miércoles, 2 de diciembre de 2015

Zoé: Nitroglicerina hecha en México

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional


2, 3, 9 y 10 de diciembre, 2015 / Cuatro funciones / 2:35 hrs. de duración /
 Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

David Cortés
“Antes no nos gustaba tocar aquí, sentíamos que era un lugar muy frío. Lo que pasa es que solamente estaban nuestras mamás, nuestras abuelitas, todas así muy paraditas (imita la posición), sin moverse”, dice León Larregui casi al final de la primera de las cuatro noches que Zoé tiene proyectadas en el Auditorio Nacional. En realidad, lo que él quiere verdaderamente asentar, pero hay que descubrir entre líneas, es que el camino para llegar a este lugar no ha sido sencillo.


Zoé, cierto, es un grupo de rock, de rock pop, una banda que no posee mucha movilidad en el escenario. Si bien la escenografía y el juego de luces suplen en algo esta carencia, el peso se concentra en la música, en esa puesta en juego de una serie de canciones que a lo largo de más de quince años se han convertido ya en indispensables del libro del rock nacional. Lo importante, lo atractivo de su presentación en este recinto son los arreglos que imprimen a esas melodías, el nuevo maquillaje que untan a las composiciones, tarea compleja pues un exceso del mismo bien podría hacerlas insufribles.
La piedra de toque se encuentra en la parte de atrás, en los teclados de Jesús Báez quien, mediante imaginación, discreción y buen gusto inserta su instrumento aquí y allá, y enlaza el resto de las partes, además de aprovechar para inclinar el sonido del quinteto (esta noche se han sumado un par de invitados en percusiones y teclados) a una vena synth pop muy ochentera, pero que sigue teniendo sus raíces en ese viejo pero no obsoleto rock.
Como frontman, Larregui dista mucho de ser espectacular, pero en vez de ello tiene imán. Habla poco, apenas lo indispensable (incluso trata de arruinar “Las mañanitas” que comienza en su honor el guitarrista Sergio Acosta para celebrar su onomástico, canto al que se une todo el foro) y sus compañeros lo secundan. Sí, la banda es poco gestual, pero lo compensa con intensidad. Hoy abunda ésta y las buenas hechuras. Si el preludio corrió a cargo de Costera, sexteto de reciente cuño, con ese gesto uno no puede más que recordar aquellos inicios inciertos en los cuales Saúl Hernández (líder de Caifanes) tutelara a Zoé. 
Ahora los pupilos superan al maestro y las razones están a la vista. Entre la guitarra de Acosta, la batería de Rodrigo Guardiola y el bajo de Ángel Mosqueda, y los ya citados Larregui y Báez, hay un hilo invisible, una especie de cemento que los une y los lleva a trabajar y sonar ⎯realmente⎯ como una unidad. El instrumento de seis cuerdas no domina, pero cuando es requerido entrega solos muy limpios, emotivos, asombrosos; Guardiola y Mosqueda son muy solventes, no dejan escapar tiempos ni notas y sobre semejante base rítmica pueden tenderse muchas cosas, entre ellas la voz, a sabiendas de la seguridad existente. 
En “Fotosíntesis”, la entrada adquiere matices orientales, bien se podría formular un melisma sobre ella; “Nada”, atacada en el primer tercio de la velada, es potente, un tema que se ha vuelto un tour de force en el repertorio de la banda, de inicio lento, sensual, pero de explosiva fuerza de la mitad en adelante. “Poli” llega en un formato casi acústico y recibe una atinada relectura; “Dead” viene cargada con un solo angular de Acosta en la guitarra y la wizardry de Báez en los teclados, mientras “Luna” los mira adentrados en el tribalismo cuando dejan sus instrumentos para golpear tambores o juguetear con los teclados.
 
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Aunque el grupo puso todas las castañas en el asador desde muy temprano, consigue mantener el nivel de energía, y si bien el vocalista elimina la sorpresa al anunciar el encore antes de llevarlo a cabo, no termina con el gusto de estar allí. De hecho, en esa parte final de la noche se detonan los cartuchos más potentes y cuando para cerrar ligan “No me destruyas” con “Love”, ésta en un tono reminiscente de la sicodelia en música y espíritu, el tono de celebración ya es definitivo. Zoé es la suma de sus partes y eso, más la adición de una fanaticada que los retroalimenta constantemente, conforman un barril de nitroglicerina.

Discografía
1998: Debutan con un álbum homónimo.
2003: Bajo la producción de Phil Vinall, se lanza Rocanlover, su segunda producción.
2005: The Room aparece en el mercado. Es la obra que los lanza al éxito y se convierte en el único EP, hasta el momento, en alcanzar disco de oro. 
2006: Memo Rex Commander y el corazón de la Vía Láctea ve la luz; de él se desprende el sencillo “Vía Láctea”.
2008: Graban en el Palacio de los Deportes su primer trabajo en directo titulado 281107; un año más tarde sale a la venta el mismo material pero en formato DVD. Su cuarta producción en estudio, Reptilectric, también aparece ese año.
2011: MTV Unplugged: Música de fondo, los lleva a ser nominados a los Latin Grammy, las Lunas del Auditorio y los MTV Europe Music Awards.
2013: Nuevamente con la producción de Phil Vinall, se edita Prográmaton, quinto disco en estudio.
2015: Prográmaton revisitado, con remezclas de El Columpio Asesino, Daniel Melero, Little Dragon y Astro, entre otros, se lanza a principios del año. Para cerrar, aparece la segunda placa en concierto: 08.11.14. En vivo en el Foro Sol. (D.C.)

Programa
2013 / 10 am / Últimos días / Vía Láctea / Nada / Nunca / Fotosíntesis / Arrullo de estrellas / Game Over Shanghai / Poli / Andrómeda / Dead / Paula / Labios rotos / Cámara lenta / SOS / Luna / Reptilectric / Soñé / No me destruyas / Love.





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