domingo, 21 de febrero de 2016

Jane Eyre: Frágil e indómita

Foto: National Theatre


National Theatre Live presenta / 21 y 22 de febrero, 2016 / Dos funciones / 3:20 hrs. de duración /
 Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Jane Eyre —el montaje de Sally Cookson a partir de la novela de Charlotte Brönte— es un conmovedor alegato a favor de la igualdad entre los sexos; un puñetazo contra la mentalidad victoriana que, por desgracia, conserva cierta vigencia en el siglo XXI.


Jane es una huérfana que desde niña sufre discriminación en casa de los tíos que la crían, y lo mismo le sucede durante la adolescencia en un internado cuyo director se cree representante directo de Dios en la tierra. La rebeldía de la joven es calificada ahí como algo satánico, aunque en realidad es una búsqueda insaciable de justicia.

La recreación dramática de Sally Cookson potencia las virtudes de la novela y añade puntos de vista que hubieran asombrado a la propia autora. El hecho de que algunos actores interpreten varios papeles, genera la inquietante sensación de que las leyes del karma están activas. Craig Edwards, por ejemplo, hace las veces del infumable director del internado, y luego es un lacayo que literalmente se comporta como perro, incluso ladra. La magnífica actriz Maggie Tagney es la tía cascarrabias de Jane y más tarde el ama de llaves de Rochester (Felix Hayes), el hombre que contrata a la protagonista como institutriz.
Madeleine Worral es una Jane Eyre que no provoca lástima en el espectador sino admiración. Se enfrenta a la adversidad con fortaleza y nunca traiciona sus valores éticos, incluso cuando debe renunciar temporalmente al amor de su vida.
La escenografía de Michael Vale es muy sencilla y eficaz. Con cortinas blancas crea tres paredes permanentes, y una rampa de madera conduce a lo que son tanto las casas como el orfanato donde habita Jane a lo largo de su vida (la convención teatral funciona). La iluminadora Aideen Malone recrea con luz roja el cuarto de castigo al que confinan a Jane en su niñez, y mediante claroscuros genera un ambiente a ratos asfixiante.
Sería exagerado decir que Cookson creó un musical, pero sí hay instrumentistas en vivo y la loca del ático (la primera esposa de Rochester) es interpretada por Melanie Marshall, una estupenda mezzosoprano que expresa su tragedia con canciones. La crítica Susannah Clapp (The Guardian) comentó que en esta obra “todo mundo está tocado por una pasión que bien podría transformarse en locura”.
En uno de los intensos diálogos entre Rochester y Jane, él le dice: “Jamás había conocido a una persona tan frágil e indómita como tú”. En esa paradoja se encierra la avasalladora fuerza de una obra que, originalmente, fue publicada con el seudónimo de Currer Bell. Charlotte Brontë sí vivió situaciones difíciles dentro de un internado, pero ahí contó con el apoyo de dos hermanas (María y Elizabeth) que en la ficción desaparecen o se condensan en una compañera que muestra rasgos de humanidad. Otras dos hermanas de Brontë (Anne y Emily) escribieron obras importantes en la historia de la literatura: Agnes Grey y Cumbres borrascosas, respectivamente.
Sally Cookson montó Jean Eyre en dos partes y se presentó en noches consecutivas en el Bristol Old Vic Theatre, de Londres. La versión para el National Theatre es en una sola función de casi tres horas y media, tiempo que se va como agua en el Lunario del Auditorio Nacional.

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