viernes, 4 de marzo de 2016

Myriam: La desolación compartida

Foto: Edgar Rubio / Colección Auditorio Nacional

Acústico / 4 de marzo, 2016 / Función única / 2:10 hrs. de duración / 
Promotor: Hugo Michelle Mejuto Sandoval.

Alejandro González Castillo
Nada peor que amanecer con el alma partida en dos tras pasar la noche llorando a escondidas. Así lo cree Myriam y lo recalca en “Lo que siento es amor”, mientras su cabello es peinado por los aires flamencos que soplan los músicos que la acompañan; luego, se presenta —“ésta es la tercera vez que piso este maravilloso escenario, pero la primera que lo hago con un show acústico; un formato muy íntimo, orgánico. Bienvenidos sean todos”— y de inmediato calcula cuántas lágrimas se derraman cada vez que el “Desamor” toca a la puerta.


Fue hace catorce años que la nacida en Monterrey ganó un concurso televisivo cuyo fin era cazar voces de talante encantador. Pero aquel triunfo, celebrado sin reservas a nivel mediático, lejos de operar como la meta de su carrera apenas significó el disparo de salida. Desde entonces, la intérprete ha editado una decena de discos y forjado una carrera cuyo único objetivo es sostener competencia consigo misma, pues romper récords de ventas a contrarreloj jamás ha formado parte de sus ambiciones. “Lo que tengo es la música a flor de piel; para mí, cantar es una experiencia casi religiosa”, comenta ante el micrófono para así poner en claro que si sus éxitos tuvieran que medirse con cronómetro en mano, sería con tal de que el trote del segundero fuese usado para registrar la frecuencia cardiaca de sus escuchas.

Arrodillada, desatando sus muñecas ante unas esposas imaginarias y con un gesto agonizante, la también actriz aprovecha sus dotes histriónicas para hacer de cada tema una efímera puesta en escena protagonizada por el despecho y la desilusión. Así, la mujer acepta sentirse cansada de obedecer deseos ajenos, harta de habitar noches desiertas. Y es justamente ese desasosiego lo que la asistencia parece sentir también, por eso vitorea que la del escenario comprenda lo que es “caer en un abismo profundo y sin fe” y que conozca bien el “miedo que causa la desolación”. Sabedora de la pena compartida, la angustiada arroja una súplica a sus compañeros de dolor: “por favor, no le dejen nada a la suerte y, jamás, nunca, permitan que nadie les haga daño”.
 
Foto: Edgar Rubio / Colección Auditorio Nacional
“A veces la vida es así”, canta la de Nuevo León, consolándose, buscando una excusa natural para las mentiras, la ausencia y el vacío; procurando de esta forma comprender por qué algunas veces es tratada como reina y en otras como esclava cuando su deseo es ser apreciada, simplemente, como mujer. Entre tanto, la audiencia apenas controla su emoción pues, tal como le fue pedido, grita, patalea, llora e, incluso, hace llamadas telefónicas urgidas para reconocer ante el auricular que se siente como una “Perra enamorada”. “Es ésta mucha emoción para mi corazón”, admite la intérprete para luego relajarse y hacer público su siguiente proyecto ante escuchas que asienten resignados, aceptando la llegada del fin: “pues que se repita, que se nos vaya haciendo costumbre vivir noches tan emocionantes como la de hoy, ¿no?”. 

Programa
Lo que siento es amor / Desamor / Huele a peligro / Es difícil / Devuélveme la vida / Cuando tú lo deseas / Usted no sabe / Prefiero estar sola / Loca / Cómo sería / Perra enamorada / Prometiste volver / Remolino (con Rodrigo y Diego Cuevas) / Sola / Dejárselo a la suerte / Popurrí de Ana Gabriel / Quiero amanecer con alguien / Contigo en la distancia / Abrázame.



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