sábado, 30 de abril de 2016

Electra: Vengar al padre a toda costa



Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York, en pantalla gigante de alta definición. Temporada 2015-2016
30 de abril, 2016 / Función única / 1:50 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
El final de la temporada 2015-2016 de las transmisiones en vivo desde el Met de Nueva York, se produce con una ópera que no rebasa las dos horas de duración, pero su intensidad es tal —de principio a fin— que la protagonista acaba exhausta. Ciento diez minutos de sed de venganza por parte de Electra (Nina Stemme), son suficientes para que el público también se quede casi sin energía, aunque aún quedan fuerzas para una larga ovación de despedida.

Cuando por fin Orestes (Eric Owens) mata a Clitemnestra (Waltraud Meier), hay un cierto alivio generalizado. En ese momento la mayoría de los espectadores siente empatía con la rabia de Electra y cree justo que la madre pague por la factura de sus actos. Lo que sucede es que el libretista Hugo von Hofmannsthal así planeó las cosas y, dentro de la Electra de Richard Strauss, Clitemnestra no merece el perdón de nadie, mucho menos de su hijo Orestes.

Von Hofmannsthal se basó en la obra homónima de Sófocles, pero no quiso decirle al espectador que Clitemnestra estaba muy enojada con su esposo Agamenón porque él había sacrificado a Ifigenia, la hija de ambos. La reina convirtió a Egisto (Burkhard Ulrich) en su amante y entre ambos eliminaron a Agamenón. Tales hechos previos no se mencionan porque al compositor y al dramaturgo les interesaba más el conflicto psicológico que Sigmund Freud ya había estudiado cuando se estrenó Electra (Dresde, Alemania, 1909).
En la ópera de Strauss, Clitemnestra aparece simplemente como la mujer que privó de su padre a Electra, quien a las primeras de cambio aparece fuera del Palacio Real, andrajosa y casi desquiciada; para ella no hay medias tintas y su única razón de vivir consiste en vengar la muerte de Agamenón. En cambio, su hermana Crisótemis (Adrianne Pieczonka) ve las cosas con más calma y su aspiración es muy simple: conseguir marido y formar una familia (“soy una mujer y quiero el destino de una mujer”).
Comparado con el descontento de esta Electra, el malestar de Hamlet es un juego de niños. El drama planteado por Hofmannsthal es de gran intensidad, y si a eso se le agrega una partitura llena de disonancias, el resultado es una obra de arte en la que el lirismo casi está proscrito; apenas si se asoma cuando Electra se da cuenta de que el aparente forastero es en realidad Orestes.
La producción de Patrice Chéreau, que se presenta por vez primera en el Met, fue estrenada en 2013, en el Festival de Aix-en-Provence. En aquella ocasión intervinieron la soprano Adrianne Pieczonka y la elegante mezzosoprano Waltraud Meier, bajo la batuta de Esa-Pekka Salonen. Ellos tres forman parte del elenco que ahora cimbra al Lincoln Center, y se han agregado dos cantantes que se llevan la tarde: la soprano Nina Stemme —insuperable histérica que tiene sólidas razones para estar así— y el bajo-barítono Eric Owens, cuya voz parece provenir de una ultratumba micénica.
Anthony Tommasini, crítico estelar de The New York Times, escribió: “Esta producción revela, mejor que cualquiera que he visto antes, la mirada salvaje de Electra, que proyecta miedos inconscientes y una gran sensación de impotencia”. Asimismo, Tomassini destaca de Stemme su capacidad para “enfriar” notas altas y proyectar vocalmente, con exactitud y belleza, la angustia que siente el personaje en los momentos de duda.
Electra es un torbellino que advierte a su madre que sólo conseguirá dormir tranquila cuando la muerte de Agamenón sea vengada, es decir, en el momento en que alguien la mate (de preferencia, su propio hijo). Cuando corre el rumor de que Orestes ha muerto, Electra intenta convencer a Crisótemis de que la ayude a eliminar a Egisto y a Clitemnestra. Al ver que su hermana no es tan radical, planea hacerlo por sí sola, pero el rencor la paraliza. Finalmente, Orestes vuelve del extranjero para cometer el parricidio y Electra ejecuta una danza a manera de celebración; es tal su éxtasis que también muere, seguramente para encontrarse con su padre en el más allá.

Sonido denso y avasallador
• Antes de iniciar la transmisión desde el Lincoln Center, la sueca Nina Stemme le dijo a Peter Gelb —gerente general del Met— que en los momentos previos a las funciones sólo piensa en una cosa: “ser realmente Electra”.
• Nina Stemme ganó en 1993 el concurso Operalia, que patrocina Plácido Domingo; diez años más tarde, ambos protagonizaron Tristán e Isolda. Stemme es una soprano especializada en la obra de Wagner, el gran referente de Strauss para componer tanto Salomé como Electra.
• Peter Gelb le preguntó a Essa-Pekka Salonen si la orquesta que dirige en Electra es la más grande que ha sido usada en la historia del Met. El maestro respondió: “Creo que es la más grande en toda la historia de la ópera, en cualquier lugar”.
• En la tradicional charla previa, en el Lunario, el maestro Sergio Vela se refirió al árbol genealógico de Electra y concluyó, con buen humor, que con tales antecedentes era lógico que la protagonista tuviera ciertos problemas psicológicos.
• Acerca de la partitura de Electra, el maestro Vela señaló: “Tiene un sonido denso, lúgubre, pero de fuerza avasalladora”. 
• Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal hicieron mancuerna artística en Electra, El caballero de la rosa y Ariadna en Naxos, entre otras óperas en alemán.
• Además de destacado productor operístico, Patrice Chéreau (1944-2003) dirigió cintas como La reina Margot (1994), Intimidad (2001) y Gabrielle (2005). (F.F.)

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