viernes, 23 de octubre de 2015

Adanowsky: Muerte y transformación



23 de octubre, 2015 / Función única / 2:25 hrs. de duración / 
Promotor: Promotora Musical Los Manejadores S. de R.L. de C.V.

Gustavo Emilio Rosales
Esta noche ha fallecido Adanowsky. Su propio público se encargó de borrarlo, en un acto ritual por él mismo gestionado, con consignas precisas. “Tomen entre todos un extremo de esta cuerda que se encuentra atada a mi ombligo, mi centro de poder; contaremos en voz alta hasta veintidós —número mágico—; al finalizar la cuenta, tiren de ella, arrancando para siempre la vida de quien fui”. Veinte, veintiuno, ¡veintidós! El cantante se desplomó, sacudiendo con su peso el ambiente enrarecido por incienso, música fatal y luminarias de color morado obispo. “¡Está muerto!”, gritó un miembro de la banda. “¡Adanowsky ha desaparecido!”, aulló el sacrificado, con voz que pudo ser la de La Llorona, levantándose sin prisa pero sin pausa entre la bruma, con aire renovado... “¡Nace Adán!”.


El público, mayoritariamente articulado por jóvenes, rozó las cimas de un éxtasis que fue creciendo desde que la agrupación del otrora Adanowsky, hacia los veinte minutos de iniciado el concierto, logró llevar su cocina sonora al punto óptimo de la ecléctica fusión que la define: bodas del funk con el glam eléctrico, en amasiato con teclados propios del pop de los ochenta y texturas de la cultura indie que encontró su cauce de ventas en el mercado popular de la Internet; todo salpimentado con una pizca del carisma de los chansonniers francófonos, cuyo patriarca es el gran Charles Aznavour.

Al flamante Adán le viene de familia el ser ritualista, pero también reniega públicamente del padre y lo hace de manera tajante: propiciando la desaparición del ser cuyo nombre alude fonéticamente al apellido de su avasallante progenitor, el polímata (cineasta, novelista, psicomago, poeta, guionista de historietas, orador, mimo, actor, director de teatro y tarotista) Alejandro Jodorowsky.
Decenas de brazos se extendieron, vehementes, hacia al foro, representaciones carnales del deseo de acariciar a la recién llegada criatura, de constatar su realidad, de mostrarle plena solidaridad para con su filosofía de camaleón. Quizá no aspiraban al contacto físico, pero quienes así se entregaron encabezan las hordas que avivaron —con bailes, voces, palmadas, ojos cristalinos y saltitos en un mismo lugar— la tensión suspendida de temas ya emblemáticos de este artista francés por varios años radicado en la Ciudad de México, quien comenzó su aprendizaje de guitarra con George Harrison y recibió sus primeras lecciones de danza de la mano de James Brown; a saber: “El ídolo”, “Sexual Feeling”, “Me siento solo” y “J’aime tes genoux”, entre otros.
Los músicos que acompañaron la metamorfosis de Adanowsky hacia Adán no pudieron menos que lucir un talante afín a la personalidad extraordinaria de su líder, quien presume mil y un formas de utilizar cada milímetro de su importante talle para generar un estado peculiar de atención, susceptible de convertirse en frecuencia adictiva, por medio de figuraciones corporales que miman poses reconocibles de Marc Bolan, David Bowie, Elvis Presley, Bono, Prince y Tom Waits; y con ayuda de los entallados y rutilantes trajes confeccionados por el diseñador japonés Kyosuke Kunimoto, sastre de cabecera de Yoko Ono y Sean Lennon.
Es notoria la presencia de los coristas y bailarines afroeuropeos Jacques Daoud y Joro Adriamiadanarivo, quienes enriquecieron la dilapidación energética de Adán por medio de danzas vertiginosas, un uso de la voz cercano al virtuosismo y matices de humor que sacaron provecho de indumentaria alusiva a los años dorados del sonido Motown. Daoud —quien desde hace un lustro labra con paciente astucia una consistente trayectoria solista— ofició de maestro de ceremonias y su carisma excepcional cohesionó las vehementes participaciones del baterista Julien Boyé, el bajista Xavi Polycarpe (ambos son integrantes del conjunto francés de electropop Gush, que abrió este recital), el tecladista Romain Caillard y el prodigioso guitarrista parisino Felix Beguin.
Las estrategias fatales del hijo de Alejandro Jodorowsky y Valerie Trumblay, actor en Santa sangre y La danza de la realidad, quien en su ruta musical diera vida a los personajes de Amador, El ídolo, Ada, Adanowsky y, ahora, Adán (Adam, desde la óptica hebrea), se traducen en un entretenimiento acústico de proporciones colosales: la ilusión de un democrático sistema de sonido grato a todos los gustos, apto para casi cualquier educación sentimental; retroalimentado en los nichos de fantasía de un anhelo por rehuir paradigmas patriarcales de identidad. Música unitalla que viaja sobre los rieles de temas congruentes con el molde del vehículo en cuestión —amor, amor y más amor, salpimentado con intensidades que ponen la carne de gallina—, cuya estación en el Lunario se ha narrado en pasado porque, según se supo, Adanowsky murió aquí.


Programa
Welcome (intro) / Dancing / I Don’t Love You / J’aime tes genoux / Crossing the Line / Get Up and Fight / You Are My Lover / El ídolo / Déjame llorar / Estoy mal / Me siento solo / Sexual Feeling / Rock Me / Would Be Mine / Encore: Let’s Bring It Back.

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