martes, 6 de octubre de 2015

Juan Diego Flórez: Historia de grandeza y humildad

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


VIVA Perú 2015 / 6 de octubre, 2015 / Función única / 
2:30 hrs. de duración / Promotor: VIVA EEM, A.C.

Fernando Figueroa
Un día antes de este concierto, Juan Diego Flórez ofreció una conferencia de prensa en el vestíbulo del Auditorio Nacional. Un buen número de reporteros llegó a la cita para conocer al hombre a quien Luciano Pavarotti nombró como su sucesor, al mejor tenor lírico de la historia según Plácido Domingo, y al que es ubicado por la crítica entre los diez mejores cantantes de ópera de todos los tiempos.


Al finalizar aquella charla, varios periodistas comentaron entre sí acerca de la sencillez de un artista que bien podría andar por el mundo con aires de divo. La misma impresión de humildad provoca Flórez en el público durante los ciento cincuenta minutos que dura su espectáculo, una velada memorable en la que conocedores y aficionados disfrutan de un intérprete no sólo en plenitud de facultades sino también entregado al máximo.

Presenciar una gala de esta naturaleza es un privilegio que todo el mundo debería tener alguna vez en su vida. La calidad del peruano es pasmosa y justifica todos los elogios que ha recibido. En su voz hay gran potencia, técnica depurada, timbre único, dicción pulcra y virtuosismo belcantista. En el programa hay arias con coloratura —uno de sus grandes tesoros—, y es patente la facilidad con la que alcanza las notas altas creadas por Rossini, Donizetti y Leoncavallo, y lo mismo en el caso de canciones populares de Pepe Guízar, Pedro Galindo, Chucho Monge y, por supuesto, Agustín Lara y José Alfredo Jiménez.
El show transcurre en sentido contrario a la carrera del tenor. En la primera parte se ofrecen arias y piezas instrumentales a cargo de Flórez y la Orquesta Sinfónica de Minería (Sebastiano Rolli, director huésped). La segunda inicia con canciones italianas, continúa con temas de Perú —la cusqueña “Valicha” la interpreta en quechua y español— y cierra con composiciones mexicanas que causan gran júbilo.
Durante su infancia y adolescencia, Flórez sólo escuchó en casa música folclórica y canciones populares de Latinoamérica, especialmente de Cuba y México —su padre es un músico que en alguna época acompañó a Chabuca Granda—. Juan Diego tocaba la guitarra y cantaba valses peruanos, boleros, sones, baladas y rancheras; también tuvo una breve época rockera con el grupo amateur Grafitti. A los diecisiete años entró al Conservatorio de Lima, donde descubrió la ópera, su verdadera vocación. 
Debido a su trayectoria artística, el sudamericano se mueve con soltura en cualquier género musical. En las arias se muestra como el monstruo operístico que es, y en el segmento popular crea un agradable ambiente de camaradería, sin dejar de interpretar los temas con gran rigor.
Se comunica con naturalidad cuando no canta. Dice que “Malagueña” tiene cierto grado de dificultad y en el falsete remite a Miguel Aceves Mejía, aunque sólo sea por un mecanismo de la memoria involuntaria de los mexicanos de edad avanzada. Con frecuencia dice “Viva Perú, viva México, vivan ustedes”, y en plan de broma agrega “viva yo”, aunque de inmediato corrige con mucha gracia: “no, no es cierto”. Cuando coloca un atomizador en su boca, comenta: “es sólo agua, no vayan a pensar mal”. Quienes lo han visto en el papel principal de El conde Ory —proyectada en el Auditorio Nacional dentro del programa The Metropolitan Opera HD Live—, saben que él posee una envidiable vis cómica.
La forma como el público recibe el trabajo de Flórez es de una calidez conmovedora, al punto de que él dice con modestia: “No pensé que me iban a aplaudir tanto, muchas gracias por estar aquí”. En “Guantanamera” invita a la gente a cantar y bailar, pero como no ve una buena respuesta ofrece “una segunda oportunidad” que es mejor atendida. 
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Flórez podría irse al concluir lo anunciado en el programa de mano, pero su generosidad no tiene límites y regresa para ofrecer un largo encore tanto con la orquesta como con el Mariachi Gama 1000, en un cierre que busca complacer y lo consigue por completo. Más tarde, en su página de Facebook, escribiría este mensaje: “Fue un anoche inolvidable en el Auditorio Nacional. Gracias, México, por el cariño y la entrega”.

Presentación de una figura
Ingrid Yrivarren —presidenta de la fundación VIVA en el Mundo—, Tania Libertad y Armando Manzanero se encargaron de presentar a Juan Diego Flórez. El yucateco le dio la bienvenida en nombre de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), y la peruana mexicana comentó que su paisano fue aplaudido durante cincuenta minutos en La Scala de Milán, donde concedió siete bises. Eso sucedió apenas en junio de 2015.
En 2007 había roto el veto que Arturo Toscanini impuso, setentaicinco años atrás, a las repeticiones en esa casa de ópera. Flórez lo logró con el aria “Ah! mes amis, quel jour de fête”, de La hija del regimiento, de Donizetti. En el Met de Nueva York también ha ofrecido bises, algo que en la era moderna sólo han conseguido ahí, aparte de él, Luciano Pavarotti y el mexicano Javier Camarena.
Flórez estudió ópera en el Curtis Institute of Music de Filadelfia. En 1996 se aprendió en unos cuantos días el papel de Corradino, de Matilde di Shabran, de Rossini, pues el tenor titular se enfermó; el sudamericano sólo tenía un papel secundario y aceptó el reto de interpretar al protagonista. Entonces, se corrió la voz de que se trataba de un joven prodigio y lo llamaron para inaugurar la temporada 1996-1997 de La Scala.
Según el diario El País, en menos de dos décadas Juan Diego Flórez “se transformó de promesa en leyenda”. (F.F.)

Programa
Primera parte: Principe più non sei – La Cenicienta (Gioacchino Rossini) / Ouverture – La favorita (Gaetano Donizetti) / Tombe degli avi miei – Lucía de Lammermoor (Gaetano Donizetti) / Farandole – La arlesiana (Georges Bizet) / Salut, Demeure chaste et pure – Fausto (Charles Gounod / Pourquoi me réveiller – Werther (Jules Massenet) / Ouverture – Carmen (Goerges Bizet) / Au mont Ida – La bella Helena (Jaques Offenbach). Segunda parte: Mattinata – Ruggero Leoncavallo / Marechiare – Tosti Di Giacomo / L’alba separa dalla luce l’sombra – Francesco Paolo Tosti / O sole mio – Eduardo di Capua y Giovanni Capurro / El alcatraz – Abelardo Vázquez / La flor de la canela – Chabuca Granda / Ojos azules y Valicha – Miguel Ángel Hurtado / Guadalajara – José Guízar / Malagueña – Pedro Galindo / México lindo y querido – Jesús Monge / Mucho corazón – Emma Elena Valdelamar / Piel canela – Bobby Capó / Guantanamera – derechos en disputa / El yerberito moderno – Néstor Milí / Granada – Agustín Lara / Pa’ todo el año - José Alfredo Jiménez / Volver, volver - Fernando Z. Maldonado / Cielito lindo – Quirino Mendoza y Cortés / El charro mexicano - Manuel Esperón y Ernesto Cortázar / La donna è mobile – Giuseppe Verdi.




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