sábado, 2 de abril de 2016

Anabanta: Una noche oscura

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional

XIX aniversario / 2 de abril, 2016 / Función única /
 2:45 hrs. de duración / Promotor: Kaimán Entretenimiento S.A. de C.V.


David Cortés
No es fácil vivir en las sombras, cantarle a la noche, pregonar la oscuridad, hurgar en los sentimientos ocultos, pero Anabanta llega a celebrar su décimo noveno año en el subterráneo del rock mexicano. ¿Dónde más, si no en las cloacas puede subsistir un sonido que se alimenta de las historias de seres noctámbulos?, ¿dónde, si no en las profundidades de la tierra, puede cantársele al amor imposible, romántico y que, poco a poco, extingue la vida?
El cuarteto (Duan Marie, voz; Fernando Sorkin, batería; Mario de la Fuente, bajo; Ulises Mac, guitarra) llega decidido a pasear a sus fanáticos por lo más representativo de una trayectoria en la cual se acumulan ya trece álbumes (incluidos directos y recopilaciones), siempre en el camino de lo gótico y el metal.
En esta ocasión, el set se ha hecho a partir de las sugerencias de sus seguidores y éstos no han dejado ningún rincón de la historia sin visitar, sin importar que Vlad Landeros, uno de sus fundadores, ya no se encuentre aquí. (Duan Marie, a la salida de su compañero, decidió eliminar la h intermedia en el nombre de la agrupación para establecer diferencias.)
Si bien abundan los tonos grises y negros en la música de Anabanta, éstos se perlan de mucha estamina. Los teclados, así como los coros, se escuchan sampleados, pero la sección rítmica es enjundiosa y permite a la guitarra establecer solos de muchas notas las más de las veces, pero que nunca llegan a cansar porque casi siempre son breves.
Sorkin, De la Fuente y Mac son diestros en sus instrumentos, pero la cereza, la gema, es la voz de Marie. Ella no escatima entrega, se prodiga en cada acometida vocal. Su garganta alcanza los registros altos con facilidad y ello le permite insuflar de toques operísticos a esas canciones que, ya bañadas por la oscuridad, se vuelven más dramáticas. Su voz es un instrumento más y la maleabilidad permite a sus compañeros intercalar pasajes en donde aflora algo de flamenco, ritmos latinos y hasta un velado reggae.
Los cuatro también pensaron el set de modo que fuera flexible y permitiera algunas formaciones distintas. Ora es la guitarra de Mac la que sustenta el instante acústico, ora es De la Fuente quien toma la guitarra y él solo acompaña a Marie, aunque las programaciones hacen lo suyo en el fondo.

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional

El trayecto es arduo, pero los fans están felices, instantes climáticos se dan en las interpretaciones de “Eres tú”, “Never Marry a Railroad Man”, “Déjà vu”, “Vampiro”, “Arianrhod”; el grupo no da tregua, bromean mucho (Marie y Mac cantan un fragmento de “Maracas”, de Joan Sebastian, cual si fuera una ópera rock; Sorkin comienza a golpear su batería y le extrae ritmo de cumbia) y siempre se muestran agradecidos a ese público “que les ha hecho llegar a esta celebración” y que son quienes, al final, salen gratificados de una larga sesión de metal gótico.


Programa
Intro / Barcos fantasmas / Nunca jamás / Desesperanza / Cerrar los ojos / Eres tú / Corazón de lágrimas / El canto a la noche / La blanca estela / Ellos / De ti, de ti / ¿A dónde van los sueños? / ¡Oh maldición! / El ladrón / Bruja / Pequeño guerrero / Te honro en el espanto / Nocturna / Never Marry a Railroad Man / El milagro / El presagio / Banshee / Condena / Arianrhod / Los mensajeros / Caen las hojas / El Diablo / Déjà vu / Vampiro / Lluvia de oro / Solamente yo / La melodía de la noche.



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