sábado, 12 de marzo de 2016

La flauta mágica: Cuento de hadas marca Julie Taymor



Retransmisión especial por el festejo de diez años del programa Met Live in HD / 12 y 26 de marzo, 2016 / Dos funciones / 
1:50 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Se abre un pequeño paréntesis en la temporada 2015-2016 de las transmisiones en vivo desde el Met de Nueva York, para la proyección diferida de La flauta mágica, primera ópera que fue vista en directo en salas de Estados Unidos y otros países, en diciembre de 2006. Una función familiar que marcó un parteaguas a nivel mundial en la historia de la difusión cultural.

El Auditorio Nacional se sumó a este programa del Met en 2007, así que en México se trata de un estreno que sólo puede calificarse con una palabra: deslumbrante. La imaginación sin límites de Julie Taymor convierte el escenario del Lincoln Center en una burbuja donde se desarrolla un conmovedor cuento de hadas.

En 2004, esta producción de Taymor se presentó en el Met en temporada regular, en el idioma original (alemán), con los tradicionales dos actos y duración de tres horas. Sin embargo, para la función inaugural del Met Live in HD se hizo una traducción al inglés —a cargo del poeta J.D. McClatchy— y se recortó a ciento diez minutos en un solo acto. Todo esto para abrir las puertas a los niños que asistieran al recinto y, de manera virtual, a los pequeños que vieran el espectáculo a través de las pantallas.
Julie Taymor es muy conocida porque en 2007 ganó dos premios Tony por la dirección y vestuario de The Lion King, y estuvo nominada al Óscar por mejor dirección de Frida (2002), con Salma Hayek en el papel estelar, y Across the Universe (2007), una historia de amor fraguada con canciones de The Beatles.
El sello de la nacida en Massachusetts es inconfundible: mucho colorido, amplio despliegue de recursos técnicos, atractivas marionetas, agilidad escénica e incluso actos de magia. Su amplia experiencia en musicales de Broadway la pone al servicio de una juguetona ópera de Mozart, un singspiel con recitativos hablados y arias muy accesibles pero, al mismo tiempo, portentosas. La soprano húngara Erika Miklósa, como Reina de la Noche, ofrece una versión inolvidable de “Der Hölle Rache Kocht in Meinem Herzen”, que en la versión en inglés se denomina “Here in my Heart, Hell’s Bitterness” (La ira del infierno arde en mi corazón); ella muestra una coloratura natural impecable que penetra hasta el fondo de los tímpanos y de la sensibilidad de los pasmados espectadores.
A la misma altura de Miklósa está el bajo alemán René Pape, un Sarastro de autoridad incuestionable tanto por su presencia escénica como por la profundidad de su voz. El tenor estadounidense Matthew Polenzani (Tamino) y la soprano china Ying Huan (Pamina) no impresionan actoralmente pero sus voces justifican que estén incluidos como la pareja que salva grandes obstáculos para que el amor triunfe.
Difícilmente puede encontrarse a un mejor Papageno que Nathan Gunn, sobre todo para una versión dirigida a los niños, quienes de inmediato son capturados por la simpatía del barítono estadounidense, padre de cinco pequeños presentes en el Met durante la función. Gunn parece estar en la sala de su casa divirtiendo a sus críos, pero en realidad pisa uno de los más importantes escenarios del planeta.
Las tres Damas (Wendy Bryn Harmer, Kate Lindsey, Tamara Mumford) y los tres Muchachos (Bennett Kosma, Jesse Burnside, Jacob A. Wade), poseen voces encantadoras y son caracterizados de manera magistral con máscaras (ellas) y barbas estilo Matusalén (ellos).
Hay un hecho que causa cierta tristeza, pues en 2006 James Levine aún gozaba de mejor salud y dirigía de pie a la orquesta (en la actualidad conserva el mismo ímpetu, pero ya se desplaza en silla de ruedas). Tanto los músicos como el coro aportan respectivamente virtuosismo y majestuosidad a una puesta en escena que en su momento debió ganar nuevos adeptos a la ópera, y lo sigue haciendo esta tarde en un Auditorio Nacional, donde hay gente de todas las edades con un comportamiento ejemplar. La música de Mozart y la producción de Julie Taymor generan silencio cuando es debido y risas ante las gracejadas de Papageno.
El próximo sábado 26 de marzo se proyectará otra vez La flauta mágica, una oportunidad más para deleitarse con la ópera que ocupa el cuarto sitio con mayor número de montajes alrededor del mundo en lo que va del siglo XXI, según reportes del sitio operabase.com. Por algo será.

Ceremonia de iniciación
• El libreto de La flauta mágica fue escrito por Emanuel Schikaneder y cuenta la historia del príncipe Tamino, quien ayudado por ese instrumento musical debe pasar varias pruebas antes de merecer el amor de Pamina. Schikaneder pertenecía a una logia masónica (al igual que Mozart) y por eso la anécdota de esta ópera remite en forma clara a un proceso de iniciación.
• Se estrenó en Viena, el 30 de septiembre de 1791, bajo la dirección orquestal del propio compositor, quien murió dos meses después, a los treintaicinco años.
• La primera transmisión en vivo desde el Met de Nueva York fue proyectada en cien salas de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Japón y Noruega. Actualmente son más de dos mil espacios en setenta países, según la página oficial de esa casa de ópera.
• Anthony Tommasini, célebre crítico de The New York Times, asistió en 2006 a la función de La flauta mágica acompañado por tres niños, quienes celebraron en especial la actuación de Papageno, al igual que los infantes que se dieron cita en el Auditorio Nacional.
• Lo que más llamó la atención de Tommasini respecto a los comentarios de sus acompañantes, fue que ellos estaban impresionados por la potencia de las voces humanas, más aún cuando se enteraron que los cantantes no utilizan micrófonos para amplificar sus registros dentro del recinto. (F.F.)

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