martes, 1 de marzo de 2016

David Garrett: Virtuosismo para todos

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional


Greatest Hits Tour / 1 y 2 de marzo, 2016 / Dos funciones / 2:05 hrs. de duración /
 Promotor: OCESA Promotora S. A. de C. V.

Fernando Figueroa
En la película El violinista del diablo (Bernard Rose, 2013), David Garrett interpreta a Paganini, personaje a quien le gusta tocar el violín mientras recorre los pasillos de los teatros donde se presenta. Al Garrett de la vida real también le divierte hacer lo mismo y por ello inicia así la primera de dos funciones en el Auditorio Nacional.


Camina con una sonrisa de oreja a oreja e interpreta “Kashmir”, de Led Zeppelin. En el escenario lo esperan cinco instrumentistas —teclado, guitarra, requinto, bajo, batería— que parecen diez porque su sonido es muy potente, haciendo honor al título del más reciente álbum del músico alemán: Explosive (2015). Garrett se ha declarado fan de Jimi Hendrix y de Jimmy Page, y no tiene empacho en decir que su estilo está inspirado parcialmente en ellos. La influencia del guitarrista inglés se evidencia en el arranque de un programa que está más cerca del rock y del pop que de la música de concierto.

El actual tour del ex niño prodigio se denomina Greatest Hits y es un tributo a los grupos que admira. Cada vez que anuncia un cover, lo hace de tal manera que provoca gran alboroto: “¿Hay aquí algún fan de Nirvana?” (“Smells Like Teen Spirit”). “¿Les gusta la música de Guns N’ Roses?” (“Welcome to the Jungle” y “November Rain”). “Ahora voy a tocar algo de uno de mis soundtracks favoritos” (“Live and Let Die”, de Paul McCartney & Wings). “Esta es una canción clásica del rock y de seguro se saben la letra” (“Rockin’ All Over the World”, de John Fogerty).
Hay una pregunta que tarda en llegar, pero finalmente la suelta: “¿A quién le gusta la música clásica?”. El estruendo que se oye como respuesta significa que a los miles aquí reunidos les encanta todo lo que toca David Garrett y, sobre todo, cómo lo hace. Un fragmento del Bolero de Ravel es recibido con aullidos de alegría, lo mismo que “Csárdás” de Vittorio Monti.
Este europeo de treintaicinco años parece un chaval latino que se desvive por complacer. Trae preparadas varias frases que expresa en buen español, sobre todo de agradecimiento para sus fans, quienes “han hecho posible que yo me dedique a hacer lo que me gusta”. Alguien de su equipo elige a una joven que se llama Alejandra y sube al escenario en representación de todas las mujeres que ahora tienen desgarradas las gargantas. Todas ellas consideran guapo a “¡Daviiid!”, y su talento las enloquece.
Alejandra se pone cómoda en un sillón y Garrett se coloca a su lado para platicar unos segundos. Él le pregunta si es la primera vez que viene y ella dice que se trata de la segunda ocasión, que es un placer oírlo en vivo y ahora estar tan cerca. “I’ll Stand By You” (The Pretenders) provoca en la “¡suertudaaa!” una gran emoción que le hace apretar las manos de manera nerviosa.
Como para calmar cualquier sentimiento de envidia, Garrett regresa a los pasillos un par de veces más. Lo acompañan algunos elementos de seguridad, a quienes les preocupa más el instrumento que porta el artista (un Guadagnini de 1772), pues todo parece indicar que, si él fuera cantante, practicaría slam con su público. Lo paradójico del asunto es que la única vez que su violín se dañó fue al tropezar a solas en un estacionamiento.
Cuando llega la hora de “Dueling Banjos”, el desafío lo lleva a cabo con uno de sus guitarristas, quien utiliza un instrumento acústico. Éste es un buen momento para apreciar la famosa rapidez de los dedos de Garrett, poseedor desde 2008 del Récord Guinness de velocidad con un violín. Esa marca la consiguió al tocar el interludio conocido popularmente como  “El vuelo del abejorro”, de Rimski-Kórsakov (trece notas por segundo).

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Cuando promovió El violinista del diablo —cinta producida por él mismo—, dijo que se identificaba con Paganini porque el monstruo italiano fue un innovador en su tiempo, una especie de showman que hacía sonar su herramienta como si fuera un ensamble de cuerdas, y que además contaba anécdotas graciosas durante sus espectáculos. Algo parecido a lo que esta noche ha volteado de cabeza al Auditorio Nacional.

De Mozart a Metallica
David Garret tomó las primeras clases de violín con su padre e ingresó al conservatorio a los siete años. A los diecinueve se fue a vivir a Nueva York, donde trabajó como modelo y estudió en la Juilliard School (tomó clases con Itzhak Perlmann).
En su discografía se observa con claridad el paso de la música de concierto al crossover. En 1995, meses antes de cumplir quince años, grabó Mozart Violinkonzerte, con The Chamber Orchestra of Europe, bajo la batuta de Claudio Abbado, y otro álbum con piezas de Beethoven, Bach y Mozart, acompañado del pianista Alexander Markovich. Siguieron Paganini Caprices (1997), Violin Concertos. Tchaikovski & Conus (2000) y Pure Classics (2002), todos ellos bajo el sello Deutsche Grammophon.
En 2008 apareció Virtuoso!, disco en el que incluye “Nothing Else Matters” (Metallica), “Paganini Rhapsody” y “Gypsy Dance”. Con ese material entró por la puerta grande a los conciertos masivos, giras y súper ventas de más grabaciones como Encore (2008), Rock Symphonies (2011), Bolero (2011), Music (2013), Caprice (2014) y Explosive (2015).
No ha abandonado del todo las presentaciones con orquestas y programas de música clásica, ni la grabación de materiales como Legacy (2014), con conciertos para violín de Beethoven y Fritz Kreisler. (F.F.)

Programa
Kashmir / Live and Let Die / 80’s Anthem / Dueling Banjos / Childs Anthem / Clementi Sonata / Csárdás / I’ll Stand By You / Bolero / Smells Like Teen Spirit / Adventure Island / Welcome to the Jungle / Dangerous / Musica è / Explosive / November Rain / Highway to Hell / Midnight Waltz / Sabre Dance / Cry Me a River / Lose Yourself / Zorba’s Dance / Rocking All Over the World / Walk this Way.



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