martes, 20 de octubre de 2015

Teresa Salgueiro: La voz del tiempo


La golondrina y el horizonte / 20 de octubre, 2015 / Función única / 
2:15 hrs. de duración / Promotor: Orly Beigel.

Gustavo Emilio Rosales
Su canto es tan especial, prístino y bello, que parece imposible nombrarla con alguna figura que no se haya empleado anteriormente: sirena, diva; el ruiseñor tres veces nacido: por vez primera, en 1969, frente a las aguas del río Tajo, que bañan la mítica ciudad de Lisboa; a continuación, en 1987, cuando ingresó a las filas del grupo lusitano Madredeus, con el que alcanzó cimas de la fama internacional; y finalmente cuando, en 2008, se declaró artista independiente, para generar producciones discográficas que difieren del fado portugués, el género musical con el que se la identificó durante lustros.

Hoy, como intérprete respetada y admirada en todo el mundo, madre plena y viajera incansable, Teresa Salgueiro se declara en franco vuelo hacia el futuro y lo hace mediante el título de su disco más reciente, La golondrina y el horizonte, el cual presenta esta noche de luna alegre en nuestra ciudad capital, ante un Lunario abarrotado.

Escucharla es como ver cantar al tiempo de cuerpo entero. Vibrar de antiguas civilizaciones; legión de intensidades y ensueños porta su voz, ante la que es imposible permanecer indiferente. Esta singularidad artística, el sello inconfundible de Salgueiro, no parece conocer el resquebrajamiento ante el paso de los años y, en esta velada, dota de una especial aura de nostalgia y candor a temas del repertorio latinoamericano que predominan en el setlist diseñado por la propia cantante para complacer a quienes califica de “uno de mis públicos más cálidos y fieles”.
Así, cuando la protagonista del álbum O Mistério (2012) ofrece su versión de temas emblemáticos de nuestra educación sentimental —como “Paloma negra”, “Canción mixteca”, “María bonita” y “Sabor a mí”—, consigue que el público coma de sus manos (es tan orgánica la relación que su voz tiene con el movimiento de sus extremidades superiores, que en su modo creativo cantar y danzar llegan a ser un mismo verbo), en una comunión sellada por un pacto de gratificación: Teresa se brinda por completo, inspirada y segura; quienes la vemos cuidamos de su frágil vehemencia, empeñando en nuestro hacer de espectadores una atención de calidad extraordinaria.
Alguien llora, lentamente y a placer, bañando con sus lágrimas la sonrisa tenue que alguna vez tuvo cuando miró un amanecer; otro se da permiso de viajar con la luz de sus pupilas invertida hacia lo profundo de su ser, delata que pasea por parajes aún no perdidos de la infancia; ambos se mueven de un lado al otro, acompasadamente, sin notar que su acuerdo corporal es, al unísono, un sanador masaje al alma; todos somos el orgulloso destino de la voz de Salgueiro, que es la voz de los abuelos y la voz del ciudadano por nacer.
Acompañada por Marlon Valente (acordeón), Óscar Torres (bajo), Graciano Caldeira (guitarra) y Rui Lobato (guitarra portuguesa y percusión), vestida de blanco para multiplicar, como un prisma de piel, las luces que la hacen destacar, Salgueiro declara, a viva voz, su amor por las palabras en español; su reconocimiento de que son las lenguas romances el mejor vehículo conocido para dar cuenta de los motivos íntimos del corazón. Chabuca Granda, Agustín Lara, Astor Piazzolla, Violeta Parra y Cuco Sánchez son algunos de los ancestros que ella llama a ser testigos de la anterior declaración.
A sabiendas de que se espera que ella encarne de vuelta ese tono de tristeza especial que ha llegado a ser patrimonio cultural de Portugal, la legendaria saudade, Teresa brinda canciones de Zeca Afonso (el poeta y cantautor que confrontó a la dictadura de António de Oliveira Salazar), Pedro Ayres (quien fuera líder de Madredeus) y coplas populares portuguesas. Sin embargo, ninguno de estos temas se abisma en el pesimismo que suele atribuirse al fado, pues Salgueiro es una de las figuras que más ha defendido públicamente a la saudade frente a las opiniones que la estigmatizan como un aura suicida, argumentando que en realidad se trata de una melancolía primigenia, donde también anida la poesía.
Elegante en todo lo que emprende (la elegancia, decía Chesterton, es siempre el orden de lo que se sabe hacer bien), Teresa Salgueiro invoca la inspiración de Consuelo Velázquez para cerrar su recital con “Chachito”, poco más de dos horas después de haberse reencontrado con un público que fielmente esperó su regreso al país; que la siguió de cerca a su paso por el Festival Internacional Cervantino, donde su arte fue considerado entre lo mejor de la 43 edición de este importante programa; que la despide ahora con vítores y flores que son porras y brazos agitándose en señal de gratitud y de promesa de esperar a que esta golondrina, que parece más hermosa conforme más avanza el calendario, decida regresar.

Programa
Distäncia secreta / Ando entre portas / La golondrina / Canción mixteca / Fina estampa / María bonita / Fallaste corazón / Lisboa / Paloma negra / Todo cambia / O canto encantado / La flor de la canela / Mi niño, niño / Alfonsina y el mar / Vuelvo al sur / Guitarra do cristal / Gracias a la vida / Sabor a mí / Encore: Cachito. 

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