriante que acompañan con acalambrados movimientos.
Sólo Les Luthiers pueden darse el lujo de abarcar tantos matices sonoros, tantas cadencias, y salir bien librados del experimento sin escatimar carcajadas. No por nada su vena poética arranca en el cuello y termina en el dedo gordo del pie. Los sureños han salido hoy a escena como The Rolling Stones; retando ufanos el paso del tiempo, haciendo lo que les gusta, como un puñado de risueños fusilánimes. Sí, aquéllos que temen ser fusilados, como ellos mismos explican. De manera que a alejarse del paredón. Larga vida a los asesinos del fastidio.

Mala gente y música, por supuesto
Fue en 1966 que I Musicisti ofreció su primer espectáculo en directo, Música sí, claro, en el Centro de Artes y Ciencias ubicado en Buenos Aires, Argentina. Dicho combo estaba integrado por diez músicos entre los cuales se encontraban Marcos Mundstock y Jorge Maronna, quienes desde entonces ya manipulaban algunos instrumentos informales (creados por ellos mismos con cajas, botes, pelotas, tubos, entre otros materiales), como la manguelódica pneumática, el tubófono o el contrachitarrone da gamba.
Sería en 1967 que el grupo cambiaría su nombre por Les Luthiers para un año después incursionar en la televisión con un programa de doce emisiones de duración titulado Todos somos mala gente. Desde entonces, y con la bendición del inmortal Johann Sebastian Mastropiero, los argentinos han visitado diversas partes del mundo con éxito, como Uruguay, Colombia, Brasil, Argentina, España, Estados Unidos, Paraguay, Chile, Perú, Ecuador, Costa Rica, Venezuela y, por supuesto, México. Respecto a sus presentaciones en el Auditorio Nacional, a Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Marcos Mundstock y Carlos Núñez Cortés, integrantes originales, los acompañan esta vez Horacio Tato Turano y Martín O’Connor, quienes reemplazan a Daniel Rabinovich, “el notario que se volvió humorista y que el año pasado fue llamado para integrar un grupo en otra región del universo”. (A.G.C.)

Programa
Manuel Darío / La comisión / La bella y graciosa moza marchose a lavar la ropa / Sólo necesitamos / La hija de Escipión / Bolero de los celos / Educación sexual moderna / La redención del vampiro / Encuentro en el restaurante / Los jóvenes de hoy en día / Blues Opus 14 para solo de piano.

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