martes, 25 de agosto de 2015

Tercera de Forros: Juanito el recitador



Varia invención. Diálogo a partir de la obra de Juan José Arreola / Alonso Arreola, Alejandro Rosas, Mariana H (moderadora)
Salón Blanco / 25 de agosto, 2015 / 1:50 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

David Cortés
El nieto de Juan José Arreola, Alonso, hace un brindis, toma su bajo y comienza a tocar. Es una improvisación con asiento en el jazz y ecos de blues sobre la cual, luego de un par de minutos, se escucha la voz del célebre escritor. No solo es una reverberación de las cuerdas, también lo es de la memoria; una introducción al ayer, una mirada no exenta de amor, pero al mismo tiempo distanciada.
Mariana H (moderadora) invita a que esta noche de Tercera de forros sea una tertulia, porque así es “como se debe compartir la música y la literatura, como si se estuviera en casa, rodeado de amigos”. Alejandro Rosas, el historiador, habla de que es “un detrás de cámaras de Juan José Arreola”, quien “nace en el peor año del México del siglo XX, en 1918, fecha de la peor pandemia que asoló este país: la influenza española”, y afirma que “Sara (la esposa del autor) es la heroína de esta película”.
Alonso, quien junto a su hermano José María Arreola se encargó de la edición de Sara más amarás, la relación epistolar de sus abuelos, efectivamente comenta que ella “fue muy importante para soportar a ese neurótico”.
Rosas apunta el contexto, dice que el narrador fue osado en viajar a Francia cuando la Segunda Guerra Mundial aún no concluía; se apoya en un texto de Ricardo Cayuela para comentar que en Europa, “Arreola no es un intelectual, era el que recorría las calles, absorbía su esencia”. Cada comentario sirve para detonar un recuerdo, un fragmento de un cuento y cuando llega el turno de “El faro”, el bajista improvisa para que sea Mariana H la encargada de dar vida a ese puñado de líneas que califican de “brutal”.
Es imposible ajustar la charla a una linealidad y de pronto ésta se convierte en una rápida lección de la historia, principalmente literaria, de la segunda mitad del siglo pasado. Alonso recuerda el encuentro del escritor tapatío con Jorge Luis Borges, su propensión a llevar un micrófono escondido y grabar muchas conversaciones; su deseo de hablar en público, “porque mi abuelo, desde pequeño, era llamado para que en todo acto de importancia recitara o declamara. Era Juanito el recitador”. Evoca a aquellos amigos que le conoció: Antonio Alatorre, José Luis Martínez, Salvador Elizondo, Elías Nandino.
Alejandro Rosas rememora la anécdota de un José Emilio Pacheco convertido en el principal instigador de que Bestiario llegara a buen puerto y que, dice Pacheco, justificó su paso por la tierra: “Cuando entre en el infierno y los demonios me pregunten: ‘Y usted, ¿qué fue en la vida?’, podré responderles con orgullo: ‘Amanuense de Arreola’”.
Caudal de anécdotas que fluye sin contención, río que a su paso recoge y entrega fragmentos de la memoria (el ajedrez, sus paseos en motocicleta, sus extravagancias, las apariciones en televisión), esa memoria tan prodigiosa con la que fuera dotado el autor de La feria y Varia invención, entre otras obras, historia que tuvo en Sara a su heroína y a Juanito, el recitador, como protagonista.

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