jueves, 10 de marzo de 2016

Los Rumberos de Massachusetts: Fiesta en el octavo mar

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


10 de marzo, 2016 / Función única / 
2:00 hrs. de duración / Promotor: Daniel Bitran. 

Alejandro González Castillo
Comenzaron tocando en fiestas infantiles en Boston, el sitio donde se conocieron mientras estudiaban música, aunque también solían presentarse en bodas y cumpleaños de calaña diversa. Los Rumberos de Massachusetts jamás discriminaron audiencias; por ejemplo, para el recuerdo quedan su participación en algún concurso de talento en Letonia y la vez que amenizaron una tardeada en un asilo de ancianos ruso. Todo con tal de hacerse de una reputación que a la larga los llevaría a presentarse en festivales del calibre de Cumbre Tajín y Vive Latino (México), además del SXSW (Austin) y el CMJ (Nueva York). Hoy, el turno es del Lunario.
“Lo que tocamos es una mezcla entre lo que hacen Rodrigo y Gabriela, Buenavista Social Club, Manu Chao, Bacilos y Santana”, explican los creadores del álbum Vuelve a la vida (2015); “pasa que nuestro sonido posee elementos de la rumba tradicional, pero también algo de blues y rock, ciertos ganchos del pop y algunos detalles del reggae y el huapango. De ahí que consideramos que la nuestra sea música cálida, fresca y energética”. Así, con el margen estético perfectamente trazado, esta noche Ángel Céspedes (guitarra y voz), Lito de la Isla (guitarra y voz) y Paul Sefchovich (percusiones y voz) toman el escenario acompañados —por primera vez, advierten— de batería, bajo, saxofón, acordeón, trompeta y trombón. “Estamos sorprendidos de haber llenado este lugar. Gracias por venir, neta. ¿Ya están listos para ponerse a bailar?”, preguntan apenas se cuelgan sus instrumentos.
Bajo la ley de que “no hay límites; todo se puede rumbear”, los guitarristas y el percusionista retoman temas de Gianluca Grignani, Compay Segundo, Banda Zeta y Manu Chao mientras intercalan cortes que añoran las fiestas a las orillas del mar oaxaqueño; por otro lado están las canciones de nostalgia moderada que hablan lo mismo de lo que hay detrás de ventanas misteriosas como de un par de ojos humedecidos de tristeza. Sin embargo, son las escenas donde los actores disfrutan sin restricción de la bebida y el vacilón, del baile y la madrugada, las que más se reciben con alharaca por parte de un público que desde el arranque del show consideró que las sillas sobraban; “Shot”, con todo y sus alusiones a los gritos que caracterizan a los compradores de fierro viejo de la Ciudad de México, es el mejor ejemplo de esto.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
“La rumba suena, hay luna llena y, como la marea, la música nos lleva”, canta el combo en “Bailamos” frente a un mosaico azulado que entre palmeras y luciérnagas transporta a quienes zapatean, debido a la gracia de tumbas y cencerros, directo a la playa. ¿A cuál costa se dirigen los danzantes? Cada pareja lo decide entre giros. ¿Van hacia el Pacífico o hasta el Mediterráneo? No hay límite alguno. “Contigo me voy mi santa, aunque me cueste morir”, dicen los de blanco atuendo bajo reflectores, seguros de que habrá un octavo mar, de arena y olas vírgenes, esperando ser descubierto, siempre y cuando la música suene. 

Programa
Si te vas / Angel on Fire / La ventana / El padrino rumbero / Ojos tristes / Mi historia entre tus dedos / Chan chan / La boca / María Teresa / Shot / Esteban / Tu cinturón / Clandestino / Bailamos / Lágrimas negras / Empezar de cero / El cuarto de Tula / Ya nos vamos.


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