domingo, 28 de febrero de 2016

Las bodas de Fígaro: No es un gato sino un señor

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional


Temporada de ópera para niños presenta… / 28 de febrero y 13 de marzo, 2016 / Dos funciones / 
1:30 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
El Lunario parece un semillero de fuerzas básicas del Auditorio Nacional. Los pequeñines que asisten este mediodía a la función de Las bodas de Fígaro, dentro de la Temporada de ópera para niños, en el futuro verán la misma obra maestra de Mozart en el gran foro de al lado, ya sea en alguna transmisión desde del Met de Nueva York o con cantantes en vivo.


Por lo pronto, ellos están aquí y hacen comentarios muy divertidos antes de que suenen los primeros acordes en el piano. Una niña le pregunta a su papá: “¿Fígaro es un gato?”. Él ríe y contesta: “No. Es un señor que se va a casar”. Otra vocecita exige: “¡Quiero papas y palomitas!”. Una niña le dice a su mamá: “Estoy muy emocionada, ya quiero que empiece”.

A la hora prevista se da la tercera llamada, y entonces padres e hijos se zambullen en la imaginativa producción de Sylvia Rittner y Jaime Matarredona, que de entrada se caracteriza por los colores vivos de la escenografía y el vestuario. Conforme pasan los minutos, se aprecia una estructura formal que facilita la comprensión del libreto que Lorenzo da Ponte escribió, a partir de la obra de teatro de Pierre Auguste Caron de Beaumarchais.
Para los asiduos no es ninguna sorpresa el gran desempeño de los cantantes, poseedores de sólidas trayectorias profesionales dentro y fuera de México. Destaca el nombre de Irasema Terrazas, quien canta ópera, zarzuela y comedia musical, además de hacer doblaje de películas animadas. Ese bagaje le sirve para interpretar a una chispeante Susana, la prometida de Fígaro, que también es asediada por el Conde.
Ana de la Vega no posee un historial tan vasto como el de Terrazas, pero sí una voz dulce y potente que genera casi un silencio total entre las mesas, algo insólito donde hay cientos de niños de corta edad. Sus arias en el papel de Condesa se escuchan sublimes, especialmente “Porgi, amor, qualche ristoro”.
Alberto Albarrán es un Fígaro muy simpático, sobre todo cuando camina entre los espectadores mientras lamenta que su novia sea tan coqueta. Completan el elenco Denise de Ramery (Cherubino), Víctor Corona (Bartolo), Víctor Gabriel Cruz (Basilio) y David Aréizaga (Antonio), quienes se lucen en solitario y en grupo.
Las bodas de Fígaro fue la primera ópera bufa de Mozart y se estrenó en Viena, el 1 de mayo de 1786. James Levine, director musical del Met de Nueva York, ha dicho que “atrás de la ilusión de ligereza que hay en esta obra, existe un alto grado de dificultad en su ejecución”. Karina Peña en el piano tiende una alfombra mágica y sobre ella se deslizan las voces de adorables personajes de vodevil.
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Al final de la representación, Jaime Matarredona recuerda cuál es el lema de Arpegio Producciones: “Transformando con el arte la vida de los niños”, y anuncia que los artistas se tomarán fotos con quienes así lo deseen. Matarredona es un conocido director de teatro que sabe atrapar la atención de cualquier tipo de espectador, como en el caso de este mediodía, cuando los diálogos hablados en español enmarcan los cantos en italiano y todo mundo sale a la calle con la certeza de que Fígaro no es un gato (como en Disney) sino un señor muy chistoso que al final se casa con su novia.




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