sábado, 5 de marzo de 2016

Manon Lescaut: La audacia de Puccini



Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York. Temporada 2015-2016 / 5 de marzo, 2016 / Función única / 
3:30 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
En 1884, Jules Massenet estrenó en París la ópera Manon, con libreto de Henri Meilhac y Philippe Gille, a partir de la novela Historia del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut, del abad Prévost. Menos de una década después, tomando como base la misma historia y utilizando a seis libretistas, Giacomo Puccini tuvo el atrevimiento de componer Manon Lescaut, que se convirtió en su primer gran éxito (el estreno en Turín, en 1893, fue apoteósico).
Cuando George Bernard Shaw vio Manon Lescaut, se apresuró a nombrar a Puccini “el sucesor de Verdi”, mientras que en Francia le cerraron las puertas a esa ópera como una forma de apoyar al coterráneo Massenet. Tuvieron que pasar más de tres lustros para que se estrenara en París, en 1910, con Enrico Caruso en el papel del estudiante Des Grieux.
Un siglo después siguen vigentes tanto la versión de Massenet como la de Puccini. En abril de 2012 se pudo ver Manon en el Auditorio Nacional, en transmisión vía satélite desde el Met de Nueva York, nada menos que con Anna Netrebko en el papel principal. Ahora toca el turno a Manon Lescaut, con la letona Kristine Opolais enfundada en la mujer fatal que lleva al precipicio a Des Grieux.
Quien por poco desbarranca la producción de Richard Eyre fue Jonas Kaufmann, que por enfermedad abandonó el papel de Des Grieux sólo quince días antes del estreno. Peter Gelb, gerente general del Met, pensó de inmediato en Roberto Alagna como sustituto, quien al oír la propuesta pensó en decir un no rotundo porque nunca había interpretado a ese personaje. Sin embargo, el tenor italiano cedió a las súplicas de Gelb y sacó el barco a flote gracias a doce horas diarias de ensayos.
En su crítica del estreno, Anthony Tommasini, de The New York Times, comentó que Alagna inició la función “un poco apretado, pero luego se calentó para ofrecer un rendimiento ardiente y apasionado”. Acerca de Opolais escribió que “ella sonaba tan glamorosa como se veía… mirando a la manera de Lana Turner, con cabellera rubia y un vestido de lentejuelas”.
De parte de Tommasini todo son elogios para los cantantes —incluidos el británico Brindley Sherratt (Geronte) y Massimo Cavalletti (Lescaut, hermano de Manon)—, pero no encuentra justificación en el hecho de que Richard Eyre haya trasladado la historia a una Francia ocupada por los nazis.
En las entrevistas del intermedio, Eyre dijo que no quiso vestir a los personajes con acartonadas vestimentas del siglo XVIII, y se inclinó por un look del cine negro “porque las películas de los años cuarenta se caracterizaron por castigar las malas acciones”.
Manon Lescaut narra la historia de un joven bullicioso, alegre e ingenuo que se enamora de la mujer equivocada. Ella se dirige al convento pero en el camino se topa con un hombre viejo y rico que la pretende, y con Des Grieux, quien encarna el amor y la pasión, pero también la ausencia de lujos.
Para deslindarse de la versión de Massenet, Puccini se brinca los meses que pasan juntos Manon Lescaut y Des Grieux en París, y ubica el segundo acto ya con la dama viviendo con Geronte, quien tiene mucho dinero porque es recaudador de impuestos.
A pesar de haber sido traicionado, el estudiante perdona a Manon Lescaut y retoman el idilio. El anciano los descubre infraganti y a ella la acusa de robo. Es detenida y deportada a América en una remesa de sexoservidoras. Des Grieux logra subir al mismo barco y la acompaña en un exilio que terminará con la muerte de la protagonista.
El último acto muestra en todo su esplendor la musicalidad que Puccini desarrollaría más tarde en obras maestras como La Bohème, Tosca, Madama Butterfly y Turandot, entre otras. Alagna y Opolais resultan muy convincentes como la pareja con un destino demasiado trágico, todo por culpa de la ambición, la misma que el abad Prévost utilizó para moralizar a sus lectores.

Éxito, envidia y solidaridad
• Los libretistas de Manon Lescaut fueron Ruggiero Leoncavallo, Domenico Oliva, Marco Praga, Giussepe Giacosa, Luigi Illica y Giulio Ricordi. Leoncavallo fue el compositor de Pagliacci (1892), Ricordi era el editor de Puccini; Giacosa e Illica trabajaron también en los libretos de La Bohème, Tosca y Madama Butterfly.
• Durante la tradicional charla previa en el Lunario, el maestro Sergio Vela se refirió tanto a “la singular aprobación unánime del gran público respecto a las obras más conocidas de Puccini”, como a las críticas de quienes acusan al compositor de “utilizar efectos vulgares para conmover”. Vela considera que al segundo sector lo mueve “la envidia ante la genialidad melódica, fastuosas orquestaciones y eficaz dramaturgia, elementos con los que creó armoniosas óperas”.
• Durante las entrevistas de los intermedios, la conductora Deborah Voigt le preguntó a Roberto Alagna por qué aceptó sustituir a Jonas Kaufmann con tan poco tiempo para ensayar. El tenor respondió: “Lo hice por Peter Gelb, es un buen hombre y ha hecho mucho por mí”. También dijo que ha cantado casi todos los papeles para tenor de Puccini y que Des Greux es el más difícil de todos.
• Kristine Opolais señaló que ama la música y los personajes de Giacomo Puccini, especialmente Manon, “por su poder”. El director de orquesta, Fabio Luisi, alabó la libertad creativa de Puccini, “superior a la de Verdi”. (F.F.)

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