domingo, 7 de febrero de 2016

Órgano Monumental del Auditorio Nacional: Olas armónicas y maremotos melódicos

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional


Concierto magno. Orquesta Filarmónica de Toluca; Gerardo Urbán y Fernández, director. Organistas: Maestro Víctor Urbán, titular del OMAN; Davide Pinna (Italia)
7 de febrero, 2016 / Función única / 2:00 horas de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional. 

Alejandro González Castillo
Las manos de Davide Pinna trazan la trama, trenzan el drama, con la precisión de su lado. Sentado frente al Órgano Monumental del Auditorio Nacional (OMAN), el italiano va de la dulzura a la tragedia, de la calma a la tensión, con el avasallador ímpetu de las más de quince mil flautas que amplifican los sentimientos que desde el teclado detona.
Johann Sebastian Bach firmó las partituras que hoy Pinna ejecuta impecablemente, de memoria; con cada acento, toda sutileza, grabados en las falanges. Invidente, el organista de la Iglesia Mater Ecclesiae de Sassari, en Cerdeña, se levanta del banquillo para agradecer la ovación que el público, también de pie, le ofrece tras su interpretación.
La fuerza de las palmas de los presentes no es gratuita. Los alcances del instrumento de dimensiones colosales —que bajo los reflectores descansa— deja mudo hasta al de boca más grande; sin embargo, en el foro de Reforma siempre es posible ir más lejos. Así que una vez que Davide Pinna abandona el escenario, los clarinetes, violonchelos, oboes, violines, fagotes, trombones, cornos y trompetas, además de arpa, tuba, piano y percusiones que yacen solitarios son tomados por los miembros de la Orquesta Filarmónica de Toluca; un puñado de músicos que deja sin ocupar el banquillo destinado al segundo organista de la tarde, quien tras bambalinas escucha cómo se alista su arribo mientras la obra de Franz von Suppé es repasada.
Una vez que la batuta de Gerardo Urbán y Fernández se aquieta por vez primera, Víctor Urbán toma asiento en el único lugar vacío que queda en el escenario para desatar una marea armónica que, con la compañía de la orquesta, provoca que olas sonoras intimidantes cual tsunami ataquen las butacas. Es el propio organista titular del OMAN quien, antes de liberar esa fuerza acuosa, explica el porqué del inusitado brío, además de anticipar que, si de materia amenazante se trata, lo peor está por venir; “se avecina la batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma. Una lucha destructiva donde atunes y pulpos luchan contra faisanes y toros”. 
De esta manera, los primeros tres movimientos del Retablo medieval, de Miguel Bernal Jiménez, ponen a prueba la destreza de los de apellido Urbán. Y aunque toda la obra del michoacano luce plena de oleajes melódicos de no simple ejecución, es cuando tiene lugar el último movimiento, Dueñas e monjas, en que el llamado máximo exponente del nacionalismo sacro ofrece su más barroco imaginario y los músicos alcanzan el clímax interpretativo al emular las “provocaciones que los gitanos cantaban a los santos, donde cada ¡ay! de dolor representaba una saeta incrustada en el cuerpo de Cristo”, como bien explica el del teclado.
 
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Empujados por una audiencia ansiosa por más, y ya con ramos de flores entre manos, el par de organistas y el director de la Filarmónica regresan al escenario tras ensayar la huida y así rememorar el trabajo de Camille Saint-Saëns, al mando de las decenas de ejecutantes que aguardan, otra vez, la señal de arranque. Así, entre asientos, una señora de cabellera cana aprovecha la última pieza para acercarse al oído de la niña que la acompaña y susurrarle algo mientras, al ritmo de la música, dibuja ochos en el aire con el dedo índice; por su parte, la infanta sonríe, simulando que porta un arco y que sobre su hombro izquierdo descansa un violín. Después, la pareja sale tomada de la mano y, con una mirada cómplice se hace de un par de bebidas frías en las afueras del foro. El sol las invitará a dar un paseo en lancha, en el lago del bosque de Chapultepec; a remar tranquilamente, lejos de mareas salvajes y tsunamis colosales, mientras sus oídos extrañan las notas captadas en ésta, una tarde dominical francamente placentera.

Un órgano de gala 
Con tantas perillas en su haber, bien podría asemejarse al tablero de una nave espacial; se trata del Órgano Monumental del Auditorio Nacional, cuya historia comienza en 1958, cuando existía el plan de que éste habitara en el Teatro del Palacio de Bellas Artes. Un plan fallido que a la larga llevaría al instrumento a mudarse a la residencia que hoy día lo alberga.
Luego de permanecer en desuso por varios años, en 1975 fue puesto en acción, aunque sería con la remodelación del recinto de Reforma, en 1991, que el órgano fue restaurado con la ayuda de la tecnología para que finalmente fuera escuchado en perfecto estado en 2000.
Además del concierto ofrecido por Víctor Urbán y Davidde Pina, con la compañía de la Orquesta Filarmónica de Toluca, vale la pena rememorar que hace unas cuantas semanas —el 6 de diciembre de 2015, para ser exactos— John Zorn puso las manos en su teclado para musicalizar el filme mudo alemán El gabinete del Dr. Caligari. (A.G.C.)

Programa
Toccata y fuga en Re menor (J. S. Bach) / The Lost Chord (A. Sullivan) / Suite gótica: Coral - Minueto gótico - Plegaria a Notre Dame - Toccata (L. Boëllmann) / Obertura Poeta y campesino (F. Suppé) / Retablo medieval: Mester de juglares - Mester de clerecía - Don Carnal y Doña Cuaresma - Dueñas e monjas (M. B. Jiménez) / Final de la 3ª. Sinfonía Op. 78 (C. Saint-Säens).


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