jueves, 5 de noviembre de 2015

Brad Mehldau Trio: Naturaleza e ilusión

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

5 de noviembre, 2015 / Función única / 1:36 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

David Cortés
Al piano, Brad Mehldau siempre será un espectáculo, lo toque o no. Cuando sus manos se alejan del instrumento, se dedica a la contemplación (tanto que se sienta en posición de flor de loto sobre su sillín) y deja al baterista Jeff Ballard y al bajista Larry Grenadier ensarzarse en un diálogo que fluye con total libertad y al a que él, ya descansado, se incorporará para dar un remate no exento de dramatismo. 


Hoy el trío comienza con un tema a medio tiempo que, contra el beneplácito que expresan sus fans, es apenas una interpretación que utilizan para calentar y tantear el ambiente, la receptividad del público, pero en la que su talento se muestra contenido. Después de esto, la verdadera sesión empieza; los tres se fusionan en una unidad extrovertida, desenfadada, una máquina precisa, más bien un humanoide porque detrás de ese artificio de relojería se esconde una pulsante alma que desencadena la ilusión.
Por esta ocasión, las cortinas de la parte posterior del recinto se han abierto y permiten ver un par de árboles que, a ratos, se mueven al compás de la música. Y hay un instante en que la ilusión óptica y las luces crean un espejismo. De pronto, es como si Mehldau tocara desde las ramas, como si los sonidos y él mismo fueran una extensión de la fuerte raíz que sostiene al tronco. 
La analogía no es gratuita. Esta noche, en verdad, la música nace, crece, se desarrolla y muere frente a los asistentes, porque en su mayoría surge de un proceso de improvisación. Él ha dicho: “La improvisación es una de las cosas grandes que utilizo en mi propia definición de jazz. Tienes la habilidad de hacer una narrativa intrincada, de jugar con el tiempo, como lo hace un novelista. Monk, Shorter y Coltrane hacen eso. La mayoría de mis héroes tienen ese aspecto narrativo”.
Así, el pianista y compañía se encargan de hilvanar una novela en donde hay acentos festivos, un poco de tragedia, pasajes contados al unísono, espacios en los cuales la intensidad y el drama van en aumento y, cuando amenaza con explotar, mediante un matiz, esa fuerza se controla y desciende de improviso o lentamente, según sea el caso, para encontrar como coda el solo de alguno de ellos.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Hay muchas formas de hacer jazz, pero Mehldau y su trío si bien no se adentrar en la vanguardia, sí muestran que aun dentro del ejercicio más convencional y melódico del género de la síncopa, se alcanza la autenticidad, una voz propia que es capaz de expresar sus propias composiciones o hacer suyas las de otros. Esta noche, esa voz se dejó escuchar clara, potente y firme. Nada más que pedir.




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