miércoles, 9 de septiembre de 2015

Iron & Wine: El arte de la rima


Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional

9 de septiembre, 2015 / Función única / 2:20 hrs. de duración /
 Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional. 

David Cortés
Sam Beam conoce el arte de la comunicación. Para ello, no necesita de camuflajes; si usa el nombre de Iron & Wine no es para esconderse, sino para expresar que entre las antípodas existen nexos, relaciones. Él aprendió el dominio de la palabra cuando era profesor de cine en la Universidad de Miami, pero sus recovecos, sus secretos, comenzó a reconocerlos al iniciarse en la escritura de canciones. 


Esta noche —que inició con el cuarteto mexicano Torres de Hanoi— es como un regreso a sus comienzos. Apenas apuntalado por su guitarra acústica, el estadounidense viene decidido a tornar el encuentro con su público en algo excepcional. Su presencia evoca presencias como las de Dave Van Ronk, Woody Guthrie y Bob Dylan; aunque sus textos son menos combativos, gusta de la buena rima y la adecuada conjugación. Con una sonrisa constante, interpela a su público, le habla en español, pero las más de las veces termina rendido ante la imposibilidad de hacerse entender y regresa a su idioma natal; juntos elaboran el listado de canciones, van de un estado de ánimo a otro, pero mantienen una comunicación fluida.

No hay espacio para florituras, para manierismos o destellos de virtuosismo; en vez de ello, Beam pulsa el instrumento de seis cuerdas y por instantes lo hace emitir un lamento; sin embargo, es su voz de donde fluye la calidez. Hace poco dijo: “No sé tocar la guitarra, todo lo hago de oído y no sé realmente qué estoy tocando, así es con todos los instrumentos que utilizo”, pero al echar mano de su voz, se advierte que ése sí es un instrumento que domeña y sabe hacerlo con economía de elementos.
Melodías sencillas, punteos básicos, voz que mueve. Beam saca a flote su experiencia de trece años en los escenarios y sus múltiples grabaciones —Sing Into My Mouth es su más reciente producción— para rematar la noche. 
 
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
Los matices de su garganta se cuelan por los intersticios, tocan las fibras sensibles de sus seguidores. Una canción aprieta una llaga, otra hiende el aire y vuela, se evapora y a ella se pegan los recuerdos. Porque si hay algo que también controla este hombre que le ha dado a la canción americana una nueva voz junto con otros de sus contemporáneos, es la empatía, el hacer temas con los que el otro se identifica fácilmente y que, al ser entonados por él en este formato tan fraternal, rompen caparazones, desatan emociones y aniquilan cualquier reticencia. Su tema “Flightlees Bird, American Mouth” formó parte de la cinta Crepúsculo y ese hecho amplió su fama. 
Iron & Wine dice adiós, pero deja a su vera un puñado de composiciones que se vuelven el soundtrack de una noche acogedora y única.





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