viernes, 12 de febrero de 2016

Torreblanca: Fiesta con sabor agridulce


Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional

Adiós al polvo en la luz / 12 de febrero, 2016 / 2:10 hrs. de duración /
 Promotor: Torreblanca Música S.A. de C.V 

David Cortés
No hay caras largas, pero sí una atmósfera de incertidumbre. Luego de ocho años de bregar en los territorios del rock nacional, el grupo Torreblanca —Juan Manuel Torreblanca, piano, voz; Carlos Zavala El Abuelo, bajo; Jerson Vázquez, batería; Alejandro Balderas El Tío, alientos, coros— decide hacer una pausa, así que esta noche huele a despedida, a un hasta luego que puede ser el adiós definitivo.


“Es un momento muy interesante en el mundo de la música, de repente sentimos que era un buen tiempo para reflexionar y digerir todo lo aprendido”, comentó el pianista a Milenio, días previos a esta presentación. A pesar de lo anterior, el tono de la sesión es festivo, alegre, contagioso. Si bien hay momentos en los que se permite la entrada a la intimidad —apenas una pausa que propicia la interpretación de un tema a piano y guitarra—, las composiciones de Juan Manuel Torreblanca exudan musicalidad y dinamismo.

Luego de un EP y un par de álbumes, la banda (aumentada esta ocasión con Néstor Varela, trombón, Cheky Algodón Egipcio y Diego Egarte, guitarras) se destaca por el dominio instrumental, pero sobre todo por la complejidad de las composiciones, que si bien las más de las veces suenan muy amables al oído, en realidad poseen una estructura compleja con cambios de tiempo, paradas, arranques intempestivos, elevaciones y descensos. 
El cantante y frontman rememora los inicios de la agrupación, de lo importante que los fans han sido en su trayectoria, aunque al mismo tiempo en su voz se advierten dejos de amargura por sentir la necesidad de alejarse de los escenarios temporalmente.
La tristeza se va fácil cuando reaparece el colorido, porque si algo tiene este colectivo es la diversidad de fuentes sonoras de las que echa mano. Igual los alientos crean un marco funky, para luego ceder su sitio a la flauta y que ésta borde algún solo con reminiscencias de bossa nova; ora es el turno del arpa que crea una atmósfera etérea, ora las voces de Leiden, Flor Amargo o Paulina Sotomayor, respectivamente, quienes ponen acentos distintos a esos temas que surca Torreblanca con su garganta y en donde aparecen el amor, el desaliento, pero desde la mirada de este compositor que pusiera a girar a la ciudad con “Roma”, canción que además le retribuyera reconocimiento instantáneo a la banda, pues se convirtió en la música de identificación de una marca de teléfonos celulares.
Los estímulos son abundantes. Si no son las voces, son los bailarines que suben en algunas composiciones y trazan coreografías de movimientos inverosímiles, un vistoso juego de luces o los videos —en “Culpables e inocentes” se emplean imágenes del Festival de Avándaro (1971)— los que atacan a los asistentes.
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
Al final, después del encore, permanece ese sabor agridulce, una sensación de gozo por lo vivido, pero el regusto ácido de que tal vez sea la última vez.

Programa
Intro / Parece Navidad / Nunca acabo lo que empiezo / Defensa / Las horas / Dejé de ser yo / Otra decepción / Lodo / 1000 fantasmas / Vapor (con Leiden) / Como un amigo (con Verónica Valerio, arpa) / Hueco (con Quique Rangel) / Vana (con Sergio Silva, guitarra) / Culpables e inocentes / Esta voz / ¿Qué esperas? / Queda / Vertientes (con Flor y Leiden) / Hubo valor / Nada me saca de la cama / Lobo / Roma / Si.

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