jueves, 10 de septiembre de 2015

Riverside: En la cresta progresiva

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


10 de septiembre, 2015 / Función única / 2:55 hrs. de duración / 
Promotor: Alejandro de la Cuesta.

David Cortés
Mariusz Duda se toma un respiro en sus labores de bajista y frontman. Se mueve a su derecha, dice que allí se encuentra lo viejo y señala al guitarrista Piotr Grudzinski, quien menea la cabeza; “aquí —extiende su mano para presentar a Michal Lapaj en los teclados— está el romanticismo”; “y el chico del hardcore”, dice, mientras su mirada se dirige a Piotr Kozieradzki en la batería.


Concluida la pausa, Duda marca la intro y comienza la filigrana, una nueva acometida de Riverside, banda oriunda de Polonia que celebra sus quince años con Love Fear and the Time Machine, su sexto y reciente álbum en estudio (sin contar EP’s ni sencillos), el cual presentan hoy en un atiborrado Lunario.

Sin duda, el cuarteto es una de las agrupaciones que ha logrado insuflarle nueva vida a la vertiente progresiva y esta noche dan una potente demostración de ello. Duda es seguro en el bajo, fuerte, con mucha estamina, además de contar con una educada voz; en ocasiones parece derivar a un ritmo funky, pero de inmediato se retrae y golpea para regresar a un heavy metal revestido de hardcore. Uno de los dos Piotr, el guitarrista, tiene un tono límpido, cristalino. Está a medio camino entre los impulsos bluseros de un David Gilmour (Pink Floyd) y la expresividad de un Steve Rothery (Marillion). En los temas lentos su instrumento mina toda resistencia.
Lapaj en los teclados le sirve de soporte a Grudzinski, y al llegar el momento de sus solos no escatima notas, pero jamás se engolosina; cuando tiende una alfombra de texturas para los pasajes en los que predomina la guitarra, crea sonidos sublimes. Lo suyo no son las demostraciones de virtuosismo, sino la manera de subrayar esos encontronazos que, dirigidos por el otro Piotr en la batería, resultan en una descarga de adrenalina que durante todo el concierto desperdiga Riverside.
Equilibrio sin perder ni un ápice de energía es lo que entregan los polacos; balance en la selección de canciones que nunca pierden la intensidad, pero permiten el descanso cuando la agitación ha sido constante. Los cuatro se comunican con soltura en el escenario y abajo los asistentes reciben una andanada de metal o una estela de sonidos sinfónicos, sin llegar a lo rimbombante. Si un mérito tiene este colectivo es la capacidad para actualizar ese proceloso mar que es el rock progresivo, en donde combinan fuerza desbordada con una delicada finura que imprime mayor brillo a sus canciones, así como algunos tonos crepusculares y una densidad que parece extraída de la vena gótica. 
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
En medio de este arrebato sonoro, al final el trabajo de Riverside es hacer canciones progresivas, largas, emotivas, impactantes, entrañables, excitantes. Tan emocionantes como el concierto de hoy que cierra porque hay que irse en algún momento, aunque ambos, músicos y asistentes, saben que en el camino habrá más encuentros.

Programa
Intro / Lost (Why Should I Be Frightened by a Hat?) / Fell Like Falling / Hyperactive / Conceiving You / 02 Panic Room / Acronym Love / Reality Dream III / The Depth of Self-Delusion / Saturate Me / Egoist Hedonist / We Got Used to Us / Discard Your Fear / Escalator Shrine / The Same River / The Curtain Falls.



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