sábado, 30 de enero de 2016

Turandot: Es como el hielo, pero quema



Ópera en vivo desde el Met de Nueva York, en pantalla gigante de alta definición. Temporada 2015-2016 / 
30 de enero, 2016 / Función única / 3:10 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
El primer montaje de Turandot en el Met de Nueva York se remonta a 1926, el mismo año de su estreno mundial en La Scala de Milán. Desde 1987 hasta la fecha, en el Lincoln Center se ofrece la grandilocuente y majestuosa producción de Franco Zeffirelli. Y si a eso se agrega la presencia de Nina Stemme en el papel principal, el éxito está garantizado.

Los espectadores que están en Manhattan, así como en el Auditorio Nacional y en miles de salas alrededor del mundo, tienen la suerte de que la soprano sueca esté en el escenario, pues en la actual temporada hay cuatro cantantes que se alternan en ese rol.

Vivien Schweitzer, crítica de The New York Times, dice que “Nina Stemme se las arregla para que la espeluznante doncella de hielo luzca vulnerable. Suena más desconsolada que furiosa durante ‘In questa reggia’, el aria en que recuerda a su antecesora violada. Su poderosa y exuberante voz conserva el calor durante toda la función, con brillantes notas altas que nunca suenan estridentes”.
Durante el intermedio, la presentadora Renée Fleming comenta que “Stemme es una cantante especializada en Wagner, y la Brunilda (El anillo del nibelungo) más importante de nuestros días”. Fleming le pregunta a Stemme cuáles son los retos que presenta el personaje de Turandot. La respuesta: “¡Todo es un reto! Se necesita una gran fuerza física y mental”. Acerca del temperamento de la princesa, Stemme dice: “En realidad ella no tiene nada contra los hombres, sólo está esperando en secreto que uno aparezca sin ser estúpido”.
El tenor Marco Berti es un Calàf de primera línea y su “Nessun dorma” lo constata, pero palidece junto a la luminosa presencia de Stemme. Por el contrario, Alexander Tsymbalyuk (bajo-barítono) y Anita Hartig (soprano) conforman una pareja insuperable como Timur y Liù, es decir, el anciano enfermo y la joven esclava. El contraste de sus voces electriza el escenario y como actores están por encima de los protagonistas.
Turandot es una bella princesa que ha mandado al patíbulo a veintiséis pretendientes que no supieron contestar sus tres preguntas de rigor: ¿Cuál es el fantasma que nace en el hombre cada noche y muere cada día? ¿Qué flamea y arde como la fiebre, pero se enfría con la muerte? ¿Qué es como el hielo pero quema? Las respuestas son: la esperanza, la sangre y Turandot.
La belleza de la princesa es tal que Calàf se arma de valor y hace sonar tres veces el gong, lo que significa que arriesgará la vida con tal de salirse con la suya. De nada sirve que Ping, Pang y Pong, ministros de Turandot, traten de disuadir a Calàf, pues éste no entiende razones. Tampoco le importa que su padre (Timur) haya sido cuidado fielmente por Liù y que ella sea capaz de ofrendar su vida por amor.
Calàf responde los tres enigmas y Turandot se resiste a cumplir con su palabra. Como condición para romper el trato, él le da de plazo un día para descubrir su nombre. Liù hace creer a todos que sólo ella tiene la respuesta, y luego se suicida.
Hasta aquí llegó Giacomo Puccini en la composición y se bloqueó, según dijo el maestro Sergio Vela durante la tradicional charla previa en el Lunario. Ante la muerte de Puccini, Franco Alfano creó las escenas finales, bajo la supervisión de Arturo Toscanini, quien dirigió el estreno mundial en Italia.
Calàf besa a Turandot y ella cae rendida en sus brazos. Se consuma el amor a costa de la muerte de un ser sensible y delicado. Cae el telón y el público de Nueva York vitorea en especial a Nina Stemme, pero también es generoso con los otros cantantes y con el director musical, Paolo Carignani, quien agradece en nombre de una orquesta que cada día toca mejor. Y no se diga el coro, que en este caso hace las veces de pueblo sediento de sangre, aunque al final se complace con la redención de la princesa.

Cuento de hadas con moraleja
• En las entrevistas del intermedio, la encargada de la coreografía en este montaje, Chiang Ching, dijo que antes de Turandot nunca había visto una ópera occidental. Ella tiene una larga carrera en el cine que se realiza en Hong Kong. Renée Fleming le preguntó cómo había conseguido el trabajo en el Met, y Ching respondió: “Sólo escuché un mensaje en mi buzón del teléfono. Me invitaron directamente y nunca tuve una audición”.
• Para Anita Hartig, “Turandot es un cuento de hadas, pero el mensaje es real: tenemos que sacrificarnos para alcanzar nuestros sueños”.
• En 1961 el Met presentó Turandot con Birgit Nilsson y Franco Corelli, producción de Cecil Beaton. En 1987, Zeffirelli (productor y escenógrafo) requirió a Eva Marton, Plácido Domingo y Leona Mitchell.
• Franco Zefirelli nació en Florencia, en 1923. En el cine dirigió Romeo y Julieta (1968) y Té con Mussolini (1999), además de varias óperas: La traviata (1982), Otelo (1986), Don Giovanni (2000), entre otras.
• El libreto fue escrito por Giuseppe Adami y Renato Simoni, a partir de la obra teatral Turandot, de Carlo Gozzi, quien tomó la anécdota de Las siete princesas, del poeta persa Nezamí Ganyaví, quien vivió en el siglo XII. (F.F.)

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