sábado, 28 de noviembre de 2015

Mariana Mallol: El valor de una carita feliz


Abrazos, besos y apapachos / 28 de noviembre, 2015 / Dos funciones / 
1:10 hrs. de duración / Promotor: Xavier López Miranda.

Fernando Figueroa
Lía tiene tres años y llora sin que sus papás puedan consolarla. Por fortuna, todo es cuestión de que Mariana Mallol regrese al escenario a ofrecer un encore, para que la carita de la niña se ilumine otra vez y vuelva a cantar y bailar.

Sucede que la artista nacida en Buenos Aires encontró la fórmula para entretener a niños en edad preescolar, y por eso el recinto está repleto de pequeñines que conocen a la perfección sus canciones y juegos, al igual que los adultos, quienes también se divierten y son felices al percibir la dicha de sus hijos. 

El sexto sentido que tienen todos los papás del mundo les dice lo que es bueno para sus criaturas, y por eso los cientos que están aquí no dudaron en salir de sus casas, enfrentar el pesado tráfico de la ciudad y pagar sus boletos para interactuar con Mallol. Ella tiene el don de ofrecer rutinas didácticas sin que eso signifique tedio o aburrimiento, ni mucho menos.
En los noventa, Mariana participó en Caracachumba, destacado grupo argentino que se dedica al entretenimiento con fines pedagógicos. Desde hace casi dos décadas vive en México y ahora tiene su proyecto personal, que se materializó en el disco Abrazos, besos y apapachos (Espiral, 2015), que es la base del show que tiene a los niños con la boca abierta en el Lunario.
En ese álbum, Mallol hace duetos con Benny, Julieta Venegas y Xavier López Chabelo. En el espectáculo canta sola y se hace acompañar de un quinteto que literalmente le sigue el juego con guitarra, bajo, batería, teclados y percusiones. Algunos temas son sólo para ser escuchados por el público y en otros se requiere de la participación activa de chicos y grandes, quienes se integran con gran entusiasmo, sin sentirse presionados.
Mariana Mallol logra que todos los asistentes canten, bailen, zapateen e imiten actitudes y ruidos de animales (orangután, elefante, águila real, gato, perro, etcétera). En el escenario la acompañan un par de títeres muy simpáticos: el pingüino Fredo y la gatita Lila. En tres pantallas se proyectan videos de alta calidad, y algunos efectos especiales generan imágenes en movimiento sobre el vestido de la protagonista.
Cantante e instrumentistas se valen de diversos géneros para atrapar la atención de la concurrencia: calipso, corrido, jazz, balada. En un momento dado, bajan del escenario y arman gran jolgorio entre las mesas con “El juego del sombrero”; el gorro en cuestión viaja de aquí para allá y, cuando cae en una cabecita, el elegido debe cantar, bailar, silbar o “inventar un poco”.
Mallol se refiere a los infantes como “pirinchos” y “pirinchas” —nombre de un ave con el copete despeinado—, el batallón que no la deja irse porque la considera una aliada para salir adelante en un mundo complejo donde la tecnología distrae pero no apapacha. Mariana lo sabe y por eso los lleva a visitar las estrellas, que tintinean gracias al sonido de los llaveros que sacan de sus bolsas los adultos.
Cuando se encienden las luces y la pequeña Lía comprende que el sueño ha terminado, vuelve a soltar el llanto y sus papás consideran la posibilidad de comprar boletos para la segunda función sabatina.

Programa
La vuelta al mundo / Hola, hola / Musiquita de reír / Había un sapo / Dos gatos / La gata / Hadas / El juego del sombrero / La brujita Tapita / Cocodrilo orangután / Calipso / Abrazos, besos y apapachos / Aram, sam, sam / Concierto amor.

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