sábado, 21 de noviembre de 2015

Lulú: La intensidad de Marlis Petersen


Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York. HD. Temporada 2015-2016 / 21 de noviembre, 2015 / Función única / 
4:05 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Entre los privilegios que otorgan las transmisiones en vivo desde el Met de Nueva York —tomas abiertas y cerradas, entrevistas con productores, cantantes y directores—, hoy se suma la posibilidad de ver a la soprano alemana Marlis Petersen en su temporada de despedida como la protagonista de Lulú, de Alban Berg, un papel que casi lleva tatuado en la piel luego de representarlo en diez producciones diferentes, a lo largo de dieciocho años.

Petersen seguirá con su carrera, pero quiere decirle adiós a Lulú cuando aún está en plenitud de facultades como cantante y actriz, según declaró hace unos días ante los medios de comunicación. Y vaya que sí está en la cima, pues cualquiera pensaría que Berg compuso esta ópera para que ella la encarnara. A los cuarenta y siete años luce una figura espléndida y un charm que hace creíble el hecho de que caigan a sus pies varios hombres y una mujer, a quienes destroza la vida sin inmutarse.

Anthony Tommasini, crítico de The New York Times, dice que en el terreno vocal Petersen expresa su lado frívolo “con una coloratura natural, sin aparente esfuerzo”, y cuando las crisis personales llegan, “canta con intensidad aterradora”.
Es justo decir que Marlis Petersen es la gran estrella de la función, pero al mismo tiempo sólo un engranaje de la estupenda producción de William Kentridge, quien logra algo que parecía imposible: superar el trabajo que realizó en el Met con La nariz, de Dmitri Shostakovich, a partir de un cuento de Gógol, ópera que pudo ser apreciada en el Auditorio Nacional en octubre de 2013, a través del programa En vivo desde el Met.
En ambos montajes, Kentridge despliega sus habilidades como el destacado artista plástico que es —ha expuesto en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y en la galería Tate de Londres—, con animaciones a partir de dibujos suyos en blanco y negro, inspirados en el expresionismo alemán.
Antes de iniciar la tradicional charla introductoria, en el Lunario, el maestro Sergio Vela bromeó acerca del rechazo popular que suele sufrir la música dodecafónica, misma que utilizó Alban Berg en Lulú: “Quiero agradecerles su presencia porque yo pensé que iban a venir sólo tres o cuatro personas”.
En ese mismo sentido, Tommasini escribió: “Sé que el término dodecafonía hace retroceder un poco a los amantes de la música, pero me gustaría que pudieran ver y escuchar una obra ingeniosamente estructurada, sombríamente hermosa y, sobre todo, con una impresionante producción como la de Kentridge”.
Ante la ausencia de James Levine por problemas de salud, Lothar Koenigs tomó la batuta de la orquesta del Met, a la que él mismo definió en el intermedio “como un Rolls Royce, rápido y flexible”. Según Tommasini, Koenigs mostró “dominio pleno de una obra de grandes proporciones”, y supo “proyectar el expresivo lenguaje musical de Berg”.
El argumento de Lulú surge a partir de dos obras de Frank Wedekind, El espíritu de la tierra y La caja de Pandora. Se cuenta la historia de una atractiva mujer que desde la infancia fue corrompida por alguien que puede haber sido su padre, padrastro o tutor, Schigolch (Franz Grundheber, barítono).
La vida licenciosa de la protagonista provoca que su primer esposo muera de un infarto al descubrirla in fraganti en los brazos de un Pintor (Paul Groves, tenor). Tal amante se convierte en el segundo marido y luego se suicida cuando descubre que Lulú tiene amoríos con el Dr. Schön (Johan Reuter, bajo-barítono). Schön también se casa con Lulú y muere asesinado por ella, no sin antes enterarse que su hijo Alwa (Daniel Brenna, tenor) también está enamorado de la mujer fatal.
A lo largo de la trama, la condesa Geschwitz (Susan Graham, mezzosoprano) hace hasta lo imposible para complacer a Lulú, porque la desea ardientemente, pero ésta la desprecia: “Para ser hombre te faltan atributos, y para ser mujer piensas demasiado, por eso estás loca”.
Lulú alcanza el éxito social y financiero, pero al final de su vida debe prostituirse en un miserable cuartucho, donde también viven a sus expensas Schigolch y Alwa. Uno de los primeros clientes es Jack El Destripador, quien la asesina, al igual que a la condesa.
Cae el telón y el público del Met ovaciona a todo el elenco, pero los aplausos para Marlis Petersen todavía resuenan en el Lincoln Center, en el Auditorio Nacional y en la memoria de los espectadores.

Schönberg, Kundera, Berg y Graham
• En la charla previa, el maestro Sergio Vela comentó que Arnold Schönberg (1874-1951) fue el primer compositor que realizó obras dodecafónicas, en las que hay “una democratización de la escala musical”, tal como lo señaló Milan Kundera en El libro de la risa y el olvido. Es decir, que ninguna de las notas determina el tono.
• Alban Berg (1885-1935) nació en Austria. En 1921 compuso la ópera Wozzeck y la estrenó en 1924. Diez años después creó Lulú, que fue estrenada en Zúrich, en 1937, aunque de manera inconclusa (él murió sin orquestar el tercer acto). En 1979 se montó completa en el Teatro Nacional de la Ópera, en París, bajo la dirección de Pierre Boulez. La orquestación del último acto corrió a cargo de Friedrich Cerha.
• En las entrevistas del intermedio, el productor William Kentridge dijo que “Marlise Petersen es la Lulú definitiva”. También comentó que se trata de una obra cruel, “tal como lo fue la época en que se desarrolla la historia, los años treinta en Europa”.
• El director musical, Lothar Koenigs, se declaró “adicto a la música de Berg, que es muy humana”. Hizo énfasis en el hecho de que este compositor utiliza el leit motiv a la manera de Wagner, para darle un determinado color a cada personaje. Koenigs vislumbra en la partitura de Lulú elementos de jazz y ragtime.
• Para Susan Graham, el papel de la condesa Geschwitz ha sido el más difícil de aprender en su larga carrera, pero tuvo en Marlis Petersen a una gran motivadora para salir adelante.
• Franz Grundheber (Schigolch) debutó como cantante de ópera en 1967, un año antes de que naciera Marlis Petersen. Daniel Brenna cree que su personaje (Alwa) es “como un perrito faldero” de la protagonista. Johan Reuter no cree que Schön sea una víctima de Lulú, “porque él tiene un pasado”.
• Para la presentadora, Deborah Voigt, “Lulú es víctima y victimaria”. (F.F.)

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