jueves, 25 de febrero de 2016

Lili Vélez: La expresión sónica del alma

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional


Let Love In / 25 de febrero, 2016 / Función única / 1:00 hr. de duración /
 Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional. 

Alejandro González Castillo
Ahí está la luna, majestuosa, brillante, proyectada en las pantallas del recinto, iluminando la voz de Lili Vélez, quien se acompaña apenas de un guitarrista que con delicados arpegios envuelve las frases que integran “One Way”; “la última canción de mi disco Let Love In”, como ella misma apunta para luego anunciar que la siguiente “es un estándar de jazz que todos conocen muy bien”. De esta manera, con “Someone to Watch Over Me” sonando, llega el turno de las imágenes solares y las flamas intimidantes mientras piano, contrabajo y batería se suman a la dotación instrumental. 
Con el arribo de saxofones y trompetas se completa la plantilla de músicos que, según la intérprete asegura, tener sobre el escenario en esta ocasión significa un lujo que ha podido darse gracias al público que la apoyó económicamente con tal de que el álbum que hoy se presenta lograra materializarse. “Además del propio disco y su boleto para esta noche, contar con la linda presencia de estos ejecutantes es la recompensa que ofrezco a los sesenta fondeadores que me apoyaron. Hoy es un día especial, me emociona tener a toda este gente aquí, conmigo, pues ésta es una producción muy grande, difícil de replicar”. Es así, con los sentimientos desbordados, que tiene lugar un sentido homenaje al padre de la compositora, con el auxilio de videos de bravas olas rompiendo en arrecifes y las notas de “The Sea” ocupando el pentagrama. 
Fue cuando contaba con doce años de edad que la nacida en Sinaloa ganó un concurso de canto que operó como el detonante que la llevaría a explorar los territorios del funk, el rock y el blues para más tarde incursionar en el jazz; un movimiento que coincidió con su llegada a la Ciudad de México, donde pronto comenzó a presentarse en múltiples foros al mando del combo Lili’s Jazz Monsters, con el que grabó su primer disco: I’m Just a Lucky So and So. Desde entonces, la intérprete ya consideraba su voz como algo más que un simple instrumento musical; “para mí, es la expresión sónica del alma —puede leerse en el sitio en internet de la norteña— y eso ya es suficientemente profundo y complejo. Ahí radica la auténtica belleza”. Con un fundamento espiritual así, el siguiente paso fue calificar el perfil sonoro que poco a poco iba moldeándose entre conciertos y ensayos; “jazz alternativo” fue el término que la misma creadora eligió para enmarcar estilísticamente su temario.
 
Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
Pendiente de homenajear a Massive Attack y, muy especialmente, a Björk, una figura determinante en su formación vocal, la despedida de Lili tiene lugar esta noche entre meteoritos y asteroides, en medio de paisajes estelares que consiguen que ésta finalmente se relaje para decidirse a bailar. Ante la urgencia de un encore, “Enough” y “The Sea” son repetidas y aplaudidas con fuerza por un público que abandona el Lunario con esa sensación extraña, inefable, de bienestar que produce escuchar una voz capacitada para traducir los más profundos y complejos sentimientos que el alma emana. 

Programa
One Way / Miraculous Accidents / Someone to Watch Over Me / Sweet Stranger / Let Love In / Joga / Enough / It’s So a New / The Sea / Protection / Enough (bis) / The Sea (bis).




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