sábado, 20 de febrero de 2016

Ha*Ash: El amor y sus opuestos

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional


Gira Primera Fila: Hecho realidad / 20 de febrero y 9 de junio, 2016 / Dos funciones / 
2:30 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

David Cortés
“Se siente como la primera vez, los nervios son los mismos”, dice una emocionada Hanna y la enorme sonrisa de Ashley lo confirma. Hace seis años, las hermanas tuvieron su debut en este foro ⎯entonces, la misma Hanna, luego de ver postergada su actuación por una epidemia de influenza que sitió a la Ciudad de México afirmaba: “con todos los problemas, se logró el Auditorio”⎯ y ahora se han convertido en habituales del mismo.
El dueto sabe del poder de la seducción, de la importancia de hacerse desear. Hoy inician su show tras un velo que apenas deja ver sus siluetas, mientras se escuchan sus voces, pero la breve espera aumenta la euforia, así que cuando la enorme cortina cae, la recepción de sus seguidores raya en una histeria que se incrementará conforme avance el tiempo.
A lo largo de su carrera, ellas le han cantado al amor, pero cada una lo mira y siente de forma distinta. Son opuestas y se complementan perfectamente. La rubia Hanna es romántica, dulce, idealista, con la esperanza a flor de piel, incluso su voz es más suave; Ashley, la morena, no sólo es la mayor, también es más alta y pone la cuota de realismo. Habla de que su suerte no ha sido la mejor y su garganta es estentórea, menos frágil, y le corresponde el toque de reciedumbre en las composiciones.
Ella es más energética, más ruda, quien incita a los presentes “a cantar, bailar y, si quieren mentar la madre, pueden hacerlo”. Cuando atacan “Lo aprendí de ti”, su mirada se posa en una fan de las filas de enfrente, pide a la banda que baje el volumen la música e invita a la joven para que suba a cantar porque la ve “muy entregada”.
De pronto aparece un cuarteto de cuerdas e interpreta el "Canon" de Pachelbel, para después ligarse con la primera parte de “Qué hago yo” y dar pie al grupo para que se incorpore. La banda de apoyo transita por el rock pop, marca una ligera cadencia de reggae, en ocasiones tienden un lienzo en el que aflora un poco de country; el banjo aparece para imprimir toques de folk y la energía no se pierde. La menor de las hermanas toma la armónica, se sienta al teclado; a veces, como Ashley, se cuelga la guitarra y las dos muestran que el éxito no implica perder el lado humano; con tristeza anuncian “Sé que te vas”, una composición escrita a propósito de la separación de sus padres.
Es un momento muy íntimo que abre un set acústico. El grupo, ya en el centro, las rodea, el piano de cola acentúa la tristeza y ésta prosigue con “Foolish Games”, tema popularizado por Jewel en el cual la voz de la mayor muestra su potencia.
Estas damas tienen muchos sentimientos que compartir, y así como hay cabida para la desazón y el desamor, son la esperanza y la ilusión las que campean, porque si algo sabe el par es que sus canciones tocan allí donde duele, pero también hablan de cómo levantarse y sobreponerse a los sinsabores.
Cuando aparece la cara sonriente, la música se torna festiva, enjundiosa, permite a la guitarra algo de pirotecnia o hacen que bajo y batería pongan algo de funky en la base para prender aún más la noche, pero la estamina del dueto es la que perla de sensualidad el todo, porque si un atributo tienen sus temas, es que se escuchan convincentes, nacidos de la experiencia directa y no de la imaginación. Aquí no hay supuestos, en su lugar aparecen las declaraciones; impera la visión femenina, pero eso no impide que se establezca la conexión con la audiencia masculina. Finalmente, el amor no es privativo de un sexo, ni de una edad, y si ellas le cantan a un ex, en ese momento se vuelven portavoces de quien ha pasado por esa situación.
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Una casada y feliz, la otra soltera. Como el ying y el yang, como el día y la noche, las cantantes son un retrato de la antítesis ⎯Mundos opuestos es el título de uno de sus álbumes⎯, pero en realidad son la imagen de la vida misma. De eso están hechas sus letras, por eso suenan reales y son capaces de establecer esa férrea liga que las hace entrañables para sus seguidores. 

La magia en directo
Hanna Nicole y Ashley Grace gustan de la magia de los directos, y el Auditorio Nacional les sienta bien. Lo han visitado como invitadas (de Cristian Castro y Franco de Vita) o para conciertos especiales (Primer Festival de la Música por los Derechos de los Niños, Un Corazón Musical de México por Haití, América celebra a Chespirito). Sin embargo, desde su primer estelar en el foro de Reforma (24 de mayo de 2009), es frecuente encontrarlas aquí.
Primera fila: Hecho realidad, su más reciente producción discográfica, las captura en su mejor elemento: frente al público. El disco se grabó en Los Estudios Churubusco y además de incluir canciones que no habían aparecido con anterioridad, se destaca por los duetos con Julio Ramírez (Reik), Joy (Jesse & Joy), Axel, Matisse y Maluma. El éxito de esta placa ha sido tal que desde su aparición no ha abandonado el Top 10 de conocida tienda de discos y se reeditó (13 de noviembre de 2015) con tres temas nuevos; además, desde su salida (11 de noviembre de 2014) el dueto no ha parado y ahora cumplen más de un año en gira, lo que lo convierte en uno de sus trabajos más exitosos y le valió certificación de doble platino por las ventas alcanzadas. El próximo 9 de junio volverán al Auditorio Nacional. (D.C.)

Programa
Soy mujer / Amor a medias / De dónde sacas eso / Dos copas de más / Todo no fue suficiente / Me entrego a ti / Lo aprendí de ti / Tú y yo volvemos al amor / Ex de verdad / ¿Qué hago yo? / Impermeable / Sé que te vas / Foolish Games / Te dejo en libertad / No te quiero nada / Odio amarte / Perdón, perdón / Estés en donde estés.




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