martes, 3 de noviembre de 2015

Gabriela de los Peines + Hot Club México: El nuevo arte flamenco


Concierta independencia / 3 de noviembre, 2015 / Función única / 1:35 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Gustavo Emilio Rosales
Son rápidos y quietos: una combinación que conocen los inmensos hielos eternos, que perduran en aparente calma y se desgajan abruptamente en lo que dura un parpadeo. Están enamorados de la línea, a diferencia de la usanza andaluza, que cultiva la curva, los melismas y la fluida ondulación. Se trata de movimientos enigmáticos, de dinámicas asombrosas, que trae consigo y brinda en generoso derroche la bailaora franco-mexicana que se hace llamar Gabriela de los Peines.

Su morena cabellera y sus ojos de ébano contrastan con la blancura de su piel, en una combinación que se torna cada vez más afortunada a medida que ella gira, zapatea y se conmociona en una trama de vibraciones que parece brotar del centro mismo de su joven persona. Los intérpretes del cuarteto de jazz manouche —estilo actual de jazz gitano, cuyo patriarca fue el inmenso Django Reinhardt— Hot Club México parecen inspirarse musicalmente al verla convertirse en un pensamiento de luz, para pasar a encarnar remolinos y lluvia, en un tiempo que no es el ordinario calendario de las horas.

Nació como Gabriela Rodríguez Torres, practicó danza clásica y contemporánea, pero el baile flamenco conquistó en definitiva su voluntad de creación, por lo que decidió radicar en Sevilla, donde su vocación de mezclar el género de su preferencia con disciplinas artísticas concomitantes llamó rápidamente la atención, abriendo para ella puertas hacia dimensiones de experimentación gozosa. De España, precisamente, trae consigo esta noche, invitado de honor, a un guitarrista excepcional, Paco Fernández, quien se ha integrado con lujo de coherencia al estilo del ensamble Hot Club México y a la ya conocida y respetada solvencia profesional del cantaor Cachito Díaz.
Los cuadros de baile van generando la historia de las aficiones de Gabriela, de manera puntual. Los mantones y peinetas recuerdan a las poderosas matronas del flamenco, del corte marcado por la gitana Pastora Imperio; los pantalones entallados y la chaquetilla torera no podrían sugerir algo más que no fuera la atrevida fiereza escénica que patentó Carmen Amaya; pero es la abundancia en evoluciones angulares y los bruscos cambios de ritmos los que delatan que la principal influencia artística de Gabriela de los Peines es el bailaor sevillano Israel Galván, conocido en todo el mundo como el gran revolucionario de las tradiciones flamencas.
Estimulada por el arte de quienes son depositarios de su fe y por su propio atrevimiento corporal, Gabriela se aventura en una serie de contratiempos inusuales en sus diálogos con la música; en un desfile de acciones que relevan las huellas de la danza contemporánea entre la madeja de impulsos andaluces; en una interiorización inquietante que Cachito acompaña de forma espléndida, colocándose al lado de la bailaora para tejer un puente vocal firme entre ella y la realidad de un concierto físico y acústico que paulatinamente transforma el Lunario en un laboratorio de experimentación artística en el que la improvisación siempre parece tener la última palabra.
En pasajes concedidos enteramente a su fabulosa manera de pulsar las seis cuerdas, Paco Fernández cumple el papel de un guía de memoria que, entre los placeres y los riesgos de la innovación, nos ayuda a recordar las antiquísimas raíces estéticas que alimentan el flamenco con acervos simbólicos de India, el Pueblo Rom, España y las comunidades árabes que en territorio ibérico fundaron esa patria más espiritual que geográfica denominada Al-Ándalus.
Así, lo que comenzó como un recital que alternaba lances musicales con intervenciones coreográficas se ha desarrollado como un asalto de ingenio a los sentidos. Los artistas involucrados parecen haber sellado un pacto de comunicación entre los afluentes ancestrales que nutren su talento y las posibilidades de apertura estética que encara cada uno de sus pulsos, cada una de sus entonaciones. Se llega de esta forma a un momento inspirador, en el que el cuerpo y la música se transforman para hacernos saber que el presente de nuestro deleite es el porvenir de un pasado glorioso.

Programa
Introducción Hot Gypsy Jazz / Seguiriya / Bulería / Taranto / Alegrías / Pasaje instrumental / Soleá por bulerías / Improvisación sobre jazz flamenco / Solo de Paco Fernández, guitarrista / Pasaje instrumental / Farruca / Fin de fiesta.

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