viernes, 15 de enero de 2016

Si no bailo, me muero: Un ¡olé! para Carmen Amaya


Homenaje a Carmen Amaya, con Sebastián Sánchez, Mercedes Amaya y Karime Amaya
15 de enero, 2015 / Función única / 2:00 hrs. de duración / Promotor: RAS Arte & Cultura S.A. de C.V.

Fernando Figueroa
El espectáculo de esta noche condensa la historia de una dinastía del baile flamenco: las Amaya. El mito se llamó Carmen y la apodaban La Capitana. Le sobreviven su sobrina Mercedes (La Winy), y su sobrina nieta Karime, quienes cimbran la estructura del Lunario en honor a la dama legendaria.
Mercedes ya cumplió medio siglo en los tablaos, pero aún tiene cuerda para rato y marca la pauta. Karime rebosa juventud, guapura, garbo y talento heredado que dan una buena idea del monstruo que fue su tía abuela. La velocidad del zapateo y el vértigo de sus giros contrastan con los pasos lentos de quien parece que parte plaza, además de cierta coquetería con el público y con los cantaores.
En las pantallas se proyectan fragmentos de Los tarantos (1963), cinta de Francisco Rovira Beleta que estelarizó Carmen Amaya cuando la vida se le escapaba de las manos (murió ese mismo año). También hay imágenes fijas y en movimiento de la más grande bailarina flamenca de la historia, quien paradójicamente no era andaluza, pero sí gitana de cepa.
Carmen y su familia sobrevivían en las barracas de Somorrostro, a la orilla del mar de Barcelona. Su padre tocaba la guitarra y le impuso una disciplina férrea, de ésas que moldean para siempre. En 1936 la Guerra Civil la expulsó a Buenos Aires y conquistó de inmediato la calle de Corrientes, no la banqueta sino el teatro Maravillas, donde agotó el boletaje durante un año sin interrupción.
La buena mano de un empresario llevó a Carmen Amaya a un cabaret de Nueva York; de ahí brincó al Carnegie Hall y luego a la gloria (con escalas en México y varias ciudades de Latinoamérica). El presidente Roosevelt, Orson Welles y Leopold Stokowski la vieron bailar y coincidieron en decir que era lo más impresionante que había pasado frente a sus ojos. Aquella estrella dejó testimonio de su genio en cintas y videos, además de una herencia de sangre que hoy corre por las venas de Mercedes y Karime, espléndidamente contrapunteadas por Sebastián Sánchez, quien aporta el lado varonil en sus ejecuciones a solas o en compañía de las Amaya.
Si los bailarines alcanzan cumbres insospechadas, lo mismo logran tres guitarristas de primera línea: Víctor Márquez El Tomate, Santiago Aguilar y Santiago Amaya. El cante corre a cargo de dos figuras: Jesús Corbacho y Cachito Díaz, quienes pasan del quejío —lamento de quien se quiere morir por culpa de una ingrata mujer— a la algarabía de las rumbitas —el flirteo, los piropos y la consumación del baile en la sexualidad desbordada.
En una entrevista grabada, La Capitana —le decían así desde niña por su fuerte temperamento— contó: “Mi padre nunca me dijo ‘qué bien has bailao esta noche’ porque él quería que cantara”. En esa faceta Carmen también alcanzó la excelencia, tal como puede comprobarse en las grabaciones tituladas La reina del embrujo gitano. La diva catalana filmó algunas películas en México, como Los amores de un torero (José Díaz Morales, 1945), con el matador Joaquín Rodríguez Cagancho.
Tanto Mercedes Amaya como Karime nacieron y radican en México; han participado como invitadas en la compañía de Antonio Canales, y Karime ha alternado con figuras del tamaño de Farruquito y Joaquín Cortés. Sebastián Sánchez nació en Argentina y fue alumno destacado de Rafael Amargo; ejerce la docencia con pasión desbordada.
¡Cuánto talento en un espacio tan breve! ¡Salud por Carmen Amaya!

Programa
Los tarantos de Rovira: Sebastián Sánchez, Mercedes Amaya y Karime Amaya / Taranto: Karime Amaya / Soleá: Mercedes Amaya / Seguiriya: Sebastián Sánchez y Mercedes Amaya / Tangos: Mercedes Amaya / Caña con castañuelas: Sebastián Sánchez / Alegrías: Karime Amaya / Carmen Amaya: Sebastián Sánchez, Mercedes Amaya y Karime Amaya.

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