miércoles, 4 de noviembre de 2015

Pedro Aznar: Largo viaje dentro del living

Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional

4 y 6 de noviembre, 2015 / Dos funciones / 2:05 hrs. de duración / 
Promotor: Pispirispis Producciones S.A. de C.V.


Gustavo Emilio Rosales
Esta es la historia de un hombre que, de niño, se fascinaba mirando girar la rueda de los tocadiscos, que golpeaba armónicamente las ollas y otros utensilios de cocina y que gustaba de conversar a voz en cuello por medio de idiomas inventados que hablaban de fantasmas y de barcos que volaban entre las virutas de humedad que tapizan las paredes de las casas en su natal Buenos Aires.


Hoy este tipo se encuentra calmo en el centro de la escena, vestido como si únicamente tuviera el compromiso de encender su televisor y sentarse en un cómodo sillón a descansar; sin embargo, acaso por un gusto personal largamente añejado, decide desviar su atención del improbable zapping, tomar una guitarra o el piano eléctrico que inquietan un rincón, y emprender lo que mejor sabe hacer: música.

Su voz es tan apacible y penetrante como el verde de los árboles que se divisan tras los ventanales, al fondo del entarimado. A diferencia de otros artistas, él no quiso colocar pantallas de video tras de sí o el tradicional telón oscuro, que es metáfora de una dimensión carente de tiempo y, por tanto, sin espacio definido; cuando le preguntaron cómo quería que fuera su ambientación escenográfica, dijo: “con esta linda noche de testigo, así que despejemos todo atrás, para que dé la cara México”. 
En la República Argentina, la zona del hogar que los mexicanos identificamos con el nombre de “sala” es llamada “living” (room) vocablo que en inglés significa “viviente”. Ahora, frente a un público que se identifica con él solicitando complacencias, brindándole porras en jerga porteña —“¡dale che!”— e incluso jugándole alguna chanza al pedir un tema muy frívolo, Pedro Aznar encarna los significados principales del mencionado ámbito de estar: acentúa su presencia, sin apuro o maquillajes; se deja ser, articula un ambiente propicio y de esta forma consolida una alianza íntima con personas que demuestran quererlo y desear lo que de él emana como afluente de sonidos oportunos, portadores de considerable subjetividad.
Pese a que no hay otros músicos en el escenario, Aznar no se encuentra solo. Lo acompaña, en un costado invisible, el trabajo impecable de una sonidista que propicia que la voz y las ejecuciones instrumentales del cantautor emanen clara y poderosamente; asimismo, esta profesional hace posible la fortuna de un experimento musical de Pedro, quien se ayuda de un pequeño grabador para la interpretación de un par de temas, “Perdón”, de su autoría, y “Because”, que fue creado por John Lennon a partir de escuchar a Yoko Ono tocar el arpegio de la sonata Claro de Luna, de Beethoven, en dirección opuesta a la establecida en la composición original. En el aparato mencionado, graba una primera sonoridad (un solo de bajo o piano, por ejemplo), el cual superpone a la acústica de un segundo o tercer lance. “En Sudamérica nos las ingeniamos para inventar soluciones”, dice, “como es el caso de este pequeño estudio digital de grabación portátil que me permite, de paso, mostrarles la cocina del registrar una canción”.
También acompaña a Aznar la presencia simbólica de otros significativos músicos, que dan cuerpo a un importante sector de su tablero de canciones. De Charly García —con quien fundó, en 1978, la emblemática banda argentina Serú Girán (en la que también estaban el baterista Óscar Moro, fallecido en 2006; y David Lebón, colaborador de Pappo’s Blues y Pescado Rabioso, entre otros grupos)— interpreta “Tu amor”. De Luis Alberto Spinetta —uno de los héroes inmortales de la música popular pampeana, quien hacia el inicio de los ochenta lo invitó a formar parte, como instrumentista huésped, de su ensamble experimental Spinetta Jade— canta la hermosa “Barro tal vez”.
Hacia la mitad del concierto, convoca la inspiración del llamado Poeta del tango, Horacio Ferrer —autor de la letra de “Balada para un loco”, musicalizada por Astor Piazzolla, himno de varias generaciones porteñas—, de quien ejecuta “La crisis”, una jocosa crítica contra los “criminales de cuello blanco”. A esta lista se suman obras de Chico César (“A primera vista”), Lennon y McCartney (“Blackbird” y “Strawberry Fields Forever”), Elton John (“¿Cómo lograr que aún me quieras?”), Nano Stern (“Nube”), Daniel Toro (“Zamba para olvidar”) y Gustavo Cerati (“Lisa”).
 
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
Aunque buena parte de su recital esté conformada por composiciones de otros autores, Pedro Aznar no tiene el mínimo viso de ser un cantante de covers, pues, suyo o ajeno, sabe habitar cada tema desde la específica presencia de su sensibilidad. Así, piezas como “Las manos de mi madre” o estrenos como la ranchera “Por la vuelta”, de su inspiración, lucen una empatía energética con los cortes del repertorio internacional. La clave de esta coherencia imaginativa se encuentra en el principal talento de este ingenioso artista porteño, maestro en el arte de engendrar armoniosa música hecha a mano, que es su don virtuoso para ser contemporáneo, desde la perspectiva del filósofo italiano Giorgio Agamben: tejiendo vasos comunicantes entre eras distintas y desde el lado oculto de la cultura, aquél que pertenece, por derecho, a los relatos que estructuran el alma de cada ciudadano. 

Programa
Canta / Quebrado / Nube / Rencor / Ya no hay forma de pedir perdón / Ideología / Las manos de mi madre / Perdón / La crisis / Por la vuelta / Zamba para olvidar / Barro tal vez / Blackbird / Strawberry Fields Forever / Because / Tiempo sin respuesta / Confesiones de invierno / Traición / Maldigo del alto cielo / Tu amor / A primera vista / Lisa / Todo amor que exista en esta vida.





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