domingo, 21 de febrero de 2016

El barbero de Sevilla: Bel canto con palomitas

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional


Temporada de ópera para niños / 21 de febrero y 6 de marzo, 2016 / Dos funciones / 
1:35 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Hace doscientos años —el 20 de febrero de 1816, para ser exactos— se estrenó El barbero de Sevilla, de Gioachino Rossini, en el Teatro Argentina, de Roma. ¿Y qué creen? Fue un rotundo fracaso. Lo que pasó fue que los enemigos del compositor se dedicaron a reventar la función con gritos e insultos de todo tipo.


Al mediodía del 21 de febrero de 2016, un montón de pequeñines se dobla de risa en el Lunario con las puntadas de Fígaro, un simpático peluquero que además saca muelas, hace curaciones y arregla matrimonios, todo con tal de ganarse unos pesitos extras. Él le ayuda al Conde de Almaviva a conquistar a Rosina, una guapa joven que vive enclaustrada con su tutor, el doctor Bartolo, que quiere casarse con ella (el muy rabo verde).

Fígaro pone a trabajar su cerebro para encontrar el modo de que Almaviva se meta a la casa de Bartolo y entre en contacto con la dama. En realidad, sus ideas no son muy brillantes, así que el doctor no tiene dificultad en descubrir todas las trampas que le tienden. Finalmente, los jóvenes consuman su amor y el médico se queda con un palmo de narices.
En la producción de Silvia Rittner, con dirección de Miguel Hernández-Bautista, se incluye un personaje extra que explica a los niños lo que sucede en escena; se trata de Pierre Auguste Caron de Beaumarchais, el dramaturgo que creó la trilogía integrada por El barbero de Sevilla, Las bodas de Fígaro y La madre culpable. Rossini compuso El barbero de Sevilla y Mozart Las bodas de Fígaro (que se presentará en el Lunario el 28 de febrero y el 13 de marzo).
Beaumarchais, interpretado por el actor José Luis Juárez, da la bienvenida a los infantes y les desea que “no les duela la panza, estén tranquilos y que hoy no los hayan regañado sus papás”. La verdad es que los niños se la pasan bomba comiendo papas y palomitas, y tomando refrescos, mientras la música de Rossini les endulza los oídos.
El barbero de Sevilla es una obra genial porque el autor describe con música a cada personaje, lo que sirve para que los muy pequeños intuyan de qué tratan los diálogos. Para los más grandecitos, que ya saben leer, hay subtítulos en las pantallas de los costados y de ese modo se enteran de las chispeantes frases de Fígaro, los berrinches de Bartolo y la picardía de Bertha, la empleada doméstica del doctor, quien a final de cuentas también consigue pareja.
Israel Barrios toca en vivo el piano, dando pie a que se luzcan los cantantes Hugo Colín (Almaviva), Norberto Martínez (Fígaro), Beguidí Barajas (Rosina), José Luis Reynoso (Basilio), Víctor Corona (Bartolo), Zaira Velázquez (Bertha), Israel Ruiz (Fiorello) y David Aréizaga (Ambrogio), quienes también son estupendos actores.
 
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
La escenografía es mínima, pero se enriquece con la proyección de imágenes que ubican la acción ya sea en la barbería de Fígaro, las calles de Sevilla o la casa del doctor. La mayoría de los niños se enganchan con la propuesta y los papás salen del lugar pensando que la experiencia ha sido enriquecedora. Eso es verdad, pues sus hijos han entrado en contacto con la mejor ópera bufa de la historia, según piensan muchos críticos que están muy bien informados. Por algo lo dirán, ¿no creen, amiguitos?




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