domingo, 17 de enero de 2016

Hamlet: El personaje que todos llevamos dentro

Foto: London National Theatre

National Theatre de Londres presenta: NTL. Proyección digital con subtítulos en español / 17, 18 y 19 de enero, 2016 / 
Cuatro funciones / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional – Embajada Británica en México.

Fernando Figueroa
Por sexta ocasión en su historia, el National Theatre de Londres (creado en 1963) presenta la obra más famosa de William Shakespeare, ahora bajo la dirección de Lyndsey Turner y la actuación estelar de Benedict Cumberbatch. En enero de 2014 se pudo ver en el Lunario la versión de Nicholas Hytner, con Rory Kinnear al frente del elenco.
En los dos casos mencionados, los directores han optado por mostrar la historia en un contexto moderno, pero la diferencia estriba en que Hytner puso mayor énfasis en el teje y maneje del poder, mientras que Turner aporta un ambiente surrealista que insufla intemporalidad a ciertos pasajes, sobre todo cuando Ofelia pierde la razón y se arrastra en su cuarto entre hojas secas, como en un otoño ocre al interior del castillo.
Montar Hamlet es lo más fácil del mundo… y lo más difícil. Lo más sencillo, porque el texto es una pieza perfecta en cuanto a forma y fondo. Lo más complicado, porque se ha hecho en incontables ocasiones y, por tanto, debe haber alguna aportación que justifique tal audacia.
La carta fuerte de la directora es, sin duda, la actuación de Cumberbatch, quien ofrece buena presencia escénica y gran capacidad para virar del dolor infinito por la muerte de su padre a la desatada locuacidad (no locura), que utiliza para burlarse de su tío Claudio, el asesino, y de su madre Gertrudis, quienes se casan “antes de que se enfríe” el cuerpo del rey Hamlet (el príncipe dice con ironía que los fiambres que sirvieron en el velorio son los mismos que se ofrecieron en la boda).
Aunque la mayoría del público conoce a Cumberbatch por sus trabajos en televisión (Sherlock) y en cine (El código enigma, Viaje a las estrellas), estudió teatro y obtuvo una maestría en actuación clásica. En 2011, para el National Theatre, hizo tanto el papel del Doctor como el de la Criatura en Frankenstein (Mary Shelley), dirigida por Danny Boyle, alternando esos papeles con Jonny Lee Miller, lo que le valió el Premio Olivier al mejor actor de manera compartida.
Antes de la función, Cumberbatch dijo en entrevista grabada que “todos tenemos un Hamlet en nuestro interior” (también se proyectó un video acerca de su visita a una escuela secundaria de Londres, en la que los alumnos montan la obra), y se refirió a la necesidad de presentar este drama con frecuencia para nuevos públicos. Desde ese punto de vista, el éxito es rotundo, pues la transmisión vía satélite fue vista por doscientas veinticinco mil personas, cifra récord a nivel mundial para una obra de teatro.
El triunfo artístico también se alcanza —tomando en cuenta los aplausos finales—, aunque algunos críticos no se han entusiasmado tanto. La mayoría coincide en elogios para Cumberbatch, pero para Michael Billington, de The Guardian, “la producción de Lindsey Turner está llena de ideas a medio cocinar”, mientras que Quentin Letts, del Daily Mail, habla de “algunos elementos demasiado cándidos” en el montaje.
Hay que mencionar el excelente trabajo de Ciarán Hinds (Games of Thrones), un Claudio que destila maldad casi de principio a fin, pero en un momento dado se enfrenta a su conciencia y muestra un desconcierto conmovedor. Por su parte, Jim Morton demuestra que es un gran actor aunque, en esta versión, Polonio sólo es un personaje chusco y se desdeña el lado maquiavélico que también posee (aspecto que Hytner sí destacó en su momento).
Tanto Sian Brooke (Ofelia) como Anastasia Hillie (Gertrudis), no parecen muy dominadoras de sus papeles en la primera parte, pero ambas lucen espléndidas cuando la venganza y el drama se ciernen sobre el castillo de Elsinore y el hedor invade toda Dinamarca.

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