sábado, 24 de octubre de 2015

Barry Ivan White & The Satin Soul Orchestra: Devoción sin barreras

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Justified and Reloaded / 24 de octubre, 2015 / Función única /
2:00 hrs. de duración / Promotor: Barry Ivan White.

Rodrigo Farías Bárcenas 
Dice mucho acerca de Barry Ivan White como cantante su manera de relacionarse con el público. Tiene la intención de divertirlo en un clima de convivencia, como si estuviera en un círculo de íntimos amigos. Y llega a traspasar los límites del escenario, acercándose a sus seguidores con devoción. 


Esa capacidad para conectar estrechamente es el resultado de experiencias musicales que se remontan a su infancia. Nació en Miami, Florida, siendo hijo de un ministro de la Iglesia pentecostés. A los tres años tuvo su primera aparición en público, a los catorce ya dirigía un coro, y a los diecisiete grabó su primer disco de gospel, influyente música religiosa en el desarrollo del blues y el jazz. Ya contaba con un bagaje considerable, cuando tiempo después decide incursionar en el pop y en el soul, como cantante, productor y promotor. 

En la actualidad alterna su residencia entre Miami y Cancún. Tiene presentaciones regulares en varios países, ante públicos muy diversos, incluidos personajes importantes de la política y el mundo empresarial, en fiestas privadas, eventos culturales y corporativos. 
Según Barry Ivan White, su nombre real es también el artístico. Respecto a Barry White, uno de los principales exponentes del soul y artífice de la música disco, fallecido en 2003, ha dicho que fue su amigo, mentor y padrino artístico, pero que no hay  parentesco familiar. (El Universal, 4 de noviembre de 2011). 
Si bien el parecido físico entre ambos es notable, lo cierto es que en el marco del escenario la imagen del discípulo va más allá, remite igual a Ray Charles que a un colosal Stevie Wonder, sugiriendo síntesis y continuidad. Este fenómeno contribuye a destacar el poder de evocación del espectáculo, que comprende los años de esplendor de la música soul, de los sesenta a los setenta del siglo pasado.
La selección musical es variada, pero hay un eje articulador: en su momento las canciones fueron interpretadas por algunas de las mejores voces, a saber: Barry White, The Temptations, Ben E. King, Lou Rawls y Billy Paul; con atisbos a épocas relativamente más recientes, representadas por James Ingram o Alicia Keys. Incluso canciones ajenas al género, como  “Impossible Dream”, “What a Wonderful World”, “Sabor a mí” o “You Can Leave Your Hat On”, tienen arreglos que las aproximan al soul. La última es una composición de Randy Newman, que Gregg Jackson, de The Essence Of The Platters, interpreta como invitado a ritmo de un pesado funk. 
De los juveniles años en que Barry Ivan White trabajó con exponentes del gospel provienen las cualidades vocales que lo distinguen, como son su expresividad, calidez, potencia y flexibilidad. También en esa esa época aprendió a congregar a la gente con la música, haciéndola participar colectivamente, como suele ocurrir con ese género. Asimismo, su presencia en el escenario y capacidad para relacionarse con el público creció cuando formó parte de The Platters, de 1984 a 2004.
Esos antecedentes están puestos en juego sin reservas. Barry involucra al público con toda naturalidad. Sus recursos en este sentido se manifiestan a través del vínculo que mantiene con los músicos que lo apoyan. Se trata de la banda The Satin Soul Orchestra, que cuenta con doce elementos, originarios de Estados Unidos, Cuba y México. El cantante propicia que interactúen entre sí con entrega o dándoles espacio para que se luzcan con emocionantes solos, notablemente en el caso del violinista cubano Rolando Morejón.
Mientras, invita a cantar a la gente o a compartir el escenario; pero sobre todo convive, se mezcla bajando a las mesas para saludar de mano o tomarse fotos con las admiradoras, a quienes reparte un grueso ramo de rosas rojas mientras canta “One Hundred Ways”, cuya letra alude a ese tipo de flor. 
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Como despedida recorre la sala acompañado por hombres y mujeres que hacen fila detrás de él, simulando el recorrido de un tren, mientras canta precisamente “Love Train”, tema antibélico que propone la unidad entre las naciones, popularizado por The O’Jays en las discotecas del mundo a principios de los setenta. En el plano de la imaginación, parece que estamos en una de aquellas iglesias en las que el coro de música gospel induce al éxtasis a la congregación, sin barreras entre fieles y pastor. 

Programa 
Satin Soul / Papa Was a Rolling Stone / Impossible Dream / What a Wonderful World / Stand By Me / You’ll Never Find Another Love Like Mine / Just The Way You Are / You Can Leave Your Hat On / Me and Mrs. Jones / My Girl / Sabor a mí / If I Ain’t Got You / One Hundred Ways / Love Theme / Let the Music Play / The First, My Last, My Everything / Love Train.





Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.