domingo, 4 de octubre de 2015

Everyman: La guadaña del nuevo siglo

Foto: National Theatre


National Theatre de Londres presenta: NTL / 4 y 5 de octubre, 2015 / Dos funciones / 
1:50 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional – Embajada Británica en México.

Fernando Figueroa
Everyman es el título de la obra y también el nombre del personaje que, dentro de la trama, cumple cuarenta años de edad. Es un hombre exitoso, sano, consumista, cínico y egoísta. Asiste a un antro donde sus amigos lo celebran con ríos de alcohol, mucha cocaína, música y baile sensual. A media fiesta se le aparece la Muerte y le advierte que sus días están contados, así que más vale que haga cuentas de sus buenas obras porque está a punto de vérselas con Dios.


Se trata de un drama medieval, de autor anónimo, cuyo propósito original era por completo moralista. Ya en la época moderna, se escenificó al aire libre en la Charterhouse de Londres (1901), se han hecho varias películas sobre el tema, y ahora la laureada poeta Carol Ann Duffy lo toma por su cuenta y le aporta un sesgo crítico, humor negro y buena dosis de feminismo. Baste decir que Dios (Kate Duchêne) está representado por la señora que hace el aseo antes y después del reventón.

La adaptación libre de Duffy fluye en armoniosos versos, se acopla a un espectáculo multimedia que gusta al público inglés del siglo XXI y que se proyecta a nivel mundial a través del video. Chiwetel Ejiofor —nominado al Óscar y premio BAFTA como Mejor Actor por la cinta 12 años de esclavitud— es un convincente Everyman, quien ha olvidado a sus ancianos y enfermos padres porque el hedonismo es el motor que mueve su vida; tampoco tiene amigos de verdad sino apenas compañeros de trabajo y parranda, más una que otra aventura erótica sin mayor compromiso.
Los personajes que lo rodean son la Muerte (Dermot Crowley) y una larga lista de virtudes, defectos y sentidos del cuerpo humano: Conciencia, Prudencia, Fuerza, Conocimiento, Vanidad, Sensualidad, Olfato, Tacto, Gusto, Vista, etcétera.
El montaje de Rufus Norris es tan imaginativo que el espectador casi siente los efectos de las drogas que consume el grupo de amigos. La iluminación (Paul Anderson) y la música electrónica original (William Lyons), más uno que otro cover, se mezclan para que la acción se desarrolle por momentos en una festiva cámara lenta. Sin embargo, la Muerte se encarga de darle vuelta a la tuerca, y junto con la resaca llega el ajuste de cuentas para el hombre que creía que lo más importante en la vida se vende en un lujoso mall: teléfonos inteligentes, relojes, autos, electrodomésticos, ropa fina. No es casual que la Muerte cargue una gran bolsa de compras, en vez de guadaña.
A Duffy y Norris les preocupa en especial el futuro del planeta, y por eso el infierno en la tierra está representado por docenas de bolsas plásticas de colores, llenas de basura, y un espectacular tsunami en escena que es un grito a favor de la ecología.
El Everyman de Rufus Norris es inclasificable, pero podría hablarse de una tragicomedia musical —sin que eso signifique que los actores cantan—, en la que cuenta con el estupendo trabajo coreográfico de Javier de Frutos. Michael Billington, crítico de The Guardian, aplaude el hecho de que Norris haya elegido esta obra para iniciar su mandato al frente del National Theatre de Londres. La define como “un asalto mordaz sobre el materialismo miope de la edad moderna, y un recordatorio de nuestra propia mortalidad”.

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