martes, 22 de septiembre de 2015

Sam Smith: Los chicos buenos también lloran


Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

22 y 23 de septiembre, 2015 / Dos funciones / 1:30 hrs. de duración /
 Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
¿Qué tiene que las vuelve locas? Porque no se trata de la clase de sujeto que las agencias de modelos presumirían en anuncios espectaculares; más bien se asemeja al pretendiente que los padres de familia buscan para sus hijas; de pinta elegante, modos delicados y apariencia pulcra. Vaya, que, al parecer, el individuo en cuestión no representa peligro alguno para las féminas, pues un halo de inocencia y bondad ronda esas mejillas suyas, tan coloradas. Así que, ¿por qué las chicas reaccionan como desquiciadas ante su presencia, tal como si se tratase de un maldoso teddy boy de facha agreste?

La respuesta tiene lugar una vez que el aludido entona “Life Support”. Entonces, ese par de ojos adormilados, los tobillos desnudos y el pantalón de brincacharcos hacen juego con una canción que relata la historia de alguien que ha construido una cama para dos y que, ante la pena de no contar con quién compartir almohada, no tiene más remedio que dormir con la luz encendida. Es por eso que las fans tienen sus gargantas al borde del desgarro; su ídolo ha anunciado que está solo en el mundo y que eligió concentrar toda su tristeza en un disco, In the Lonely Hour, la obra que éstas no paran de escuchar desde que salió a la venta. “Me enamoré hace tres años y me rompieron el corazón”, explica el rubio; “afortunadamente ya no siento mis canciones tanto como antes porque ya no son mías, sino de ustedes”. Ahí la razón por la cual las pantallas de miles de teléfonos se encienden, con tal de iluminar el aciago camino del doliente. 
“Quizá no lo crean, pero regularmente soy una persona feliz”, comenta el inglés, pese a que su temario no respalda dichas palabras. Y así, solvente con su catálogo de infortunios, muestra una capacidad vocal vigorosa donde el falsete acentúa memorias y la huella de los talentos que marcaron su etapa formativa, como los de Etta James, Chaka Khan y Aretha Franklin, alcanza a filtrarse entre partituras. En ese sentido, al cantante suele formársele en la hilera de los representantes de la música soul, pero habría que reconsiderar esa acción y decir que su sello sonoro está más cerca de Amy Winehouse (incluso visita “Tears Dry on their Own”) que de Otis Redding. De este modo, con el cutis pálido, limpio de rótulos, y el cabello encopetado, lejos de rizos erizados, el londinense demuestra que el rock (“Like I Can”), el góspel (“Stay with Me”), la música disco (“Restart”) y el funk (“Together”) también le han hecho guiños y que la versatilidad podría definir su futuro discográfico.
De pronto intenta llevar a cabo una coreografía al lado de sus coristas, sin embargo, hasta ahí llega su ánimo por lucir cool. El también compositor prefiere andar pensativo, de esquina a esquina del escenario, platicando sobre esa borrachera donde tomó el teléfono para decirlo todo cuando debió permanecer callado, o analizando su visión de la música como un acto confesional donde las monedas sobran. Entre disertaciones, Sam repite una y otra vez que ésta es una de las noches más importantes de su carrera y que ama cantar porque no encuentra otro modo para mostrarse tal cual es ante los demás. 
Así que, ¿por qué los gritos no cesan ante cada uno de sus movimientos? Porque Smith desconoce de artificios y jamás escatima emoción al decirle a la audiencia que siente lo mismo que ésta cuando visita esa cama ocupada a medias. Porque para acercarse al soul no es obligatorio estrechar la mano de la maldad ni que la vida propine azotes entre el desayuno, el almuerzo y la cena; porque los chicos buenos también sufren, lloran, tienen alma. Y se trata de un alma muy grande, según se alcanza a escuchar en todo el recinto.


Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
En esta ocasión, se han eliminado las primeras filas de butacas preferentes, espacio ideal para quienes desean tener a Smith casi al alcance de la mano y no les importa estar de pie durante los noventa minutos que dura el coqueteo del artista.
La escalera al cielo
Apenas cuenta con un álbum en su haber, pero Sam Smith ya puede presumir una numerología apabullante. Millones de copias vendidas a nivel global y visitas a cada uno de los países donde su voz ha sido aplaudida (en Europa, Asia, América y Oceanía), certifican los premios que sus brazos han levantado en diversas ceremonias, como las entregas de los Grammys, los Brit Awards y los Billboard Music Awards.
Sin embargo, antes del éxito de In the Lonely Hour, Smith construyó los cimientos de su carrera al unir fuerzas con Disclosure (“Latch”) y Naughty Boy (“La la la”); colaboraciones que antecederían a la grabación del EP Nirvana en 2013 para así llamar la atención de los medios de comunicación británicos. 
Un año después de aquel EP, saldría a la venta su primer álbum, la obra que lo llevaría a extenderle regalías a Tom Petty y Jeff Lynne (gracias al tema “Stay with Me”) y ser equiparado con Adele (algunos lo calificaron como la versión masculina de la cantante) y The Beatles (hasta mayo de 2015, el disco debut de Sam estaba a seis semanas de equiparar lo hecho por el cuarteto inglés —respecto a permanencia en lo más alto de las listas de éxitos— con Please Please Me). (A.G.C.)

Programa 
Life Support / Together / Leave your Lover / Only Love / I’ve Told You Now / Nirvana / Like I Can / Restart / Tears Dry on their Own / Le Freak / Not in that Way / I Can’t Help Falling In Love / Lay Me Down / La la la / Money on my Mind / Latch / Make it to Me / Stay with Me.





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