miércoles, 17 de febrero de 2016

Fiusha & Tío Gus: Dos formas de expresar el funk


Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional

Concierta Independencia / 17 de febrero, 2016 / Función única / 2:55 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

David Cortés
Arriba, en el escenario, hay una romería; los músicos se han multiplicado, buscan cómo acomodarse, reconectan los instrumentos y, cuando finalmente empiezan a tocar, una cauda de notas cálidas, perladas de soul, invade el recinto. El espíritu de Maurice White es convocado con “Shining Star”. Abajo, todo es sudor, baile, cuerpos que se pegan, frotan y se dejan acariciar por la sensualidad de las notas… Pero, ¿cómo llegamos a esto?


Tío Gus —Marco Castro, batería; Fernando Ruvel, bajo, voz; Lari Ruiz Velasco, guitarra; Pp Morán, teclado; Sergio Galván, sax alto; Carlos López, trompeta; Alejandro Delgado, voz; más Pablo Madrigal como invitado en percusiones— ataca la noche sin misericordia. Despliega un sonido funky, mezclado con jazz y una ligera dosis de rock que toma desprotegidos a los fans. La temperatura cambia, se eleva, la banda también redobla la intensidad. Algo sucede que los pies ya no obedecen al cerebro y el cuerpo se desdobla.

Cuando Fiusha —Uller Ibarra, voz y guitarra; Mauricio Suárez, batería; Eduardo de la Vara, teclados; Jenny Beaujean, voz; Fermín Ortiz, bajo; Alan Fajardo, trompeta; Fernando Su, percusión— entra en acción, el calor interno se dispara pero no impide continuar con la agitación. El grupo no solo presenta diferencias en la instrumentación, también el enfoque es distinto, menos rockero por momentos, con destellos de hip hop, con más groove, igual de expansivo, grasoso y sensual que el funk practicado por sus colegas.
La similitud entre ambos colectivos, más allá de compartir una misma vertiente sonora, está en esos viajes que en cada composición invitan a realizar a los presentes. Lo importante no es el comienzo de cada canción, ni el fin de la misma, ya que todos sabemos que habrá de llegar, sino lo que sucede en medio.
Cuando Tío Gus y Fiusha lo deciden, convierten un oasis en vergel, lo árido lo tornan verde. Dejan que las melodías y los ritmos se desarrollen orgánicamente, crezcan y encuentren su propio camino. Y en ese trayecto aparecen los solos, mismos que se ajustan a esa necesidad de permitir a la música esgrimir su discurso y no son una manifestación gratuita de virtuosismo.
Aunque no es una competencia, cada integrante dialoga con su instrumento hasta fundirse con él para beneplácito de quienes están aquí. Brilla la voz cuando apela al scat; la guitarra viaja, incontenible, sin recurrir a la velocidad; el bajo trepida, sacude piso y esqueleto. Los teclados comienzan lánguidos, cautelosos y terminan poseídos por la fiebre; los alientos, llegado su turno, convocan a la noche, le hablan al tú por tú, hurgan en sus recovecos; mientras, percusiones y batería gustan de lo tribal, de sacar al primitivo que llevamos dentro.
 
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
Esos viajes, esas rutas que exploran Fiusha y Tío Gus son las que dotan a la noche de más sentido. Qué importa si en el encore hay tropiezos. Hace rato comenzó la fiesta y no hay por qué perder el tiempo en minucias.

Programa
Tío Gus: Sup / By the Way / Nota dominante / Light Warriors / Fer bit / Ondú / Freestyle / Nature Groove / Estoy feliz.
Fiusha: Intro / Sexy vata / Ch ocho / Cheers / Today / Groovin’ your Mind / Time & Space / Let it Play / Buen clima (con Luis René Delgado) / Un solo hombre no puede querer (con Mon Laferte) / Funk da Power! / All for the Funk / The Game / Déjate ver.
Tío Gus, Fiusha e invitados: Shining Star.




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.