sábado, 16 de enero de 2016

Los pescadores de perlas: Un tsunami llamado pasión


Ópera en vivo desde el Met de Nueva York. HD. Temporada 2015-2016 / 16 de enero, 2016 / 
Función única / 2:35 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
En 1916, Enrico Caruso y Giuseppe De Luca cantaron en el Met el célebre dúo de la amistad “Al fondo del templo santo”, de Los pescadores de perlas. Durante cien años no volvió a montarse esa ópera de Bizet en el escenario neoyorquino, hasta ahora que Matthew Polenzani y Mariusz Kwiecień le dicen en broma a la presentadora Patricia Racette que tratarán de “hacerlo mejor”.
Es difícil saber si Polenzani y Kwiecień superan o no a los cantantes italianos en ese fragmento, pero lo cierto es que provocan dos cosas: que la piel de los espectadores se erice y una cascada de aplausos que interrumpe la función en el Lincoln Center. En el Auditorio Nacional también se escuchan algunas palmas, sin importar que los artistas estén a miles de kilómetros de distancia.
El mencionado dueto es el punto culminante de una extraordinaria producción de la británica Penny Woolcock, quien ya había mostrado su talento en el Met al realizar Doctor Atómico, en 2008.
Woolcock arranca de forma espectacular, al estilo Broadway. Mediante proyecciones de video e iluminación adecuada, el escenario se transforma en el fondo del mar, al tiempo que dos acróbatas —sostenidos con arneses— nadan en busca de perlas. Momentos después, la acción se desarrolla en el barrio costero de un pueblo indeterminado, en la época actual.
Durante la tradicional charla previa, en el Lunario, el maestro Sergio Vela comentó que, originalmente, los libretistas Eugène Cormon y Michel Carré pensaron en ubicar la historia en Yucatán, en un contexto maya, “pero alguien les dijo que en esa zona no había pescadores de perlas y mejor optaron por Ceilán, actual Sri Lanka”.
La anécdota gira en torno a la añeja amistad de Nadir (Mathew Polenzani, tenor) y Zurga (Mariusz Kwiecień, barítono), quienes se reencuentran después de muchos años y recuerdan que, alguna vez, una mujer estuvo a punto de enemistarlos. Desde entonces hicieron un pacto para alejarla de sus vidas, pero el destino se encarga de rehacer el triángulo amoroso. Leïla (Diana Damrau, soprano) llega a la isla en plan de sacerdotisa y tiene la encomienda de conservarse casta, para así defender a los pobladores de los embates de la naturaleza. El rostro lo oculta tras un velo, pero Nadir reconoce su voz y la asedia; ella se resiste durante varios días, aunque cede a la tentación y cae en brazos de su amado.
Se desata un tsunami que daña a la isla y el sumo sacerdote —Nourabad (Nicolas Testé)— culpa de lo acontecido a Leïla y Nadir. Zurga los defiende porque no sabe que se trata de la misma mujer de antaño; al enterarse de la verdad, exige pena de muerte para los traidores. Leïla pide a Zurga que la mate y perdone a Nadir. Zurga casi enloquece de celos aunque luego recapacita y les permite fugarse en medio de un incendio que él mismo ha provocado para tal fin. 
El crítico Anthony Tommasini, de The New York Times, dice que Penny Woolcock cuenta con “un elenco de ensueño” para esta producción. Afirma que Polenzani “crea un Nadir conmovedoramente creíble, y canta el aria ‘Creo todavía escuchar’ con una ternura lírica maravillosa”. A Kwiecień lo califica como “un Zurga ideal que canta con sonido pulido y riqueza lírica”. Asimismo, comenta que “Damrau aporta su brillante y ágil coloratura, sonido radiante y carisma para el papel de Leïla”.
Los coristas del Met interpretan a los pobladores. Ellas hacen guirnaldas con flores y ellos tejen redes para pescar; algunos leen el periódico y otros hacen campaña política a favor de Zurga. La infalible orquesta del Met está dirigida por Gianandrea Noseda, quien durante el intermedio comenta que “la música de Los pescadores de perlas es transparente y llena de pasión”.
El mismo Noseda también señala que Los pescadores de perlas debería montarse con más frecuencia alrededor del mundo. Tiene razón, pero estamos hablando de una obra de arte que vive a la sombra de Carmen, la ópera más representativa de Bizet. ¡Qué injusticia!

Bizet, Damrau y Woolcock
• En la charla previa, el maestro Sergio Vela comentó que Georges Bizet tiene un lugar de privilegio en la historia de la música no sólo por la ópera Carmen, sino también por el conjunto de su obra para piano y la “deslumbrante” Sinfonía en Do mayor. Acerca de Los pescadores de perlas, dijo que se trata de “una obra imperfecta y disfrutable, con un libreto defectuoso pero llena de atractivas frases musicales y de un canto natural”.
• Nacido en París, en 1838, Georges Bizet estudió música en el Conservatorio de la capital francesa, y en Italia gracias a que obtuvo el Gran Premio de Roma. Los pescadores de perlas se estrenó el 30 de septiembre de 1863, en el Teatro Lírico de París. Bizet murió a los 36 años, cuando Carmen aún no era valorada en su justa dimensión.
• Al ser entrevistada en el intermedio, Diana Damrau contó que ella buscó a Peter Gelb (gerente general del Met) y le expuso la necesidad de montar una ópera tan exótica y melodiosa como Los pescadores de perlas.
• La producción de Penny Woolcock se estrenó en Londres, en 2010. De padre británico, Woolcock nació en Buenos Aires y vivió hasta los dieciocho años en Argentina y Uruguay. Formó parte de un grupo teatral con ideas radicales y alguna vez fue detenida por presentar en la calle una obra contestataria. En 2003, dirigió la cinta The Death of Klinghoffer (2003), a partir de la polémica ópera homónima de John Adams. (F.F.)

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